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Deportes

Orgullosos del Sevilla, y de Varas

Antes del encuentro el sevillismo no pedía demasiado. Al final, salió orgulloso de su equipo,  y de Javi Varas, por supuesto.

el 22 oct 2011 / 23:08 h.

Antes del encuentro el sevillismo no pedía demasiado. Con una derrota digna, en la que se viera al equipo competir, y guardando de que el lema de la camiseta, ‘Orgullosos de Andalucía’, no se convirtiera en objeto de burla nacional era más que suficiente para una hinchada acostumbrada a ver desde hace años cómo su equipo se plantaba en el césped del Camp Nou con la cara de un pavo el día de Navidad.

Transcurridos cinco minutos, el Sevilla no iba perdiendo, un objetivo aparentemente sencillo que no había sido capaz de conseguir en dos de las tres últimas visitas ligueras al coliseo blaugrana. Parece el consuelo de un equipo pequeñísimo, pero enfrente estaba el –posiblemente– mejor equipo de la historia, ese que ha convertido en hábito brindar una goleada a su afición cada quince días.

En Barcelona Marcelino García Toral se dio un espaldarazo a sí mismo y disipó las dudas surgidas hacia su trabajo en el escenario más complicado. Jugarle de tú a tú al Barça es un imposible o un suicidio, así que el asturiano revolucionó su once y mostró en el campo que el trabajo defensivo que le obsesiona desde el verano está dando sus frutos.

El Sevilla se armó y rearmó como no se recordaba, con dos líneas perfectamente formadas, multitud de ayudas en diagonales, y todo eso en el campo de batalla más cruel del mundo del fútbol. Todo ello con el mando del general Javi Varas, que se doctoró aporreando la puerta de Del Bosque con una actuación soberbia rubricada con la parada más grande jamás contada. Detener un penalti en el minuto 94, después de realizar decenas de intervenciones de mérito, y hacerlo al disparo del mejor jugador del mundo es la guinda a una actuación memorable y que le sitúa de pleno derecho entre los grandes porteros españoles.

Hay más buenas noticias. Una es que a Iturralde le queda un telediario como colegiado y su payasesco –acierte o se equivoque– arbitraje pocas veces más se cruzará con el Sevilla, que no le perdona la afrenta de Mallorca. La otra, que vienen dos partidos en casa asequibles para irse a los 22 puntos de 30 posibles. No es el momento de fallar.

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