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Cultura

Luis Martín Núñez inaugura el marcador en la quinta novillada

El sevillano obtuvo el único trofeo de lo que va de temporada.

el 31 may 2010 / 07:53 h.

Plaza de la Real Maestranza.

Ganado: Se lidiaron seis novillos de El Torreón, bien aunque desigualmente presentados. Primero, segundo y cuarto fueron tan nobles como faltos de motor. El tercero se paró; el quinto fue muy deslucido y el sexto, complicado, fue siempre exigente y tuvo un fondo de importancia pese a sus problemas.

Novilleros: Martín Núñez, vuelta al ruedo y oreja.Manuel Larios, ovación y silencio. Conchi Ríos, algunas palmas y ovación.

Incidencias: La plaza registró media entrada en tarde veraniega y bochornosa.

A la quinta tuvo que ser: en la reanudación de estas novilladas domingueras después del paréntesis impuesto por las arenas y los senderos. Sólo en el quinto festejo, con una novillada de César Rincón, se pudo pasear un trofeo a manos de un novillero. El afortunado fue Luis Martín Núñez, un sevillano curtido en el oficio que ya había apuntado cositas en la plaza de la Maestranza.

Y aunque a Martín Núñez le habían faltado algunas dosis de resolución y pulso con el noble, soso y claudicante utrero que rompió plaza, mostró su mejor dimensión con el cuarto, un ejemplar de enorme calidad, no exento de clase, al que sí le faltaba el motor necesario para concretar su buena condición. El novillero sevillano supo ver sus bondades por el pitón izquierdo y acertó a quedarse siempre bien colocado para tirar de él por ese lado en muletazos tersos, largos y bien dibujados a los que sólo le faltó la fuerza que no tenía el toro. Martín llegó a encajarse con él y el público supo agradecerle su entrega y disposición entregándole una oreja que ahora debe saber rentabilizar en un duro mercado que está complicado hasta para los más grandes.

Volvía a Sevilla Manuel Larios después de su afortunado debut del pasado año. Entonces primaron las ganas y la sincera entrega del joven novillero pacense, que en esta ocasión se mostró más preocupado por la estética y el envoltorio de su labor. Y así, Larios construyó una faena compuesta en las formas pero un punto periférica al segundo de la tarde, un novillo de fondo noble que acabaría claudicando de puro flojo. Hubo más apuntes que cuadros y Larios tuvo que esperar al quinto para enjaretar un mazo de verónicas mejor dichas que hechas antes de resultar alcanzado con aparato, afortunadamente sin consecuencias. Pero ese novillo -cambiante, brusco y desconcertante- no le iba a permitir alegrías en el último tercio. Parado y reservón, no le dejó robarle ni un solo muletazo.

Tampoco tuvo suerte la murciana Conchi Ríos con el remiso tercero. Habría necesitado un mayor fondo técnico para atacarlo y tirar de él a pesar de su buena disposición y actitud. Esas mismas lagunas profesionales le llevaron a pasar un mal rato con el sexto, un utrero ofensivo, picante y complicado que también tenía un fondo de gran importancia que demandaba delante un torero más puesto y rodado. A pesar de todo, la murciana lo intentó con sinceridad y hasta se estiró en algún muletazo aislado por el lado izquierdo.

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