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Feria de Abril

Un debate eterno y un traslado que cumple 40 años

Hace ahora cuatro décadas se inauguró la última edición de la Feria en el Prado tras un debate público de varias décadas.

el 22 abr 2012 / 19:54 h.

La vieja pasarela del Prado de San Sebastián hacía las veces de portada del recinto Ferial, hasta que se tiró en 1921.

Hace ahora cuarenta años se inauguró la que sería la última edición de la Feria de Abril en el Prado de San Sebastián. Una ubicación en la que se estableció por vez primera en 1847, con 60 casetas en todo el Real, y que después de 125 años se había quedado completamente pequeña por lo que el debate en la opinión pública y en el seno del Ayuntamiento llevaba ya más de medio siglo.

Las crónicas periodísticas de la época en las páginas de este mismo diario reflejaban que el recinto estaba sobredimensionado y que las 600 casetas -sesenta más que el año anterior- no eran suficientes para tanta demanda. A pesar de ello, el Real no se llenaba completamente de público hasta el jueves de Feria, algo muy similar a la actualidad.

Aquellos días de la Feria de 1972, en los que Marismeño desorejó a un toro de los Herederos de Carlos Núñez en la famosa corrida de los quites -con Diego Puerta y Paco Camino compartiendo cartel-, ya se denunciaba en los medios de comunicación el colapso de tráfico que se producía en torno al Prado de San Sebastián ante la avalancha de público. De hecho, una de las crónicas alertaba de que la Plaza de España era un auténtico aparcamiento gigante en superficie y que al menos, con el traslado a Los Remedios se confiaba en que el problema del coche "sólo quedará atenuado porque seguirá de por vida".

Aquel año, la delegación de Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Sevilla también se vio obligada a luchar contra el vandalismo, y tuvo que prohibir expresamente y prestar especial atención a la venta ambulante ilegal, que mayoritariamente vendía alcohol a quienes no podían disfrutar de una caseta en el Real.

Esto provocaba que las inmediaciones del parque de María Luisa se convirtieran en lo que hoy podíamos denominar como una botellona, pero que las crónicas de hace cuarenta años definieron como comidas campestres. Tras ellas, y con alguna copilla de más en el cuerpo, muchos de estos sevillanos se dedicaban a destrozar los monumentos del histórico parque, por lo que la Policía Local se esmeró en impedir la venta de alcohol fuera del recinto ferial.

En aquel año, las páginas de los diarios locales las llenaban los anuncios de la promoción del edificio Olimpia en Ciudad Jardín; del brandy Gran Duque de Alba, de Zoilo Ruiz-Mateos y de los grandes almacenes Peyré de la calle Francos, al tiempo que el debate público en la calle sobre la conveniencia o no de traslado la Feria subía de temperatura.

Para ello, el Círculo Mercantil e Industrial organizó una serie de mesas redondas en las que algunos capitulares se postularon a favor o en contra del traslado. Manuel Benítez Salvatierra abogó entonces por "no hacer las cosas a la ligera, algo habitual en esta tierra" y por no enterrar definitivamente el proyecto de Juan Talavera de la Vega que urbanizaba el Prado y ubicaba el Real en los terrenos del Cortijo Maestrescuela -actualmente la zona de la calle Espinosa y Cárcel y aledaños-. Por su parte, Manuel Grosso, exconcejal de Fiestas Mayores de la ciudad, también apostó por no hacer un traslado con carácter provisional y defendía continuar en los terrenos del Prado "a los que habría que agregarles la mayor cantidad de terreno posible hasta que sea acordado por el consistorio su emplazamiento ideal y definitivo y, además, que esté completamente terminado". En caso de que no fuera posible, Grosso abogaba por los suelos de Los Remedios como sitio idóneo, pero "siempre con un estudio previo del serio problema de los accesos y el aparcamiento y ocupando la totalidad de los terrenos propiedad del Ayuntamiento de Sevilla, así como los cedidos por el Estado".

Además de estas propuestas, Grosso también expuso públicamente una tercera vía para ubicar la Feria de Abril: "El antiguo cauce del río, siempre que se cumpla que desaparezca la estación de trenes de Plaza de Armas, también denominada como estación de Córdoba". Como podrán observar, han pasado décadas y décadas, y no hay nada nuevo bajo el sol.

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