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Titanic

Los animadores de los telediarios llevan unos meses jaleándonos con la Expo de Zaragoza. Nada que no sepamos ni que no nos sea familiar. Teleférico, monorraíl, puente de tirantes, pirulí, colas y muchos tíos tocando el tambor y dando saltos...

el 15 sep 2009 / 11:05 h.

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Los animadores de los telediarios llevan unos meses jaleándonos con la Expo de Zaragoza. Nada que no sepamos ni que no nos sea familiar. Teleférico, monorraíl, puente de tirantes, pirulí, colas y muchos tíos tocando el tambor y dando saltos y, por supuesto, el día de todo el mundo, con la turné ministerial de gañote. La moderna fanfarria ferial que ha sustituido a los gorros de colacao y flan chino El Mandarín y los prospectos de toda la vida.

Hay que ser sede de algo, capital de algo, si no, uno no es nadie: los eventos que dicen ahora los expertos. Decorados de cartón piedra del turismo efímero y de impostura, solución de urgencia para ingenuos, aprendices de brujo y profesionales del evento que saben que un pirulí bien vendido lo compra cualquier cateto, a condición de que su alcalde acabe bien parado y vaya la corporación en pleno a FITUR. Si hace falta se trae uno al Titánic. No de acero sino de hormigón. De unas dimensiones de más de dos campos del Betis de largo, por más de la mitad de la Giralda de alto, puesto al lado del río: ahí queda eso. Luego vendrá otro eventista para vendernos un iceberg que llegará hasta la Torre del Oro y recreará su hundimiento. Y falta el capitán. ¿Quién será el arraez de la nave? La verdad, Mr. Marshall nos ha dejado gagá, siempre esperando a los americanos con el sombrero de ala ancha puesto. Sin embargo, atrae más la personalidad, la identidad. La gente va a Paris, Londres, Nueva York o Roma porque sus ediles y ciudadanos construyen su ciudad, la de los ciudadanos: arquitectura, patrimonio, seguridad, limpieza, transporte y tráfico ordenado, educación, profesionalidad, respeto y veto a los tunantes.

Licenciado en Derecho y Antropología

aroca.javier@gmail.com

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