sábado, 20 julio 2019
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Convivir con alguien diferente

03 jul 2019 / 08:30 h - Actualizado: 02 jul 2019 / 22:27 h.
  • Inés, la pequeña de 11 años que se ha visto obligada a dejar el campamento de verano en las instalaciones de Aldeaduero (Salamanca)
    Inés, la pequeña de 11 años que se ha visto obligada a dejar el campamento de verano en las instalaciones de Aldeaduero (Salamanca)

Tal vez, los padres que han conseguido que I. abandone el campamento de verano al que asistía, y en el que ha estado apenas unas horas, tal vez y solo tal vez, se sientan orgullosos de lo que han conseguido.

La niña sufre un retraso madurativo que no le impide hacer lo mismo que sus compañeros. Tarda algo más que ellos en entender lo que le dicen y se debe hablar más despacio si te diriges a ella. El resto es igual para ella que para los demás. La diferencia es mínima.

No sé yo si esos padres son conscientes de lo que han enseñado a sus hijos. No lo sé, pero el mensaje que se envía cuando se fuerza a una niña a dejar una convivencia por ser distinta es, cuando menos, un bochorno y produce tanta pena como alarma. Esas niñas que se han quejado por tener en la habitación una compañera distinta a ellas, seguramente, han reproducido alguna idea aprendida en casa. No conozco un solo niño capaz de pensar algo así sin estar condicionado por un adulto. ¿Qué han aprendido esas niñas? Cuando I. dejó el campamento creyeron que tenían derecho a disfrutar sin cargas y que estaban en su derecho a no compartir su diversión con alguien diferente. Menudo mensaje. No se me ocurre nada peor. Y me apena enormemente que esas crías desperdicien la oportunidad de compartir lo mejor de lo que son con otros sea cual sea su condición.

Les voy a confesar algo. Mi hermano A. era minusválido. La poliomielitis se cebó con los niños que nacieron en aquellos tiempos. Hasta 1954 no comenzaron a vacunar y mi hermano, irremediablemente, cargó con una minusvalía muy importante. Durante toda su vida supo lo que significaba ser ‘el cojo’, lo que era carecer de las mismas oportunidades, las burlas en el colegio... Más de una vez, yo mismo regresé caliente a casa por defenderle en el patio del colegio; muchos días me acostaba pensando en lo mal que lo pasaba mi hermano en un mundo hostil. Y viendo cómo sufría él me convertí en un tipo especialmente sensibilizado con ese problema. Sí, problema; el que generamos y el que encerramos en nuestras cabezas de chorlito. Somos un problema cuando no entendemos que la integración depende de todos nosotros; somos un problema si enseñamos a nuestros hijos que convivir con alguien distinto es una carga que en vacaciones no tenemos que soportar de ninguna de las maneras. Repugnan ideas como esas. De ellas llegan los supremacismos, los clasismos, la incomprensión y la falta de empatía, la falta de sentido solidario... Esas ideas son una mierda; esas ideas solos arrastran a finales tremendos como en el caso de mi hermano A.

Espero que los padres de las niñas que continúan en el campamento pasen una vergüenza enorme intentando explicar lo inexplicable. Y que rectifiquen. Sobre todo que enseñen a sus hijas que se habían equivocado y que hicieron una faena enorme a I. Y a ellas.

No hace falta decir que los responsables de la empresa organizadora del campamento se han lucido. Deberían pensar en lo que han consentido.


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