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Toros

Los trabajos de El Juli

El diestro madrileño, que exhibió más raza y esfuerzo que convicción interior, cortó cuatro orejas en la segunda de Colombinas: Morante no pasó de detalles sin lote a favor y Perera se estrelló con dos imposibles garbanzos negros

el 02 ago 2014 / 23:25 h.

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Plaza de toros de La Merced Ganado: Se lidiaron seis toros de Daniel Ruiz, muy mal presentados. El anovillado primero resultó soso y noble. Muy potable el segundo; orientado el tercero; brusco el cuarto; muy alegre y bravo el quinto y manso el sexto. Matadores: Morante de la Puebla, de lobo de mar y oro, ovación en ambos. Julián López El Juli, de Macarena y oro, dos orejas y dos orejas, Miguel Ángel Perera, de yedra y oro, silencio y palmas de despedida. Incidencias: La plaza registró tres cuartos de entrada en tarde fresca y ventosa. el-juli-huelvaLa segunda de Colombinas marcaba el vértice de este abono ajustado que no ha logrado espantar el fantasma de la crisis; tampoco el hilo viciado y enredado de una extraña temporada salpicada de salvas de fuego amigo que amenaza con no dejar títere con cabeza. Y el cartel estrella reunía a tres socios de ese G-5 que venía pegando boqueadas antes de que Talavante -que tuvo el dedo flojo a la hora de la siesta- firmara su definitivo certificado de defunción en el altavoz de Twitter. Con estos mimbres, el cesto sólo se cubrió en tres cuartas partes mientras arreciaba el viento foreño. El primero, un novillote de plaza de tercera, no permitió a Morante demasiadas filigranas capoteras aunque una media de caja de membrillo nos alegró las pajarillas. Hubo limpieza en la primera serie formal de la faena pero ésta no terminó de seguir una estructura definida a pesar de estar salpicada de detalles; de un recorte aquí; de un muletazo de seda allí o allá sin dibujar un nítido hilo conductor. La explosión sólo llegó en una preciosista y reunida serie al natural en la que sí se reveló el gran Morante. No hubo más. La raspa se paró definitivamente y la espada entró a la segunda. La gente se conformó con poco. Recibió al abanto cuarto con dos largas a una mano y un mazo de verónicas de puro desgarro. Bravito en el caballo, Morante quitó al toro con nuevos lances, más expresivos y emocionantes que perfectos. El animal no quiso unirse a la fiesta en el último tercio: brusco, reservón y protestón, no era el colaborador más idóneo para las exquisiteces del diestro cigarrero que a pesar de todo hizo el esfuerzo y arrancó algunos muletazos en el mismísimo filo de la navaja. La gente lo agradeció. El segundo no mejoró la presentación del esmirriado envío manchego. El Juli se anotó buenos lances de recibo pero lo bordó por chicuelinas y, sobre todo, con un espectacular y bellísimo quite por lopecinas -de frente y a compás abierto- que abrochó con una media de otro tiempo. El trasteo fluyó por redondos primero; al natural después aunque un desarme inoportuno rompió el encanto. Volvió a la mano derecha y cuajó una gran tanda pero hubo más entrega que expresión por el lado izquierdo. El Juli andaba arreado pero también algo acelerado, con ansias de triunfar a cualquier precio, y a su labor le faltó el reposo necesario para aprovechar por completo la buena condición de su enemigo. El intenso fin de faena, en un palmo de terreno, elevó el tono y validó las dos orejas. Le quedaba el quinto, otro novillote cinqueño al que toreó con suavidad en un quite a la verónica. Comenzó la faena en los medios, apostando por el pitón izquierdo después de esquivar un extraño por el otro lado. El toro acabó rompiendo y la faena de El Juli alternó pases esforzados con muletazos de buen trazo en una faena que encontró mejor expresión cuando acortó distancias y terrenos. Fue el explosivo fin de fiesta de una labor que rubricó con otro espadazo trasero y a capón. Cerraba cartel el protagonista indiscutible de la campaña, ese Perera recrecido y apabullante que sorteó en primer lugar un bonito jabonero que no estuvo sobrado de fuerza. Amagó con rajarse y el extremeño se lo sacó a los medios comprobando sus aviesas intenciones. Colada tras colada, no le quedó más remedio que echarlo abajo con un metisaca en el sótano después de intentarlo sin resultado. Con la noche echada salió el sexto, un mulo zancón que tampoco le puso las cosas fáciles. Ni en el largo quite por Chicuelo ni en una esforzada faena de muleta cimentada en incontestable valor y quietud pero tuvo que luchar con la condición mansa de un enemigo que acabó rajado.

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