viernes, 19 abril 2019
00:25
, última actualización
Economía

Sanidad pública de pago

Los recortes al Estado del Bienestar dan otra vuelta de tuerca. Italia obligará a rascarse el bolsillo para acudir al médico

el 14 jul 2011 / 21:12 h.

El ministro de Economía, Giulio Tremonti, a su llegada ayer al debate para aprobar el plan de ajuste económico del Gobierno Berlusconi en el Senado.

Definitivamente, el Estado de Bienestar está en entredicho. Italia, acosada por el ataque de los mercados (la especulación), se sumó ayer a la ristra de países que acometen duros recortes sociales en una Eurozona incapaz de dar una respuesta política contundente a una crisis que está cuestionando los cimientos mismos del euro. El cisma de los socios es más patente que nunca cuando la unidad es más necesaria que nunca, y el reloj juega en contra de los estados más débiles, a saber, Grecia -a punto de irse a la quiebra, es decir, de suspender el pago en los intereses de su deuda, Irlanda -que de nuevo soporta las desconfianzas de las agencias de calificación-, Portugal, Italia y España. Pero de aquí no se salva nadie, ni siquiera Alemania.

Giulio Tremonti, ministro italiano de Economía y Finanzas, se lanzó a comparar la situación del Eurosistema con el naufragio del Titanic. Más elocuente, imposible. Del desastre no se salvaron ni las clases altas que navegaban en primera, en velada referencia a una canciller alemana, Angela Merkel, de la que depende el consenso de la UE para acudir primero al segundo rescate griego y, después, a mandar un claro mensaje de unidad que aplaque la ola especulativa de los mercados financieros. Éstos, en suma, encarecen el interés que se abona por la deuda soberana (de los países), ésta exige, pues, más recursos del Estado, y éste se ve abocado a una búsqueda de recursos, o por la vía de los ingresos (impuestos) o por la vía del recorte de gastos (los corrientes y los sociales, entre ellos pensiones y sanidad).

Dicho y hecho. Italia, junto con medidas que conocemos de sobra como congelar la paga de las pensiones, ha aprobado una polémica iniciativa de la que en España no se quiere oír ni hablar por su gran impacto popular -y electoral-: el copago sanitario.

Para que se entienda, sacar el monedero cuando se acuda al médico. Cada vez que algún político se atreve a mencionarlo, su partido lo calla para apuntarse a la tesis de que caben ahorros en otras partidas del gasto sanitario, y ahí quedan los cambios operados por la administración en la compra de medicamentos -genéricos, concursos públicos al que acuden los laboratorios para suministrar los productos más habituales, etcétera-.

Desde el próximo lunes, los italianos abonarán 10 euros por visitar al especialista y 25 euros por los servicios de urgencias que no requieran el ingreso hospitalario, dentro de un paquete de medidas de austeridad en el gasto estatal que ha propuesto el Ejecutivo de Silvio Berlusconi -gobierno, por cierto, de derechas- y que aprobó el Senado.

El callado debate que hay en España ha estribado en el riesgo de que universalizar el copago -es decir, que todos paguemos sin distinción, todos por igual- arrastre una injusticia: el desembolso continuo que tendrían que afrontar los enfermos crónicos. Eso sí, hay una generalizada percepción de que se abusa de la sanidad, de las visitas al médico y del uso de los servicios de urgencias.

Que el paciente que salga del hospital lleve bajo su brazo la factura sólo informativa de cuánto cuesta su ingreso y que el enfermo sepa realmente cuánto vale la medicina recetada que ha comprado en la farmacia son medidas adoptadas por las administraciones -por ejemplo, la Junta de Andalucía- para concienciar a la población.

Como ya han hecho no pocos países, entre ellos España, en Italia también se ha metido la tijera a los beneficios fiscales para las familias -recordaremos la eliminación del llamado cheque bebé o de los 400 euros-. Así, en aquel país se rebajará, a partir de 2013, buena parte de las deducciones, como la aplicada por nacimiento de hijo o por llevarlo a la guardería. La merma será gradual, con la posibilidad de no aplicarla en el caso de que mejoren las cuentas públicas.

El atraco al bolsillo también se da en el caso de las pensiones, tal y como ocurrió en España. Por lo pronto, Roma las congela en el caso de las máximas -en torno a 90.000 euros anuales- y, además, se les aplicará un recargo de entre el 5% y el 10% en concepto de "solidaridad". Se retrasará, asimismo las jubilaciones anticipadas para quienes hayan cumplido 40 años de cotización, en concreto en un mes en 2012, en dos en 2013, y en tres en 2014. Y también a partir de 2013 habrá un retraso escalonado de la edad de jubilación, que será de 3 meses a sumar a las edades vigentes en la actualidad: 65 años para los hombres y 60 para las mujeres.

Unas y otras medidas suponen un plan acelerado -hoy lo tendrá que aprobar la Cámara Baja- en un intento de frenar el apetito devorador de los mercados y evitar que la onda expansiva afecte también a España, donde se iniciaron los recortes sociales hace un año largo -funcionarios, pensiones, el cheque bebé, etc.-, al tiempo que aprobó una reforma laboral y otra está en trámite parlamentario (la de la negociación colectiva), a la vez que avanza en el proceso de reestructuración de su sistema financiero (en especial de las cajas de ahorros).

"Hoy en Europa hay una cita con el destino: la salvación no va a llegar desde las finanzas, sino desde la política. Pero la política no puede cometer errores porque es como con el Titanic: no se salvan ni siquiera los pasajeros de primera clase", apuntó Tremonti. Pero Europa sigue sin timón.

  • 1