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Riquísimo y sin ostentación

el 13 mar 2010 / 21:54 h.

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Un euro pesa 7,5 gramos. Amancio Ortega, el hombre más rico de España, tiene 136.162,5 toneladas, tantas como melocotones cosecha el campo andaluz. Un euro mide de diámetro 2,325 centímetros. Puestos en fila, los de Amancio Ortega, la novena fortuna del mundo, recorren 422.103 kilómetros, tantos como para dar 106 vueltas al litoral de la Península Ibérica. Si Amancio Ortega concentrara sus 18.155 millones de euros (al cambio actual, 25.000 millones de dólares) en Andalucía, el 12,25% de todo el Producto Interior Bruto (PIB) regional sería suyo. Y todo mil millones arriba, mil millones abajo.
Basta. Escalofríos causan los dineros en abundancia, y más si se tiene en cuenta que no están todos los que son, pues la revista estadounidense Forbes sólo contabiliza el patrimonio conocido, sobre todo bursátil, dejando al margen el personal, Hacienda lo sabrá y rastreará, a Dios le reservamos los dedos que cuenten.
Tanta opulencia y, sin embargo, dicen quienes lo conocen o dicen conocerlo -la única biografía autorizada la ha publicado la periodista Covadonga O'Shea- que es hombre austero y humilde, esa escasez de la infancia siempre presente, también el trabajo diario que, siendo aún niño, le imprimió madurez.
Nació en Busdongo de Arbas, León, un 28 de marzo de 1936. Aries, signo de energía, entusiasmo, aventura, carácter pionero y liderazgo, quienes en el horóscopo crean que lo compren, aunque para este perfil viene al pelo, se ajusta al protagonista, líneas abajo lo veremos. Hijo de un ferroviario vallisoletano con residencia leonesa, la familia de Amancio Ortega se trasladó a La Coruña. Cuando se percató de que a su madre, Doña Josefa, no le fiaban más, dejó los estudios y con 12 años el joven ‘Cholo' camisas repartió de la tienda Gala, que sería su primera escuela de moda, la segunda fue la mercería La Maja, donde conoció a su primera mujer, Rosalía Mera, y la tercera, su propio establecimiento, después empresa, GOA la bautizaron él y su tío Antonio. ¿El negocio inicial? Fabricar batas, de ésas que viste Antonia, hija de Omaíta.

Dos filosofías industriales le reportaron el éxito. Por un lado, bajo precio y calidad, la moda se democratiza. Por el otro, controlar, además de la fabricación, la distribución del género y la venta directa. El 15 de mayo de 1975 nacía la primera tienda Zara en La Coruña, ya como un concepto global de la moda, con ropa para mujer, hombre y niños, a imagen y semejanza de los grandes almacenes de confección, pero en pequeñito.
La red Zara, todo un éxito, comienza a expandirse sobre la que será una de las mayores aportaciones de Amancio Ortega a la industria textil, un modelo que resulta difícil de copiar por cuanto lleva aparejada una complicadísima estructura logística: la rotación. Dos veces en semana, modelos nuevos en los establecimientos.

A Zara se le van añadiendo cadenas. El crecimiento, imparable. Hacía falta una coordinación central, la daría la concepción del grupo Inditex en 1985, que confiere estructura vertical al negocio: todas las fases, desde la producción hasta la comercialización, están en sus manos. Tres años después se inicia la aventura exterior, Oporto, en Portugal sería la primera incursión exterior, y de ahí se extiende cual mancha de aceite, a Europa, EEUU, Asia. El segundo milenio lo arranca con 1.300 puntos de venta, 2.615 millones de euros de facturación, 262 millones de beneficios.

Un imperio y ni una sola foto en prensa. Discreto a más no poder, nada de entrevistas, se dice que ha plantado hasta al mismísimo New York Times. La primera aparecería en 1999 calcada del informe anual de la compañía, dos años antes de que colocara una cuarta parte de su capital en bolsa, aunque el núcleo central, el poder, sigue siendo de la familia. Y crecer, crecer y crecer. Zara, Pull and Bear, Massimo Dutti, Bershka, Stradivarius, Oysho, Zara Home y Uterqüe. 4.530 tiendas en 73 países, 7.759 millones en ventas y 831 millones de beneficios (datos de los nueves primeros meses de 2009) y un empresario, Amancio Ortega, con un extensísimo patrimonio inmobiliario en las principales ciudades europeas, entre ellas Sevilla, en plena Avenida de la Constitución y calle Rioja, y una amplísima y diversificadísima cartera de inversión. Todo superlativo.

Pero al margen del rico está el hombre. El que rehúye de la prensa, el que gusta en exceso la discreción, el que acude al trabajo todos los días del año, el que camina sin escolta por el paseo marítimo de La Coruña, el que no peca de ostentoso, aunque sus caprichos tiene, avión de lujo, centro hípico propio en Finisterre, colección de pintura, bodega, pazo y barco, el que, como padre, sufre la discapacidad congénita de su único hijo varón, Marcos, fruto, como Sandra, de su extinto matrimonio con Rosalía Mera, la tercera fortuna de España. Marta, nacida de su enlace en segundas nupcias con Flora Pérez, se perfila y prepara para ser su gran y riquísima heredera.

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