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Cultura

Un banderillero y un cantaor californiano

Dos martes al mes, Badía reúne a amigos y aficionados en torno al cante y la buena mesa

el 09 feb 2011 / 21:00 h.

Un momento de la tertulia de Badía.
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El empresario Juan Badía, el de los jamones con pellizco, es un gran enamorado del flamenco y hace unos años creó su propia tertulia flamenca en Sevilla para disfrutar entre amigos, en privado, como se hacía antaño, de lo que tanto le gusta. Dos martes de cada mes y a lo largo de todo el año -salvo los meses de verano-, el empresario reúne a sus amigos y a un grupo de artistas, los invita a almorzar y a vivir lo jondo en la intimidad de la fiesta.

La mayoría de los artistas actuales han pasado ya por esta famosa tertulia en la que siempre hay un buen guiso andaluz y, cómo no, se paladea el rico jamón de la casa, aunque no se vayan a pensar que abunda. Lo bueno, si escaso, dos veces bueno, pensará el avispado empresario, al que nadie le ha regalado lo mucho que ha conseguido.

El pasado martes se anunció a bombo y platillo un singular mano a mano entre el banderillero astigitano Paco Peña y el californiano Richard Black El Quijote, afincado en Rota desde hace años. Naturalmente, el local se llenó de curiosos y aficionados que querían comprobar cómo cantaban el padre del joven artista Quico Peña -cantaor al que promociona Miguel Poveda- y un californiano de 70 años de edad que, además de tocar la guitarra al estilo de Diego del Gastor, con mucha enjundia gitana, canta por soleá y seguiriyas con un sentido musical increíble.

Tiene, además, sentido del humor, seguramente adquirido en Rota a lo largo de estos años. Antes de empezar a cantar dijo que "a ver si los flamencólogos saben el significado de mis letras". Curiosamente, canta sin intérprete que lo traduzca. No hay milagro que se le resista al jamón de pata negra. Físicamente se parece mucho al malagueño Rafael Flores El Piyayo, pero le dicen El Quijote. En su tarjeta de visita, consta lo siguiente: "Quijote. Flamenco, toque y cante, acompañamiento, excursiones flamencas, actuaciones, fiestas...". Todo un lince, aunque no de Doñana...

El menú del día consistió en entremeses de jamón y chacinas para preparar el cuerpo; después, un buen potaje con acelgas, con pringá incluida de chorizo, morcilla y carne ibérica. Naturalmente, se cató el buen tinto y el pan de la tierra, algo fundamental para dar buena cuenta de un potaje como mandan los cánones de la gastronomía andaluza.

A eso de las seis de la tarde, después del café y alguna visita a la barra libre, Andrés Luque, de Flamenco.radio, presentó con soltura a los artistas y el primero en actuar fue el banderillero Paco Peña. Acompañado a la guitarra por su paisano Antonio García, se peleó con los cantes al estilo de Agujetas, con mucho pellizco y una rústica puesta de escena. También bailó, arrancando muchos aplausos. Y, lógicamente, acabó toreando con su propia chaqueta a modo de capote, con un estilo, según los especialistas, digno de coger una cogorza.

El Quijote de California había levantado expectación. Acompañándose él mismo a la guitarra, como hacían El Planeta y Juan Breva, se templó por soleá y por momentos adivinamos sonidos gitanos de la más pura escuela. Doré y Lameyer hubieran hecho un magnífico trabajo con este espigado californiano que, para acabar su actuación, eligió unas sentidas seguiriyas jerezanas.

Como el flamenco está ya tan profesionalizado y los artistas actuales hablan más de Hacienda que de cante jondo, se apetece echar un buen rato cada dos semanas en la Tertulia Flamenca de Juan Badía, donde empresarios, artistas y aficionados dejan a un lado las formalidades para disfrutar de lo nuestro como lo hacían nuestros antepasados: en la intimidad de la fiesta.

Larga vida a Juan Badía.

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