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Hasta las narices del independentismo y de don Tancredo

¿Se imaginan ustedes al señor Puigdemont intentando vender un producto distinto al que solicita el cliente y tratando de colocárselo por narices? ¿Se imaginan a Rajoy escuchando
al cliente sin mover una ceja y sin levantarse para acercar el producto solicitado?

19 oct 2017 / 23:00 h - Actualizado: 19 oct 2017 / 23:07 h.
  • Hasta las narices del independentismo y de don Tancredo

Creo yo que, mientras éramos novios, escribí menos cartas a la que es ahora mi mujer, que las que Rajoy y Puigdemont se han cruzado durante las últimas semanas. Y creo que tenía yo más cosas que contar a mi novia que las que se han dicho estos señores. Tanta carta y tantas horas de debates parlamentarios, tanta angustia y tantos nervios para llegar hasta una meta a la que nadie quería llegar.

Ni el señor Rajoy ni el señor Puigdemont tendrían hueco en una empresa con una exigencia mínima en el rigor profesional y logro de objetivos de sus empleados. ¿Se imaginan ustedes al señor Puigdemont intentando vender un producto distinto al que solicita el cliente y tratando de colocárselo por narices? ¿Se imaginan a Rajoy escuchando al cliente sin mover una ceja y sin levantarse para acercar el producto solicitado? En fin, alguien con este perfil es despedido de las empresas más antes que después. Por idiota (idiota es el que, entre cosas, molesta a alguien con lo que hace o con lo que dice).

Francamente, estoy harto. ¿Por qué no ha aplicado ya el presidente Rajoy el dichoso artículo 155? Si estos tipos del frente soberanista que se hacen llamar políticos son, realmente, un grupo de delincuentes, lo que hay que hacer es encarcelar del primero al último.

¿Es consciente Puigdemont de lo ridículo que resulta ver cómo se esconde detrás de la sintaxis y la semántica para evitar tener que asumir las responsabilidades de las que debería presumir si tuviera un mínimo de valor y de vergüenza? Señor Puigdemont si usted toma una decisión debe cargar con las consecuencias. Otra cosa distinta a esa dibuja una cobardía indigna de alguien que quiere representar a miles de personas.

¿Por qué tenemos miedo a que se aplique el artículo 155 sin saber, ni siquiera, en qué consiste? ¿Acaso no estamos asistiendo a un golpe a la democracia? A un golpista se le encarcela de inmediato. Si hay un solo español que me pueda explicar que esto no es un golpe al Estado de derecho, al orden constitucional y a un par de docenas más de cosas fundamentales para las libertades de los españoles, si esto no es pisotear los derechos de los que no piensan como los independentistas, si esto no es algo que puede derivar en un conflicto violento y de consecuencias inimaginables, que venga y me lo cuente. No hay razón para temer, en principio, la aplicación de la ley. Lo que es miedoso es que un loco ande suelto mientras dice estar haciendo política, mientras vende un festival de luz y de color llamado independencia que es, en realidad, una bomba de relojería.

Es cierto que todos debemos estar unidos alrededor del Gobierno de España. Miren, jamás he votado al Partido Popular y no me gusta la forma de entender la política de sus miembros. No. Pero este es nuestro Gobierno y ante un ataque a las instituciones hay que mantenerse firmes al lado del que está al frente. Pero, señor Rajoy, espero que los españoles dejen de ser unos sociópatas cuando votan (sociópata es la persona que no muestra empatía por otros ni remordimientos por sus acciones; es decir, un votante que no es capaz de pensar un poquito lo que significa su voto, sólo un poquito; o el que sabiendo que un partido político ha tenido entre sus filas a los más corruptos insiste en su apoyo incondicional; o el que deja de recordar el daño que produce un gobierno concreto; el que vota sin pensar en el bien común, vaya), espero que las urnas dejen claro que los españoles podemos unirnos para salir adelante, pero sabemos discernir entre lo bueno y lo malo, entre lo que está bien gestionado y lo que no lo está.

Puigdemont ha llevado hasta las puertas de la ruina a los catalanes. Y esto que digo no es un eufemismo. Rajoy ha dejado que Puigdemont haya llegado demasiado lejos. Tampoco es un eufemismo. Y todos los Gobiernos desde hace cuarenta años han consentido mucho a unos pocos para que fueran dejando tranquilos a la mayoría. El resultado es que se ha criado un monstruo difícil de controlar.

No tengo ninguna esperanza puesta en que esto acabe bien. Sólo estoy preocupado. Si al frente de las partes se encontrasen políticos solventes la cosa sería hasta divertida. Con lo que tenemos, la cosa resulta penosa. La clave estará en cómo gestionar las calles de las ciudades catalanas. Si se mantiene la calma, puede que salgamos de esta con cierta facilidad. Pero me temo que tendremos todo lo contrario. Son demasiados días de tensión como para que ahora esto quede en nada. Espero equivocarme, pero todo se complicará. Sólo queda rogar a cualquiera de los dioses conocidos y por conocer que los políticos hagan política. Ya sé que eso es un acto de fe que parece imposible. Pero es que estoy harto y en estas circunstancias tiendo a evadirme en mundos de fantasía.

Por cierto, ¿recuerdan que en España seguimos padeciendo una tasa de desempleo escandalosa? ¿Alguien cree que la sanidad española o la enseñanza pública ha mejorado en estos últimos días porque no se ha hablado de ellas? No planteo más preguntas ya que, a este paso, ni los mundos de fantasía me van a servir de refugio.


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