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Cultura

"Maiakovski compartiría el premio conmigo al cincuenta por ciento"

A Juan Bonilla no le gusta demasiado las ferias y demás actos públicos relacionados con el libro. Sin embargo, este año tiene varias citas en la FLS que le hacen centro de atención.

el 29 may 2014 / 23:00 h.

Juan Bonilla, un escritor en un momento especialmente dulce de su trayectoria. Juan Bonilla, un escritor en un momento especialmente dulce de su trayectoria. A Juan Bonilla (Jerez de la Frontera, 1966) no le gusta demasiado prodigarse en las ferias y demás actos públicos relacionados con el libro. Sin embargo, este año tiene varias citas en la FLS que le hacen centro de atención. En primer lugar, porque su última novela publicada hasta la fecha, Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral) obtuvo el I Premio Bienal Mario Vargas Llosa a la mejor novela publicada en español en los años 2012/2013, con una dotación de 100.000 dólares. Por otra parte, hoy presentará a las 14.00 horas en la Pérgola el libro El Purgatorio de Javier Salvago, donde sin duda recordarán la experiencia de ambos bajo las órdenes de Jesús Quintero. Asimismo, a las 20.00 horas, en la sala Apeadero, participará en un coloquio sobre crítica literaria organizado por el blog Estado Crítico y el Cicus. El escritor, en un momento especialmente dulce de su trayectoria y de plena madurez para su escritura, accedió a atender a El Correo de Andalucía mientras viajaba en tren desde León, donde reside actualmente, hacia Sevilla, la ciudad que le ha acogido en estos últimos años. Ha ganado 100.000 dólares con una novela sobre Maiakovski. ¿Qué diría Maiakovski si leyera esa noticia en el periódico? Depende del día, dado su incorregible narcisismo: podría pensar que el premio no es por la novela, sino por ser él el protagonista, en un buen día, o en un mal día diría que ese dinero es suyo y solo suyo, y me pondría de ejemplo al Cid y a Per Abbat, y me diría que yo solo soy un copista, a pesar de lo cual, dado su bolchevismo, lo compartiríamos al cincuenta por ciento. Dicen sus amigos que con esa dotación, no va a tener excusas para escribir ahora el novelón de su vida. Dicen sus amigos que con esa dotación, no va a tener excusas para escribir ahora el novelón de su vida. ¿Siente la presión? No siento la más mínima presión. Y si es verdad que mis amigos dicen eso, está claro que no son mis amigos. Presentará en la Feria del Libro de Sevilla un libro de memorias de Javier Salvago, donde Jesús Quintero no sale muy bien parado. ¿Usted, que también trabajó con Quintero, embellecería el retrato? Ni lo más mínimo: es de esos personajes que literariamente solo pueden potenciarse mediante la exageración, porque aunque en la realidad es ya exagerado, no es lo suficientemente exagerado para dar idea de lo exagerado que puede llegar a ser. Es como la lluvia en las películas: si tratas de filmar la lluvia natural no aparece en pantalla, son necesarias las mangueras. También participará en un encuentro sobre crítica. ¿En literatura es mejor ser juez, o parte? Tengo la quizá absurda idea de que la crítica debe ser antes que nada literatura, así que un crítico ya es en sí juez y parte. De hecho los mejores críticos en todas las lenguas fueron escritores y poetas. En España, sin ir más lejos Juan Ramón Jiménez o Andrés Trapiello. No hay gran crítico que no sea gran escritor. En un libro suyo que publicó el Cicus [Catálogo de libros excesivos, raros o peligrosos que ha dado la imprenta] defiende usted que poner a la venta los propios libros es, de algún modo, un ejercicio de crítica literaria. ¿Se gana más que escribiendo para los suplementos? Como cinco o seis veces más. Pero sólo es conveniente ejercer ese tipo de crítica brutal cuando no hay más remedio. ¿Para qué es más útil la crítica, para decirnos qué comprar, o para ahorrarnos el desembolso? Útil no sé. Fácil es más fácil la crítica negativa, al alcance de cualquiera que la entusiasta: para hablar bien de un libro y compartir un entusiasmo hay que ser muy convincente, para lo otro sólo hace falta un poco de mala leche. ¿Ha sido usted de los de hacer cola para que le dediquen un libro? ¿Con quién? Una vez de chaval, en Sevilla, hice cola para que Vargas Llosa me firmara La Ciudad y los Perros, pero perdía el tren de vuelta a Jerez y no pudo ser. También cogí el tren, a los dieciocho años, para ver a Borges y a Italo Calvino, pero no llevaba libros suyos para que me los firmaran. El morbo de los libros dedicados se me acabó cuando encontré una primera de Nine Stories [Nueve cuentos] dedicada por Salinger, y cuando Vicente Tortajada me regaló Colección Particular de Gil de Biedma, que tengo con dos dedicatorias: de Gil de Biedma a Vicente, y de Vicente a mí. ¿Y su experiencia más memorable como autor en las firmas de la Feria? No he firmado mucho. El año pasado, en Sevilla, con el Maiakovski, un señor se me acercó y me dijo que había estado en una tertulia donde comentaron un libro mío y yo le dije que no me acordaba. Me señaló un bar de Sevilla y le dije que nunca había estado allí. Me dijo que no podía ser, que sí que había estado, que acudí a la tertulia y comentamos juntos el libro. Le pregunté qué libro era. Total: me había confundido con Javier Mije. Cabe recordar que Bonilla firmará ejemplares de su obra mañana sábado, de 20.00 a 21.00 horas en Librería Céfiro, caseta nº12; y de 21.00 a 22.00 horas en Librería Reguera, caseta nº9.

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