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Un clásico de los 80

el 08 sep 2011 / 10:24 h.

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El hecho de que hoy por hoy el cine de terror tenga poco o nada nuevo que ofrecernos siempre ha llevado implícita una consecuencia directa: que en el pasado, el género ya nos ofreció muchas y muy buenas películas. Y aunque muchos pretendan denostarlo constantemente por ser un género menor en el que nunca se ha hecho nada más allá de asustar al respetable, hay en el cine de terror auténticas obras para el recuerdo, ya sea por su importancia capital en la historia del cine (el Nosferatu de Murnau), por ir más allá de las muchas veces encorsetadas fórmulas que han hecho viejas a las producciones de "miedo" (y ahí está ese Resplandor de Kubrick para demostrarlo) o, como es el caso de la Noche de miedo original, por ser una cinta que, con un presupuesto modesto y mucha sorna, consiguió hacerse un hueco en nuestro recuerdo.


En el remake que nos llega (que sigue más o menos el mismo esquema que el de la cinta de 1985) conoceremos a Charlie, un adolescente que parece finalmente haber alcanzado todos sus objetivos: es uno de los estudiantes más populares y sale con la chica más codiciada de todo el colegio. De hecho, se siente tan importante que ha empezado a dejar de lado a su mejor amigo. Pero las cosas se complican cuando Jerry se muda al lado de su casa. Al principio, su nuevo vecino parece genial, pero con el paso de los días, algo en su comportamiento resulta raro. Desafortunadamente, nadie parece percibir nada. Después de observar que en la casa de al lado pasan cosas extrañas, Charley llega a una conclusión: Jerry es un vampiro que se sirve del vecindario para cazar a sus presas. Ante la incredulidad de los demás, el protagonista deberá ingeniárselas para deshacerse del monstruo por sí solo.

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