lunes, 17 diciembre 2018
23:42
, última actualización
Deportes

Unai ve la luz entre tanto experimento

El triunfo del sábado reafirma el sistema y las variantes que ha ido perfeccionando el entrenador vasco. El triángulo Banega, Iborra y Krychowiak coge fuerza. Reyes, en el papel de líder

el 16 feb 2015 / 09:46 h.

Iborra abraza a Banega tras marcar, a pase del argentino (Foto: Manuel Gómez) Iborra abraza a Banega tras marcar, a pase del argentino (Foto: Manuel Gómez) Estaba tardando en llegar, y la prueba frente al Córdoba, quizás, no fuera la más fiable, pero las sensaciones que despierta este Sevilla son de haber encontrado el modo de jugar que mejor se adapta a las virtudes de la actual plantilla. Algo así le sucedió al equipo el pasado año. Tras arrancar mal 2014, el paso de los meses fue reafirmando una idea, parecida, aunque no igual, a la que el equipo tiene en la actualidad. A partir de aquí, al equipo sólo le toca ir creciendo. Esto no quiere decir que el Sevilla, desde que comenzase la temporada, allá por el 12 de agosto, no tuviese claro cuál era el camino que debía ir llevando el equipo. Sin embargo, se ha tardado más tiempo del esperado a la hora de encontrar cómo sustituir a Ivan Rakitic, piedra angular del anterior proyecto. Hubo unos meses que se pensaba que con juego veloz, directo y con presencia física en el centro del campo era suficiente, aunque las últimas derrotas han terminado por demostrar que no era suficiente. Precisamente, de tropiezos como los de Mestalla o el Bernabéu, Emery ha reafirmado su idea de que el Sevilla debe jugar con tres centrocampistas, uno de ellos, indiscutiblemente, Éver Banega. El conjunto de Nervión tiene otra cara, otro aire, encara los partidos desde otra perspectiva desde punto y hora que el argentino está sobre la hierba. Le pone sentido a la salida de balón y pausa cuando es necesario. Es el único mediocentro de estas características. No se parece a Rakitic –ni falta que hace–, sus virtudes son distintas y ayudan a completar el puzle del entrenador. Y aquí es donde Emery ha encontrado su fórmula. La entrada de Vicente Iborra en el equipo está ofreciendo una alternativa interesante al Banega mediapunta (no es su lugar) y al propio valenciano por detrás del delantero (tampoco es su posición). Ante el Córdoba se pudo ver cómo tanto Banega como Iborra iban intercambiando su rol en la mediapunta según la jugada. El ex del Valencia iba a la presión, mientras el ex del Levante trataba de sorprender con incorporaciones al ataque cuando era Nico Pareja el que pretendía sacar la jugada en largo. El equipo cordobés no sabía cómo defender tanto cambio de posición por el centro. Ese movimiento lo despistaba y era lo que aprovecharon los locales. La tercera pata de este triángulo es Krychowiak. Poco a poco, el polaco se va pareciendo al de principio de temporada. Es el primero en salir a detener los contragolpes del contrario. El encargado de barrer todo el polvo que generan los ataques infructuosos de sus compañeros. POR DENTRO, POR FUERA. Esta fortaleza por el interior del campo se ve aumentada con la presencia de los interiores. Sobre todo Reyes es el que se encarga, en el papel de líder de los sevillistas, de crear fútbol y buscar los espacios entre el bosque de piernas. El utrerano está de dulce. Da igual que tarde ahora un mes en volver a coger su punto óptimo de forma, lleva el juego en su cabeza. Y ahí es un punto más inteligente que el resto. Esa acumulación de gente por dentro concentra los esfuerzos de los rivales en tapar huecos cerca de su área, en la línea de tiro a portería, dejando descuidadas las bandas. Esa es la trampa que les prepara Emery, puesto que Aleix Vidal y Fernando Navarro (laterales el sábado) pisaron área cada vez que quisieron, creando las mayores situaciones de peligro. Un estilo –con jugadores, evidentemente distintos– al primer Barcelona de Guardiola: marear la perdiz por dentro y matar por fuera. Este sistema, en cambio, tiene unos riesgos asumidos por Emery. Tanto tocar por dentro, con un juego raso de pelota, tiene un elevado porcentaje de opciones de perderla y que el rival realice un buen contragolpe. Son los peajes por los que se debe pasar. Aun así, el Sevilla va encontrando un estilo en el que los jugadores se sienten cómodos y creen. Ahora toca aplicarlo el jueves.

  • 1