lunes, 18 marzo 2019
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El tiempo detenido

14 may 2016 / 01:04 h - Actualizado: 14 may 2016 / 01:06 h.

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En el mapa de azoteas de Sevilla, son los pájaros los encargados de delimitarla con su vuelo, posándose a su antojo entre campanarios y torres. Adentrémonos por la calle Feria, aorta del circuito pasional de una Sevilla algarábica y sigamos el camino que nos marcan sus viejos adoquines en dirección a Gerona, una calle que tiene más de mora que de catalana, aunque ella no lo sepa. Por ella nuestro corazón se encoge al mismo tiempo que lo hacen la estrechez de sus aceras, antes de que desemboque en la plenitud del delta del Rinconcillo, Claveles, Terceros y Sol. Abramos las ventanas de nuestros ojos a la puerta por donde para muchos se asoma la Semana Santa cada Jueves Santo, coronada por la imagen que desde 1724 preside la linterna que enmarca la imagen de esa Sevilla detenida en el tiempo. La acompañan una torre que nunca dejó de ser el alminar de la antigua mezquita, para constancia de la multiculturalidad de esta ciudad y que dialoga con la palmera huérfana, las tejas y la puerta gótica que nos recuerda que Sevilla tuvo su Alhóndiga, un antiguo juzgado lleno de gatos ilustres y una defensa invencible formada por tanques de Duralex llenos de cerveza del Tremendo. Ese diálogo silente lo completan la cruz de forja, la santa que mira al cielo con su platillo y los pasos de los sevillanos que, por fin, recuperaremos el latido en el corazón que ocurría cada vez que nos adentrábamos en Santa Catalina. Será a finales del próximo año, y ya no serán los pájaros los únicos en disfrutarla, tras tantos años de total desidia, ni la nostalgia del tiempo detenido.


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