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Cultura

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Error flagrante el de los Goya pasando por alto dos películas sevillanas, A puerta fría y Ali.

el 01 feb 2014 / 23:15 h.

Inma Cuesta (Premio Asecan 2012) Inma Cuesta (Premio Asecan 2012) Inmersos en época de galardones cinematográficos constatamos un año más la notoriedad de las ausencias, cuyos méritos son a menudo mayores que los de las películas consideradas. Que los Oscar hayan obviado las interpretaciones de Geoffrey Rush en La mejor oferta o de Barbara Sukowa en Hannah Arendt – Hollywood ha premiado en varias ocasiones interpretaciones en lengua no inglesa -, o los efectos visuales impactantes y originalísimos de Guerra Mundial Z, la exquisita música de Ennio Morricone para la película de Tornatore, el guión de La gran belleza – también en este apartado los americanos han sido generosos con lenguas extranjeras -, así como la película Rush de Ron Howard, es tan flagrante como que los Goyas hayan pasado por alto dos películas sevillanas que podríamos considerar por sí solas lo mejor de la cosecha española del año recién terminado, A puerta fría y Ali. La primera parece ser que habría tenido que entrar en las candidaturas del año pasado, cosa que tampoco ocurrió, aunque su carrera comercial la vivió en el 2013. Un trabajo excelente de Antonio Dechent y una de las cintas que más desasosiego han provocado en este cronista, que no puede evitar emocionarse cada vez que pasa junto al hotel de Sevilla en el que se rodó. Ali por otro lado es una comedia romántica y generacional preciosa y tierna, realizada completamente en nuestra ciudad con enorme cariño y talento, con acento neutro y huyendo de lugares comunes. Dirigida por el también sevillano Jorge Naranjo, Casting le valió a todo su joven reparto el premio de interpretación en el último Festival de Málaga, justo y merecido en esta simpática y sincera película también de corte romántico en el que varias vidas cruzadas por la prueba del título buscan el amor y la aventura. La Academia también la ha olvidado. Más suerte tuvieron Fernando Franco, director de La herida, el cantautor Fernando Arduán, autor de la canción De cerca del mar incluida en la banda sonora de la película de García Pelayo Alegrías de Cádiz, o Belén López, que da vida a la novia del padre del adolescente protagonista de 15 años y un día. Ellos sí están nominados, uniéndose a la lista de andaluces que con este reconocimiento alumbran aún más la visibilidad de un cine autonómico con entidad propia y calidad indiscutible. Manuel Martín Cuenca, director almeriense de Caníbal; Inma Cuesta, protagonista cordobesa de Tres bodas de más; o la malagueña Natalia de Molina, la jovencísima y guapísima chica de Vivir es más fácil con los ojos cerrados; sin olvidar la doble nominación del también malagueño Antonio de la Torre. Pero, ¿qué importancia le damos nosotros, los andaluces, a lo nuestro? Los medios de comunicación han ido haciéndose eco poco a poco y con muchos reparos de los premios que desde hace treinta años concede la Asociación de Escritores y Escritoras Cinematográficos Andaluces (ASECAN), cuya gala, sencilla, sincera, simpática, emotiva y natural, tuvo lugar el sábado pasado en la capital hispalense. Sin embargo se han rendido inmediatamente a la cobertura informativa de la primera edición de los Premios Feroz, creados por un grupo de críticos en Madrid a imagen y semejanza de los Globos de Oro, como los Goya lo son de los Oscar; malas imitaciones se entiende. Un espectáculo plagado de diálogos y presentaciones de auténtica vergüenza ajena, gags cómicos patéticos, falta de ritmo, ingenio y precisión y abundante mal gusto resumen una entrega de premios a la que sin embargo nuestros cineastas acudieron con sus mejores galas, entregándose a los galardones como si hubiesen logrado el Nobel. Hasta Almodóvar estaba ahí, a pesar de que precisamente la más feroz de las películas españolas del año pasado, Los amantes pasajeros, apenas acaparaba un par de nominaciones menores. La sensación en nuestros humildes premios ASECAN, que también tuvieron su época dorada, hilarante descubrimiento del mejor Paco León incluido, y tampoco entonces merecieron por parte de nuestros medios la importancia que requieren y merecen, es que no se respetan lo suficiente, salvadas las oportunas excepciones. Aquí los nuestros suelen ponerse lo primero que cogen del armario (Inma Cuesta por ejemplo hace dos años cuando triunfó La voz dormida) y algunos recogen el premio como si pasaran por ahí. No valoramos lo nuestro, y menos cuando tenemos que hacerlo en casa. Los medios y los propios protagonistas no le dan la importancia que merecen, no parecen emocionarse, y desde luego no toman nota de lo que hacen los catalanes y sus Sant Jordi, que los valoran y miman con la mayor de las atenciones. También nosotros y nosotras debemos demostrar el interés de nuestro cine, no sólo produciendo buenas películas sino vendiéndolas y difundiéndolas con la mejor imagen posible, que de eso precisamente va el cine.  

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