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Teoría de Kane con Nebrera

Hay personas que nunca entenderán el aparente afecto que tenemos por ellas. Saben las puñetas que nos hicieron y gozan con nuestra falsa ignorancia. No nos consideran listos ni inteligentes, pero tampoco somos tan torpes. La explicación es tan sencilla como el argumento sobre el odio de Kane, el personaje de Orson Welles...

el 15 sep 2009 / 21:10 h.

Hay personas que nunca entenderán el aparente afecto que tenemos por ellas. Saben las puñetas que nos hicieron y gozan con nuestra falsa ignorancia. No nos consideran listos ni inteligentes, pero tampoco somos tan torpes. La explicación es tan sencilla como el argumento sobre el odio de Kane, el personaje de Orson Welles en la mejor película de la Historia: la víctima es quien lo practica.

Es más saludable cultivar la amistad, un sentimiento que en opinión de Bioy Casares soporta bien las privaciones. Los andaluces nos privamos de Monserrat Nebrera porque somos amigos de los catalanes, administramos con ellos la serenidad cordial y la explicamos sin ese maquillaje de las palabras que realiza ella para destacar con la simpatía de Aznar. También los respetamos cuando hablan catalán, una lengua gustosa, aunque carezca del mestizaje que da universalidad a las expresiones andaluzas. Ninguna de las restantes aportaciones a la lengua común es tan importante, ni tan apreciada en el mundo.

De repente, Nebrera desmorona por su cuenta la personalidad que imaginábamos. Acude a un debate en televisión y se muestra disgustada e incómoda porque no quiere decir lo que piensa, no sería útil para su voluntad trepadora. Podría perdonársele si fuera nuestra amiga y tuviera la inteligencia que le intuíamos, pero a continuación llega un fracaso que no es de ella, sino de quienes soñábamos con su amistad. Se aleja de la mínima sutileza y juzga a Magdalena Álvarez por el acento del lenguaje atlántico que nos comunica con Latinoamérica.

Da impresión de xenofobia y cae en deshonestidad intelectual al agredir a quienes se expresan con las formas de la buena ministra de Fomento. Quizás convenga agradecerle la ausencia de lucidez porque permite recordar ese otro tiempo en el que las nobles hablas andaluzas también fueron perseguidas. De manera distinta al catalán, pero con una fortaleza que aún acompleja indebidamente a muchos andaluces. Para quererla, aplicaremos la teoría de Kane, pero jamás debe interpretar que capitulamos ante la barbaridad que supone atacar la manera de ser y representarse de otros, sean de donde sean.

Periodista

daditrevi@hotmail.com

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