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"Los centros públicos de I+D no han contado con las empresas de aquí"

Ángel Cebolla Ramírez es director general de Biomedal, empresa especializada en las necesidades del celíaco que, desde Sevilla, ha hecho cambiar la legislación de Canadá.

el 14 jul 2012 / 20:20 h.

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Ángel Cebolla, director general de Biomedal.

Su pasión por la investigación no pudo con su sentido de la responsabilidad, que le hizo dar el salto del laboratorio a la empresa. Ángel Cebolla (Sevilla, 1964) reconoce la frustración que le invadía al ver cómo otros desarrollaban sus trabajos de investigación o cómo se empleaban muchos recursos públicos sin buscar una plasmación práctica.

-Déme unas pinceladas para conocer a qué se dedica Biomedal.

-Ofrecemos servicios y productos para investigación biotecnológica y biomédica, y productos para hacer análisis en el campo de la salud. Trabajamos en el ámbito de la seguridad alimentaria y enfermedades relacionadas con la inmunología y la microbiología. Los dos últimos años hemos sido la pyme española con más patentes por trabajador (seis por 24 empleados).

-¿En qué son especialistas?
-En tecnología para procesos de producción de proteínas de interés industrial, pero lo que está teniendo mayor reconocimiento es un test de detección de gluten para celíacos. En Biomedal descubrimos que hay algunas avenas que les hacen daño y otras que no. Sobre eso había estudios contradictorios. Nuestro descubrimiento llegó a cambiar la legislación de Canadá. Otro problema que tienen los celíacos es no saber si han ingerido gluten o no. Hemos desarrollado un test para saber si lo ha tomado. Con ello estamos creando una herramienta diagnóstica, que puede estar en un año en el mercado, y con la que estamos ahora en estudios clínicos con varios hospitales.

-¿Trabajan a demanda o mantienen su línea de desarrollos?
-Tenemos productos de desarrollo propio que hemos vendido a más de 40 países y contratos de servicios de I+D con grupos académicos y empresas líderes en España. Eso nos permite estar a la vanguardia de las últimas tecnologías e investigación y también asegurarnos ingresos. Somos una empresa pequeña y no podemos competir vendiendo de todo a todos los sectores, por lo que optamos por la especialización y por relacionarnos con los mejores investigadores de la Universidad de Sevilla para cooperar en I+D.

-¿Presencia exterior?
-Acabamos de abrir una oficina en EEUU porque es el mayor mercado biotecnológico mundial. Además de escaparate para nuestras tecnologías de bioproducción, es muy interesante para los test de gluten, porque allí no está tan bien controlado el etiquetado por la industria alimentaria como aquí, y también están muy interesados en desarrollar estudios clínicos. En EEUU un celíaco no diagnosticado le cuesta al sistema sanitario entre 12.000 y 18.000 dólares al año. Tenemos además distribuidores en Australia, Japón, India, y países europeos y de Latinoamérica.

-¿Qué posición ocupan Sevilla y Andalucía en el campo de la biotecnología?
-Andalucía es la tercera comunidad en empresas biotecnológicas tras Cataluña y Madrid, aunque en los dos últimos años ha sido líder en creación de nuevas empresas, aportando entre un 25% y un 28%. Sevilla, Granada y Almería son los tres focos.

-¿A qué se debe este auge?
-Hay conocimiento acumulado en las universidades con un nivel científico muy bueno. Y la Administración regional apoyó las spin off a través del Proyecto Campus de capital semilla, que ayudó a minimizar uno de los cuellos de botella habituales, porque había espíritu emprendedor sin recursos. Eso se ha solucionado en las primeras etapas de un proyecto de hasta un millón de inversión.

-¿No existe apoyo de la iniciativa privada?
-Dos empresas andaluzas, Bionaturis y Neuron Biopharma, salieron al MAB (Mercado Alternativo Bursátil) para financiarse y están dando muy buenos rendimientos. Hay poco capital riesgo para niveles de inversión altos (de 2 a 15 millones) y más para el campo de la biotecnología porque se trata de inversiones que requieren un conocimiento y especialización altos.

-El biotecnológico se considera uno de los sectores estratégicos en el cambio de modelo productivo. ¿Se está apostando realmente para que así sea?
-En Andalucía y España se da una de cal y otra de arena. Las empresas son los motores económicos, pero la mayoría de los grandes proyectos de investigación no ha contado con un desarrollo paralelo de la industria biotecnológica. Ha faltado aplicar la compra pública de tecnología innovadora que se hace en EEUU. Se han hecho demasiados centros públicos, pero de ahí no sabemos si van a salir empresas, y no se ha invertido en igual medida en tejido innovador. Sí se han fomentado, por ejemplo, las tecnologías renovables, creando leyes y propiciando un entorno, colocando a Andalucía y España en puestos de liderazgo.

-El crecimiento de las empresas no ha ido parejo entonces al de la investigación...
-Se habla de la biotecnología como sector a fomentar, pero se han creado centros públicos de investigación sin contar con las empresas que ya había y se han acometido macroproyectos sin potenciar un desarrollo empresarial paralelo que aproveche ese conocimiento y exporte tecnología. Con estas inversiones, las empresas podían haber crecido más y más rápido. El Proyecto Genoma Médico, dotado con 30 millones para encontrar las bases genéticas de algunas enfermedades raras, movilizará en Andalucía el mismo dinero que se ha destinado a capital riesgo en biotecnología en diez años. Es un ejemplo de cómo gastar el dinero para comprar tecnología externa y generar conocimiento sin conexión con el tejido regional. Se desaprovecha la oportunidad de contar con las empresas de aquí para hacer esos proyectos más baratos y generar un tejido empresarial que luego exportaría el conocimiento en forma de productos o licencias. El Plan E fue otra oportunidad en lugar de darlo a los ayuntamientos para obras, pan para hoy y hambre para mañana.

-¿Qué es lo que ha echado en falta de las administraciones?
-En vez de subvenciones, más compra de tecnología médica contando con las empresas del entorno. Nosotros venderíamos a todo el mundo el mismo producto que nos encarguen para cubrir aquí una necesidad. Me refiero a diagnósticos, kits médicos, vacunas... En materia de infraestructuras un ejemplo de éxito en este sentido es el AVE. La compra de la administración ha servido de catalizador para facilitar el camino en otros países.

-Es muy crítico con los centros públicos de investigación. ¿No son de utilidad?
-A ver. Hay que gastar dinero en investigación básica pero como no haya un sector productivo que aproveche esa tecnología están empobreciendo al Estado con más gasto público. Se está regalando la investigación a países extranjeros.

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