lunes, 24 septiembre 2018
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El Olivo que creía en Dios

Hace hoy justamente una semana que el olivo que caracteriza al paso de misterio del Prendimiento cayó mientras el gran barco hacía su salida desde la diminuta capilla de San Andrés

03 abr 2018 / 17:13 h - Actualizado: 04 abr 2018 / 09:28 h.
  • El Olivo que creía en Dios

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De nuevo miércoles, esta vez miércoles de nostalgia, si es que esta denominación tiene cabida en el diccionario cofradiero. Ya ha comenzado la cuenta atrás y los tópicos comienzan a hacerse eco en las vivencias colectivas. Todo pasó y el pasado se hace presente para convertirse en futuro con el paso de los días. No podría, no puede, no debe, no queremos que sea de otro modo. Es momento de hacer balance de lo vivido y comenzar de nuevo a comentar en las tertulias, las que nunca cerraron por descanso, los hechos que vuelven a repetirse año tras año, pero nunca de un mismo modo. En ello está el secreto, y parte de este secreto es la anécdota que ¿por qué no? puede tener detrás escondida una historia, una verdad que no es conocida por aquellos que narran lo que sus ojos no vieron o lo que les contaron los que a su vez bebieron de fuentes, quién sabe si fiables o no. Es evidente que esta Semana Santa que se nos fue de las manos como el agua que estas no pueden retener por mucho que se cierren, estuvo marcada por la incertidumbre metereológica y por desconcertantes acontecimientos que han sido asociados a priostías que, doy fe de ello, se afanan para que no ocurran, pues con ellos se les va el alma.

Hace hoy justamente una semana que el olivo que caracteriza al paso de misterio del Prendimiento cayó mientras el gran barco hacía su salida desde la diminuta capilla de San Andrés. Este que les habla guardaba silencio bajo el antifaz negro que, como a todos mis hermanos, nos protegió del dolor que nos provocó la noticia e incluso la visión de los hechos y, lejos de sentir congoja o vergüenza, nos sentimos orgullosos de que los hechos tuvieran lugar justo en el momento en el que nadie pudiese ser herido. A pesar de las circunstancias, la hermandad se recompuso (hecho no despreciable dadas las circunstancias) y gracias a ello se vivieron momentos, se vieron imágenes hasta entonces inéditas pues el misterio fue concebido para que un olivo diese cobijo a los apóstoles que se sitúan en la trasera del paso. Judas se arrepiente en un rincón lejano mientras que Pedro y Juan apartan las ramas para asistir, atónitos, a la escena que Jesús les había previamente anunciado. Todavía no han comenzado a correr. La Historia nos dice que pronto lo harán pero no sería el este Miércoles Santo ya que sin olivo desapareció Getsemaní, y con ello Jesús no fue prendido sino que, mostrando su Soberano Poder, solo ante sus captores volvió a darles una lección. Jesús es rey y no necesita la sombra de un olivo para esconderse sino que se muestra tal como es y da un paso adelante para ofrecerse a quienes acuden a prenderle. En cambio, los soldados romanos, anacrónica sustitución de la Guardia Judía, tienen que protegerse los ojos con el brillo de las potencias que son las que de verdad delatan al Hijo de Dios. La noche se hizo día y el Mesías se mostraba por primera vez como el Cordero que no sería degollado. Los sayones, cargando con antorchas y sogas no salían de su asombro pues no esperaban que aquel hombre que sería traicionado con un beso no se encontrase donde les habían citado. La confusión se hizo dueña de la escena y los captores tuvieron que seguir avanzando hasta perderse en el huerto, quién sabe si muy lejos de San Andrés.

Amigo lector, el miércoles pasado Jesús tuvo la oportunidad de librarse de ese prendimiento y la culpa de ello la tuvo un olivo que un hermano dona, un olivo que nace en la provincia de Sevilla, en concreto en Sanlúcar la Mayor. ¿De verdad cree que se puede prender al mismísimo Cristo en el Aljarafe sevillano? Ya le adelanto yo que NO. Ese olivo fue una prueba más de Salvación. Como ser vivo, amaba a Aquel que rezó a sus pies y sudó sangre aferrado a su tronco, Aquel que, tentado por Satanás, pisó la serpiente de la tentación, Aquel que, aun estando preparado para que diese comienzo la Pasión, se negó, aunque solo fuese un único año a que se llevasen a su ser más querido a costa de su propio sacrificio aun sabiendo que todas las burlas lo tendrían como objetivo. A los pies de Jesús cayeron aceitunas con las que el grupo se estuvo alimentando esperando que la comitiva armada volviera y se consumase ese Prendimiento que tendrá lugar en el mismo sitio y a la misma hora pero un año más tarde. Gracias a ese olivo, Jesús tendrá tiempo de sobras para preparar los cimientos de su Iglesia pues no dio tiempo en la Cena a ser más explícito.

Esperemos todos a que el año que viene se vuelva a obrar el milagro. Es muy difícil que el olivo, sevillano como el que más, vuelva a hacer de las suyas, pero los que puedan acudir a la salida de paso de misterio deben fijarse cómo muchas ramas caerán al suelo como signo de protesta. Los priostes no serán objeto de burlas inmerecidas y serán bendecidos cuando en la desarmá prueben esas aceitunas que han caído sobre el canasto: ellos serán los únicos que participen de la comida que su Señor compartió con sus discípulos amados, un privilegio al que no tendrán acceso aquellos que se mofaron de los acontecimientos acaecidos hace una semana, aquellos que, desconociendo los fundamentos del milagro, quisieron resumir la resistencia de un sencillo olivo a contribuir con un plan bien organizado aunque difícil de digerir...

¿Se sacrificaría usted para que no tuviera lugar el Prendimiento del Hijo de Dios?


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