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Los tesoros ocultos bajo las entrañas de la Capilla Real

El subsuelo de la Catedral guarda los restos de la mezquita que cristianizó Fernando III y que ahora podrían volver a ver la luz

el 07 ago 2011 / 18:47 h.

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estaba formada por una plataforma en la que se ubicaba la imagen de la Virgen de los Reyes. A sus pies, los tres sepulcros.

Poco se sabe, salvo por algunos estudios, sobre cuáles son los secretos que atesora el subsuelo de la Catedral de Sevilla . Escritos que aseguran que sus cimientos se alzaron sobre la que fuera mezquita mayor y que posteriormente se transformó en el primer gran templo cristiano hispalense. El inicio de las obras de rehabilitación de su Capilla Real abre ahora la puerta a la esperanza de encontrar los restos del antiguo ábside gótico sobre el que Alfonso X, hijo de Fernando III, ubicó a la imagen de la Virgen de los Reyes, en la zona más oriental de un templo que fue derribado en el siglo XV para levantar el actual.

Las expectativas desprendidas de estos trabajos son muy amplias. Así lo ha manifestado la arqueóloga encargada de las obras, Georgina Aguilar, que indicó que "es una zona que no tiene relleno, por lo que prácticamente pisamos suelo musulmán". Será la primera vez que se excave la actual Capilla Real y sus responsables esperan que las catas revelen datos sobre cómo era la primitiva configuración de este espacio, que se habilitó sobre la antigua mezquita para rendir honores funerarios a la realeza.

Antonio Almagro, investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas , fue el último que realizó un amplio estudio sobre aquella mezquita que llegó a convertirse en uno de los mayores templos cristianos del momento, cuya grandiosidad aún perdura en nuestros días. Aquel era un edificio pequeño y de poca luminosidad, por ello desde el principio se consideró poco apropiado para transformarlo en la catedral que requería una ciudad emergente como Sevilla. A pesar de ello, la fuerte inversión económica y humana que requería la construcción de un nuevo templo hizo que se decidiera adaptar la mezquita a sus nuevos usos.

Pero los problemas surgieron cuando el rey Alfonso X decidió, tras un acuerdo con el Cabildo en la década de 1260, dividir el espacio en dos para la adecuación de una Capilla de los Reyes, en la que ubicar sobre un monumento de piedra de mármol los restos mortales de su padre, el rey Fernando III. Una decisión, auspiciada por las ricas donaciones realizadas por el monarca, que provocó una considerable reducción del espacio destinado para los fieles y el culto.

Se alzó de este modo la primitiva Capilla Real como un espacio configurado de forma independiente, de gran magnitud, y ubicado hacia la salida del sol, lo que le deparaba una gran luminosidad. Para su configuración, el monarca optó por dividir el espacio de la mezquita cristianizada en dos grandes zonas, tomando como límite la nave central de la antigua aljama. Una de ellas, la más occidental, se reservó para la ubicación del altar mayor, con el Santísimo Sacramento y la santa imagen de Nuestra Señora de la Sede, y el coro; la otra, de mayor espacio, fue ocupada entre grandes esplendores y boato con objeto de dar honra a los enterramientos reales.

Es precisamente en el conjunto de esta capilla donde se centrarán las nuevas investigaciones, a partir de las excavaciones realizadas. Si bien es cierto que las catas no se corresponderán con la totalidad de la superficie de la antigua mezquita, ya que cuando se tomó la decisión de derribarla, a comienzos del siglo XVI, el nuevo templo vio ampliada su extensión con la anexión de otros nuevos espacios en las actuales plazas de la Virgen de los Reyes y del Triunfo. Un hecho que motivó que la nueva Capilla Real se desplazara levemente hacia el oriente con respecto a su anterior ubicación, y que por tanto sólo pueda alcanzarse la parte más interior de esta antigua capilla, ya que la correspondiente a su entrada se supone que se encuentra sobre el subsuelo de una de las naves de la actual Catedral hispalense.

