Columnas
Actualizado: 11 sep 2018 / 22:30 h.

Algunas de las cosas que tienen que ver con el amor están muy, muy, sobrevaloradas.

Decir que el amor es lo que mueve el mundo está muy bien. Incluso habrá quien piense que decirlo te convierte en una persona más que interesante. Es una frase de gran amabilidad. Sin embargo, es falso. Lo que mueve el mundo es el dinero, un dinero que si se acompaña de unas gotitas de venganza, resulta un motor de potencia descomunal. Sí, un asco, pero es lo que hay.

Decir (otro ejemplo) que el amor (en este caso el de pareja) nos hace mejores personas, es una afirmación bastante discutible. Todos nuestros miedos, todos nuestros fantasmas más terribles, pueden aparecer sin que podamos remediarlo para destrozar todo lo que encuentren a su paso, incluido el amor. Si confundimos lo que es el amor o no somos capaces de gestionar las intensidades o los ritmos, estamos perdidos.

Salvo el amor que genera un hijo, cualquier amor por otra persona complica la existencia de las personas y no está tan claro que sea una maravilla. ¿Cuántos amores clandestinos hemos vivido o conocido? Por que hay quien ama y no lo confiesa. Incluso puede llegar a negarlo. El miedo a no ser correspondido o a que las cosas de pareja se conviertan en una catástrofe o no poder amar en libertad, hacen que muchos se pongan de perfil y prefieran jugar al despiste. Por si acaso.

¿Por qué hago esta pequeña e imperfecta reflexión? Un café cargado en exceso. La cafeína, en algunas ocasiones, hace que me explote la cabeza y tiendo a poner todo perdido de ideas. Y esta me daba pena tirarla al envase del olvido.