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Un barrio que sabe cómo sudar pasión

Con bastantes más grados que un Domingo de Ramos, pero con muchas más ganas, El Porvenir se volcó con su Señora

el 14 sep 2014 / 10:00 h.

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Esta ciudad ha aprendido con el paso de los años, y sobre todo de los veranos, a quejarse con mesura del mercurio. Cuando el termómetro supera los 35 grados, con el Lorenzo en lo más alto del cielo, los lamentos están más que justificados. Sin embargo ayer, a pesar de que aguantar al sol se antojaba objetivamente insoportable, nadie dudaba en añadir tras la oportuna protesta, a golpe de abanico, resoplido al flequillo o manotazo para secarse el sudor de la frente, la misma coletilla: «pero merece la pena». No en vano,  se erigió ayer en el ejemplo claro de que esta ciudad es adicta al incienso, a las marchas procesionales, a los palios, a las bullas y a todo lo que huela a cofrade. Aunque la ocasión, como se repitió con gusto hasta la saciedad ayer en todas las calles del barrio, «mereció la pena». La espera empezó desde bastante antes de las 15.45 horas, momento previsto para la salida. Entre la multitud de fieles apostados a la puerta de la parroquia, los comentarios sobre la climatología competían con los halagos a la belleza de la imagen de Antonio Illanes y la importancia de la efemérides que se conmemoraba. No en vano, si ya de por sí tiene mérito calzarse la chaqueta en un Domingo de Ramos de radiante primavera sevillana, hacerlo a principios de septiembre, rozando la cuarentena de grados al sol, es casi una gesta, de la que salieron airosos los cientos de hermanos y vecinos del Porvenir, que arroparon a su Virgen de La Paz en la salida extraordinaria con motivo del 75 aniversario fundacional de la hermandad. El barrio se había preparado a conciencia, vistiéndose de gala. Banderolas, gallardetes, reposteros y enseñas nacionales y locales decoraban los balcones y ventanas de las calles por las que la imagen iba a procesionar, con leyendas como «Madre de Cristo», «Consoladora de los afligidos» o «Estrella de la mañana» en cada rincón del recorrido, una tarea de la que se lleva días encargando una treintena de jóvenes de La Paz, coordinados por la diputada de Caridad, Concha Rubio, con la colaboración de hermandades como la Amargura, Monte-Sión o la Estrella. Incluso una alfombra de sales de colores se preparó para recibir a la Virgen a su regreso. Los vecinos tampoco se quedaron atrás. Porque aunque se veían pantalones cortos y las tirantas, la mayoría se echó a la calle con traje y corbata y con los vestidos propios del día de estreno de la Semana Santa. Incluso mantillas blancas se vieron entre el bullicio, que acompañó a su Virgen durante todo su paseo, refrescándose únicamente al cobijo de su fe y de la sombra de algún árbol. Y es que el sol no perdonó ayer. «Pero merece la pena». Pepita López, una octogenaria vecina del Porvenir, no recuerda haber acudido a contemplar a la Señora de La Paz antes con semejante calor. Desde un palco privilegiado, sentada en una silla plegable en el jardín de la residencia de mayores Santa Gema –donde vive–, esta sevillana recuerda que prácticamente vio nacer a esta hermandad. «Toda mi vida he visto a la Virgen por el barrio. Ella me inspira, me gusta, y siempre le pido paz y salud. Espero vivir más años para seguir disfrutándola», afirma a El Correo la anciana mientras no pierde de vista la comitiva del paso, que a lo lejos se va acercando al edificio. Asomada a la barandilla espera también María Isabel, vecina del Tiro de Línea que acude diariamente a la residencia para visitar a su hermana. Ella explica que buena parte de los mayores que viven en este centro han salido a ver a la procesión extraordinaria. «Los que pueden levantarse han querido venir fuera pese al calor. Es un momento histórico y muy bonito, y vamos a pedirle a la Virgen que nos dé fuerzas. Mi hermana además ha vivido siempre muy intensamente las procesiones y la Semana Santa, así que estoy segura que cuando La Paz pase por la puerta, será un momento muy especial». Casi las cuatro y media. El paso ya abandona la calle Río de la Plata y va avanzando hacia por la calle Brasil. El termómetro sigue apretando. Los cirios que portan los hermanos en la comitiva resisten a duras