El estudio de Almagro muestra que la capilla habilitada por el monarca contaba con una especia de ábside en forma de bóveda sobre el que se alzaba una plataforma que venía a ocupar el área correspondiente a tres tramos de arcos en el espacio de cuatro naves. Sobre ella, y en otra plataforma a nivel superior, protegida por un tabernáculo con puertas, en forma de altar portátil de plata muy rico y curioso, se ubicaba la primitiva imagen de la Virgen de los Reyes, principal eje del culto que se profesaba en su interior. Teresa Laguna, historiadora del arte y documentalista de la Catedral de Sevilla, recoge en sus escritos que la idea de Alfonso X, cuando decidió habilitar este espacio, fue que el pueblo pudiera contemplar lo ostentoso de la capilla, y por ello dejó un amplio espacio a su alrededor, cercándola con rejas, para que penetrase la vista por todas partes.

Nadie duda en señalar, como indica Laguna, que la primitiva Capilla de los Reyes "fue uno de los espacios más emblemáticos, fascinantes y grandiosos de la España medieval". Alfonso X la concibió como un lugar desde el que honrar la memoria de su difunto padre, Fernando III, por ello "combinó a la perfección todos los recursos patrimoniales y artísticos disponibles". Recogen los testimonios de la época que justo a los pies de la Virgen de los Reyes se ubicaba el monumento funerario al monarca santo y los ataúdes de su mujer Beatriz de Suabia y de su hijo, Alfonso X. A la izquierda de la imagen, frente a los sepulcros, se colocaron tres monumentos con sus efigies, exornados con coronas, ricos ropajes y símbolos de poder.

La riqueza de la capilla iba mucho más allá de lo que se apreciaba a simple vista. En su ajuar se constataban trece frontales de altar "de distintas calidades y colores litúrgicos", incluso entre los más antiguos, Laguna indica la existencia de dos guadamecíes de seda morisca vieja, forrados con un lienzo azul que quizás hacía referencia a una colgadura sobre la Anunciación, datados a finales del siglo XIII. Compartiendo espacio temporal, el inventario albergaba otros "ornamentos de paño historiado" y las "capas con tejidos heráldicos". A todo ello, se sumaban piezas de metal, joyas, placas y revestimientos de plata, utilizados para el altar y la decoración de los sepulcros.

Su esplendor se apagó poco a poco cuando Juan II decidió atender las peticiones del Cabildo y ceder el espacio de la primitiva Capilla Real para que se construyera la actual Catedral de Sevilla. Corría por entonces el siglo XV, y los enseres que la ocupaban fueron trasladados a una dependencia alta del Patio de los Naranjos, en la nave del Lagarto, tal y como indica Teresa Laguna. No fue su ubicación final. Durante el periodo que duraron las obras fue necesario verificar el estado de los cuerpos ya que las condiciones medioambientales y el calor acumulado en la cámara obligaron a realizar nuevos traslados.

Aunque la seo gótica fue consagrada a principios del siglo XVI, no sería hasta bien avanzado el siglo (1579) cuando finalizaran las obras de adecuación del nuevo espacio, desplazado ligeramente hacia la Plaza Virgen de los Reyes respecto a su ubicación inicial. Ello provocó que en el año de 1543 la Virgen, los enseres, las esculturas y los sarcófagos fueran trasladados a otra dependencia del Patios de los Naranjos, concretamente a la nave de los Caballeros, orientada al norte.

Ya en el último tercio del siglo XVI -146 años después del derribo de la primitiva- las obras de adecuación de la actual Capilla Real se culminaron, dando lugar a un espacio amplio y rico en su ornamentación, donde se mantuvo el culto inicial a la imagen de la Virgen de los Reyes y los restos mortales del santo rey Fernando III. Ahora, cinco siglos después, la historia vuelve a abrir un nuevo capítulo en el que la ciudad espera descubrir cómo era el espacio que concibió Alfonso X para rendir honores a su padre.

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