martes, 14 agosto 2018
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, última actualización

‘Influencers’

11 ago 2018 / 22:24 h - Actualizado: 11 ago 2018 / 22:28 h.

Influenciadores. Qué palabra más desagradable. Qué connotaciones más inquietantes. Sin embargo todos somos influenciados en mayor o menor medida por multitud de circunstancias, vivencias y, como en este caso, personas que pasan por nuestra vida. La RAE, en su línea de prietas las filas contra los neologismos, no recoge la palabra influencer aunque esté en boca de todos y es más cool que lo que vendría a ser en español, algo así como influenciador (que por cierto tampoco está registrada en el diccionario). Será cuestión de tenerla en cuenta para la próxima revisión, porque los influencers ya mismo van a tener hasta título universitario.

Un influencer, según la definición no académica pero extendida en los círculos del marketing empresarial, es una persona a quien se atribuye credibilidad en relación con un tema concreto y que por su presencia y predicamento en las redes sociales se convierte en un instrumento interesante para las marcas como imagen de las mismas. Un influencer no es sólo una niña mona, con gusto y personalidad, a quien millones de otras niñas siguen por las redes sociales para copiarle los estilismos. No nos engañemos. Esta chica no va tan mona siempre con cualquier cosa, sino con ropa, cosméticos, accesorios y perfumes prescritos por las marcas que son las que le pagan. Bastante bien, por cierto.

Y no estamos hablando únicamente de moda. Hay influencers en todos los ámbitos de la vida: desde los que prescriben restaurantes, hoteles, viajes, cocina y gastronomía, hasta los probadores de videojuegos, pasando por los que dan consejos sobre educación, salud, vida sana y ejercicio físico. Todo lo que se les ocurra puede ser promovido, fomentado e influenciado a través de la red.

Llegados a este punto, queda claro que el de influencer es un trabajo como otro cualquiera, con sus reglas y competencias, su remuneración y hasta sus enfermedades profesionales. De ahí que no resulte nada extraño que la Universidad Autónoma de Madrid haya puesto en marcha por primera vez un curso para la formación de influencers profesionales, que impartirá materias sobre economía, negocios, comunicación y psicología. Igualmente se abordarán las consecuencias negativas de vivir una vida pública, para lograr que los estudiantes aprendan a gestionar el estrés, las presiones y las críticas que derivan de estas circunstancias consustanciales al trabajo de los influencers. Pero lo fundamental de este curso es la toma de conciencia por parte de los docentes de que el fenómeno de los influencers, que surgió espontáneamente a consecuencia del auge de las redes sociales, ha convertido a estas personas en líderes de opinión y les ha otorgado mucho poder, lo cual representa un grave peligro sin la responsabilidad y la preparación correcta para manejarlo.

Así que, del mismo modo que más pronto que tarde veremos como natural la enseñanza de la profesión de influencer, resulta perentorio introducir en las escuelas espacios o asignaturas que enseñen a los niños a diferenciar lo que representa un modelo de vida, un ejemplo a seguir, de lo que es simplemente una elaborada estrategia comercial para incitarlos al consumo. Repito: se trata de una decisión inaplazable, porque muchos jóvenes y adolescentes de hoy tienen como ídolos a estos influencers en lugar de admirar a personas que representan valores o actitudes dignos de ser emulados. La escuela debería proporcionarles una mínima formación crítica que los ayude a diferenciar claramente entre lo que es un modelo a seguir y uno de estos vendedores de última generación. Luego ya cada uno que siga los pasos que quiera


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