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Pasa la vida

El váter de Bill Gates huele de maravilla

09 nov 2018 / 08:15 h - Actualizado: 09 nov 2018 / 08:18 h.

Empezó desde un garaje a cambiar el mundo y ahora lo va a mejorar aún más desde el váter. Bill Gates es el gran mito vivo de la sociedad digital (el otro póster es Steve Jobs que estás en los cielos) porque su liderazgo con Microsoft fue tan abrumador que el sistema operativo Windows dominó la globalización de la informática. Si excepcional fue su trayectoria durante 30 años como tecnólogo y empresario, también lo es su segunda gran etapa como filántropo en pos de resolver problemas de gigantesca repercusión.

Tiene muchísimo mérito ser hijo de familia acomodada, placearse como estudiante en la exquisitez de la Universidad de Harvard, amasar una colosal fortuna, ser adulado hasta el infinito y más allá, y, cuando se consolida como uno de los dos magnates más ricos del planeta dinero (solo le atribuyen mayores cifras al mexicano Carlos Slim), crea una fundación cuyo mayor hito de innovación es un inodoro. Tan en las antípodas se siente Gates del arquetipo de multimillonario, trufado de ostentación, que él mismo da a conocer en vídeo su prototipo de váter sentado en él en un núcleo chabolista. Y lo presenta mundialmente en un rutilante centro de convenciones de Pekín teniendo en el estrado, junto al micrófono, un tarro de cristal con heces humanas. No cabe mayor realismo para abonar el mensaje de que la utopía pendiente está más en la tierra de la miseria que en la nube de internet.

Desde su fundación, Gates ha destinado más de 200 millones de dólares para investigación y desarrollo de un modelo de inodoro tan avanzado que funcione en cualquier lugar donde no haya conexión a redes de abastecimiento de agua o a sistemas de alcantarillado. Capaz de reciclar los excrementos sin necesidad de disponer de agua, capaz de convertirlos en fertilizantes en lugar de ser materia de infecciones. Porque 2.500 millones de seres humanos, un 35% de toda la población mundial, ya necesitaría disponer a diario de retretes donde defecar sea saludable, en lugar de estar abocados a la falta de higiene que propaga enfermedades infecciosas y causa cada año la muerte de más de 500.000 niños de corta edad. Gates ha prometido que va a aportar otros 200 millones de dólares para culminar la sofisticada simplificación del prototipo, que ya se está probando en Suráfrica. Esa cantidad de dinero es la que gastado en el fichaje de Neymar para el Paris Saint-Germain el fondo de inversores de Qatar que controla dicho club de fútbol.

El váter de Bill Gates huele de maravilla. No solo afronta el reto de universalizar el saneamiento e incrementar la esperanza de vida, una desigualdad muchísimo más grave que la brecha digital. También marcará una nueva etapa en la economía de la salud y del medio ambiente. Y, hablando en plata, queda dispensado su mecenas de cualquier prejuicio escatológico para conversar sobre la caca fuera del cuarto de baño. Es probable que en la Historia se le recuerde más por los retretes que por el Office.


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