penas la tentación de derretirse o prenderse. Las cuadrillas de costaleros van turnándose para hacer una parada técnica justo en el cruce, en la Abacería Santa Rosa, donde un buen número de devotos calma la sed. También en los balcones del barrio las familias amenizan y refrescan la calurosa espera con toda suerte de bebidas, mientras los niños, encamisados y con la raya bien marcada, contemplan ensimismados el desfile, preguntándose los más pequeños dónde están los nazarenos y si podrán pedir cera durante la recogida. En esta avenida abundan los chalés, y de muchos de ellos cuelgan durante todo el año carteles de venta o alquiler. Ayer, sin embargo, no era posible encontrar ni una persiana echada. Todas se levantaron y las casas volvieron a habitarse para reencontrarse con la Señora del Porvenir, 75 años después de la llegada de la hermandad al barrio. Pero no sólo de oriundos se alimenta esta salida extraordinaria. Desde Málaga viajó al Porvenir José Antonio, de 59 años, su mujer María Luisa y su hijo Antonio, un adolescente de 15 años que se confiesa tan capillita como el padre, demostrando ambos ser capaces de identificar las marchas que le tocan a la Virgen. «Me gusta muchísimo la Semana Santa. Y por supuesto, cada año vivo la de mi ciudad, por lo que nunca he podido venir a Sevilla. Cuando supe que se iba a producir esta salida extraordinaria, pensé que sería una buena manera de acercarme a las tradiciones de la capital hispalense», comenta José Antonio, hermano de la Esperanza de aquella tierra. Tras analizar el primer paso no malagueño en la calle, muestra su satisfacción, pese a lo diferentes que parecen a simple vista ambas tradiciones. «La forma de procesionar es muy similar, incluso en las salidas extraordinarias como ésta. La principal diferencia es que allí tenemos los tronos, y lo llevan al hombro el mismo grupo de hombres durante todo el recorrido, y aquí los pasos los cargan los costaleros, que se van relevando». Aunque la gran diferencia, para él, es otra. «Lo del calor es asombroso. No me explico cómo pueden. Es todo un mérito ir hoy bajo el paso», destaca. José Antonio había oído hablar de La Paz y, casualidades cofrades, recuerda que existe otra hermandad en Málaga del mismo nombre, que precisamente hoy realizará una salida extraordinaria también allí. Además, varios representantes de esta cofradía participaron ayer como representación en el cortejo. La familia costasoleña continúa su camino y se pierde entre el gentío de devotos que flanquea la comitiva y aplaude a la Virgen cada vez que es mecida al ritmo de la marcha procesional Rocío, entrando ya en la Glorieta de Covadonga. Mientras el paso se va adentrando en el Parque de María Luisa, el barrio se toma un respiro, a la espera de que con la noche regrese a su templo la Virgen de La Paz. En un chalé de la zona, engalanado para la ocasión, se encuentra María Trevijano, de 68 años de edad. No había previsto quedarse ayer en Sevilla. Lo tenía todo dispuesto para irse a pasar el día en la playa. Afortunadamente, en el último momento, cambió de planes. «Desde los años 40 he visto cada Domingo de Ramos la salida de la Virgen y, cuando me enteré de este acontecimiento extraordinario, pensé que no sería algo tan grande como la Semana Santa. Me equivoqué. Ha sido algo totalmente diferente que ha revolucionado al barrio. Nunca había visto volcarse tanto a la gente». Según relata, desde la parroquia le pidieron a los vecinos que engalanaran las calles, prestando incluso adornos a quienes carecían de ellos. «Me he alegrado mucho de haberme quedado. Para mí ha sido incluso más emotivo que un Domingo de Ramos. La Virgen parecía especial, con otro color. Espero llegar a verla en otra salida extraordinaria», desea esta sevillana, que tiene claro que, si la salud se lo permite, asistirá en 2017 a la anunciada coronación de La Paz. Para María, esta imagen es «muy especial», no sólo por la gran presencia del blanco, sino por su «sencillez y elegancia». «Verla transmite paz, y hacerlo por el Parque de María Luisa es un privilegio. Hoy lo cierto es que hace demasiada calor, pero creo que cualquiera de los que están aquí, si les preguntas, te van a decir lo mismo. No importa. Hoy se puede sudar. Pasar este calor, por verla a Ella, merece la pena».

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