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Nunca el Panduro fue tan apetecible

el 04 may 2012 / 11:25 h.

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El Panduro abrió sus puertas la pasada Semana Santa, por cierto en el local donde estaba Jano, pero su cortísima trayectoria no es óbice para que ya el boca oreja de la ciudad haya funcionado en el mejor sentido de la expresión, y es que los tres socios que han creado Panduro tienen una consolidada trayectoria profesional en la hostelería.

Jorge Ceballo y Moisés Vega proceden ambos de la Escuela de Hostelería del Alabardero y son los que se encargan de los fogones, Moisés es chef reconocido hace años en la ciudad, iniciador de la exitosa trayectoria del restaurante Santos del hotel EME y regentó el Doncellas 8. Pepe Alzugary pone la cara de la empresa en el salón, fue encargado del pub Mariscal y, además de ciertos lazos familiares, ya había trabajado con Moisés. Los tres lo tienen muy claro, tapas de buen tamaño, compartibles; productos tradicionales, cocina de mercado y carta breve que se renueva constantemente atendiendo a los productos de temporada.

El entorno un local moderno, simpático, con detalles: las lámparas pintadas a manos, los refranes referidos al pan en las paredes. Buena barra, mesas y mesas altas, y un par de barriles en la puerta para tomar una caña, echar un cigarrito y disfrutar de los naranjos de la calle. Y más imaginación, crear maridajes del tipo tapas y gin tonics, la imaginación al poder, y al plato, porque la cocina da sus toques creativos a materias primas reconocibles y de calidad.

La barra tiene una enfriadera para los vinos, que, por cierto, se sirven todos por copas. Nosotros rompimos el hielo con un fresco y aromático La Rosa de Raventós i Blanc, un rosado 100% donde se ve la buena factura de esa bodega. La buena copa para el vino y el buen cesto con pan y cubiertos, hacían ya presagiar que la cosa iba por buen camino. Por cierto, hogazas de un pan con olor antiguo, textura y sabor de pan pan, lo sirve Pablo Conesa, que solo trabaja, de momento, para la hostelería.

Y no pudimos empezar mejor que con unos Gambones con gazpacho de tomates asados (3,20), se cocinan los tomates y luego se hace el gazpacho, de magnífica textura y sabor intenso pero ligero, con el que casan muy bien los gambones. El cremoso verde de arroz (3,50) es ya un plato de éxito de la casa, no me extraña, sabor y equilibrio entre la crema de guisantes y espinacas que sirve de ligazón a un arroz al dente que se aromatiza con aceite de cilantro y perejil y adquiere carácter con el salteado de setas.

El Pez espada con cítricos (3,60) son dos buenos tacos del pescado con unas gustosas patatitas panaderas con una rica salsa estilo bilbaína y cebolla violeta que potencia el conjunto.
Cambiamos el vino a un tinto de La Mancha, el Mano a Mano de uva Tempranillo, sorprendentemente floral en nariz, oscuro, potente y algo astringente en la boca, para acompañar a un gran Solomillo de buey a la parrilla (4,50), Carne asturiana; en su punto, blandísima, jugosa, con sabor, muy bien acompañada de patatas panaderas y unas setas, grandísima tapa.

Tienen siempre un guiso del día en la barra, listo y caliente. No dejaremos de volver para probar la Ensaladilla Panduro (3,60), las Coronelas al limón (1,60/ud.), humor negro para el nombre de la pavía de merluza en honor de la titular de la calle, la codorniz con pisto (3,60) o la parrillada de verduras (3,20) entre otras.
Le auguro un magnífico futuro a Panduro, no se lo pierdan.

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