domingo, 16 diciembre 2018
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Homenaje al tesón del mecenas Bellver

Mariano Bellver y su esposa, Dolores Mejías, han reforzado la oferta cultural de la ciudad donando al Ayuntamiento el mejor legado de pintura romántica o costumbrista de los siglos XIX y XX sobre Sevilla y Andalucía

12 oct 2018 / 09:01 h - Actualizado: 12 oct 2018 / 14:29 h.
  • El coleccionista Mariano Bellver y su esposa Dolores Mejías (centro) escoltados por el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el delegado de Hábitat Urbano, Turismo y Cultura, Antonio Muñoz. / Jesús Barrera
    El coleccionista Mariano Bellver y su esposa Dolores Mejías (centro) escoltados por el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el delegado de Hábitat Urbano, Turismo y Cultura, Antonio Muñoz. / Jesús Barrera

Con 77 años de edad decidió donar a Sevilla su formidable colección de arte para que se expusiera como patrimonio público. A sus 92 años de edad, ha conseguido ver materializado su mecenazgo. A Mariano Bellver, y a su esposa, Dolores Mejías, no solo hay que felicitarles por su voluntad de reforzar la oferta cultural de la ciudad donando al Ayuntamiento el mejor legado de pintura romántica o costumbrista de los siglos XIX y XX sobre Sevilla y Andalucía. Sobre todo hay que colmarles de parabienes por su longevidad para sobrevivir a 15 años de espera y poder vivir para inaugurarlo y contarlo, con la colección ya expuesta. Es la mayor proeza. Han resistido a la exasperante lentitud que acompasa el ritmo de la Sevilla institucional en la toma de decisiones, en la gestión y en la ejecución de los proyectos. La palabra meses significa años. Cuando se dice lustro equivale a más de un decenio. Y la promesa para una década se traduce a lo sumo como ya te veré dentro de un cuarto de siglo.

El propietario del colegio concertado San Juan Bosco creía que lo más difícil era convencer a sus familiares y legítimos herederos. Bellver iba convirtiendo su hogar en la Plaza del Museo en una casa repleta de centenares de cuadros y esculturas, y multitud de objetos de artes decorativas (sobre todo muebles, cerámicas, relojes y belenes seculares). De buenas a primeras sus allegados no podían imaginar tamaña donación a la ciudad, representada por su Ayuntamiento. Ni que un día los camiones de las empresas expertas en el traslado de obras de arte iban a trasladar la mayor y mejor parte de esa colección a una casa museo de titularidad municipal donde exponerla como bien común. Pero la madre de todas las complicaciones no residía de puertas adentro, sino en los despachos, pasillos y oficinas de los estamentos políticos o burocráticos. Donde no están acostumbrados a ser tan ágiles como un mecenas, cuya donación la asumen como un problema. Como un marrón, aunque lo pintara Gonzalo Bilbao.

Al tercer alcalde ha sido la vencida. Espadas ha acelerado la resolución de lo que se había convertido ya en otro caso de promesa frustrada, tras las dilaciones y bandazos durante los mandatos de Monteseirín y Zoido. El matrimonio Bellver-Mejías ha sufrido el virus de las parálisis sevillanas, que igual contagia a la construcción del Metro, a la ampliación del Museo de Bellas Artes, a la reapertura de las Atarazanas, y a una lista de asuntos pendientes más larga que la cola del Primark en su jornada inaugural. Pero no todo funciona a paso lentísimo en la Sevilla estamental. Si la donación hubiera tenido los ribetes mediáticos de los apellidos nobiliarios (Casa de Alba...) o de los apellidos de consortes (viuda de Thyssen...), tanto en el Ayuntamiento como en determinados ámbitos institucionales y sociales se hubieran dado mucho más prisa en tramitarlo y apoyarlo. Todos los ciudadanos no somos iguales ante la ley cuando el baremo es la pleitesía al famoso.


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