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Madres, mujeres e indignadas

Esta tribuna desea ser un homenaje a las madres en el domingo 6 de mayo, dedicado a ellas. Quisiéramos que cuando se festeja un día de algo sea una fiesta y no una reivindicación

05 may 2018 / 18:59 h - Actualizado: 05 may 2018 / 20:19 h.
  • Madres, mujeres e indignadas

Esta tribuna desea ser un homenaje a las madres en el domingo 6 de mayo, dedicado a ellas. Quisiéramos que cuando se festeja un día de algo sea una fiesta y no una reivindicación. Este año el Día de la Madre se viste de protesta, las mujeres, las madres están en la calle desde el 8 de marzo.

La madre es la esencia de la familia en su modelo más generalizado. La madre es una mujer que vive en el ecosistema humano, rural o urbano, en un grupo que denominamos familia, con una matriz ambiental determinada, que incluye aspectos ecológicos, de salud, económicos, sociales y afectivos. La evolución humana debe tender a la eusocialidad, que implica una división altruista del trabajo con formación de grupos que son solidarios y se mezclan libremente en condiciones de igualdad de beneficios (La conquista de la Tierra, E.W. Wilson, 2015, DeBolsillo).

El grupo y dentro del grupo, la familia, ha sido esencial en la evolución humana. Pero la evolución social se ha desajustado, en el mundo en general, hay diferencias y en particular en las ciudades también. Unas personas sufren más que otras. Y las mujeres y las madres sufren más. En el mundo capitalista y con una globalización equívoca y mal enfocada, con graves daños medioambientales y sociales, las mujeres tienen más probabilidad de ser pobres que los hombres, es decir, el 58% de los seres humanos que viven en situación de pobreza son mujeres (Sociología, Anthony Giddens y Philipo W. Sutton, Alianza Editorial, 2014).

Cuando hay guerras, como la cruenta e injusta guerra de Siria, las mujeres son las que más sufren, las madres ven morir a sus hijos. Resulta desgarrador ver las colas de inmigrantes descartados por Europa, con madres viendo la ausencia de futuro, cuando no la muerte de sus hijos. Ninguna madre debería ver morir a sus hijos. Acongoja ver las madres con sus hijos de muy temprana edad en pateras muriendo en el mar Mediterráneo.

Estos días vivimos en España un acontecimiento relevante, la desaparición definitiva de ETA. Pero ¿quién puede redimir el sufrimiento de toda las madres que vieron morir a su hijos asesinados? ¿Por qué los tres hijos de Alberto Jiménez-Becerril y Ascensión García Ortiz no pueden el domingo celebrar el Día de la Madre con la suya? ¿Qué sentido tiene un mundo donde el mayor sufrimiento es para las madres? La Doctrina Social de la Iglesia está impregnada de ideas acerca de la esencialidad del papel de la mujer en la sociedad, solo tenemos que llevarlas a la práctica. El discurso político de países donde hay una mayoría que se considera católica, y los políticos hacen gala de su confesionalidad, no pueden estar alejados del Evangelio de Jesús que inspira a la Doctrina Social de la Iglesia.

El Día de la Madre es una festividad que se celebra en honor de las madres en todo el mundo (Wikipedia). Su origen contemporáneo se remitiría al Día de la Amistad de la Madre y las Reuniones del Día de la Madre organizadas en torno a 1867 por Anna Marie Jarvis, activista social, y su hija, estableciendo un día para conmemorar el esfuerzo de las madres trabajadoras intentando en todos los casos al mismo tiempo, mejorar con sus acciones las condiciones de salud y de calidad en el trabajo de las mujeres (McCann, Jim; Benedict, Jeanne, 2001. Celebrations: A Joyous Guide to Holidays from Past to Present. Penguin Group, Citado en Wikipedia).

Llama la atención que el Día de la Madre tenga un origen de reivindicación social, muy alejado del sentido actual. El Día de la Madre de España se celebra el primer domingo de mayo desde 1965, cuando las autoridades eclesiásticas optaron por celebrar la fiesta en mayo, separándolo de la celebración del 8 de diciembre. Nunca se ha declarado oficialmente, y su esencia es, además, comercial y popular, un punto de celebración en muchas familias del papel y la esencia de la madre. Máximo Gorki escribió una novela titulada La madre en 1907 (Ramón Sopena, Barcelona. 1968), todo un símbolo del amor de una madre (Pelagia) que sin entender inicialmente lo que su hijo predica, la liberación de la sociedad de la opresión zarista, lo asume y se implica hasta la muerte por amor en una mezcla de política y religión, ya que entiende que religión y socialismo pretenden ambos proteger a los sectores más humildes de la sociedad. La literatura universal ha sido pródiga en poner de manifiesto el papel de la madre en la sociedad. También el arte, tanto pintura como escultura. En ambas manifestaciones de la cultura humana, la mujer amamantando ha sido un tema muy trabajado.

En el Antiguo Testamento tenemos una de las declaraciones de amor más bellas de la literatura, la que hace Ruth a su madre política Noemí (Jueces, 1, 16-18): «No insistas en que te abandone y me separe de ti, porque donde tu vayas, yo iré, donde tú habites, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios». En el Evangelio de San Lucas (Evangelio de la Infancia, 2, 51-52) aparece una hermosa referencia de la Virgen María y su hijo Jesús y su desarrollo humano y espiritual, al cual contribuyó desde su papel de madre: «Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia, delante de Dios y de los hombres. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón». Sobre explicaciones del Evangelio resulta de interés la densa obra, en varios tomos, del Cardenal Isidro Gomá y Tomás El Evangelio explicado (Editorial Casurellas, Barcelona, 1955). Las madres guardan y atesoran los recuerdos del crecimiento y desarrollo de sus hijos en su corazón. La mujer es mujer y puede ser madre.

En los últimos tiempos hemos visto a muchas mujeres en la calle reivindicando derechos que deberían estar concedidos, poniendo de manifiesto desajustes sociales en una sociedad que se dice desarrollada, manifestando miedos, expresando angustias. Esta explosión de indignación de las mujeres no solo ha ocurrido en España, también en otros puntos del mundo, donde manifestarse por este tipo de cosas implica un riesgo. Es una vergüenza social que la mujer, la madre, tenga que lanzarse a la calle para pedir cosas, imprescindibles, que debería tener desde hace tiempo. Mujeres cuidando solas a sus hijos con un esfuerzo doble en el trabajo y en la casa. Son auténticas santas en la vida diaria como dice el Papa Francisco (Exhortación Apostólica Gaudete et Exultate, Alegraos y Regocijaos, una llamada a la santidad en el mundo actual, 2018).

La clase política tiene que ser muy sensible al mensaje mandado desde la calle, por justicia y moral, y porque hay elecciones el año que viene. Desde el Día de la Mujer, el 8 de marzo, hasta el Día de la Madre, 6 de mayo, la mujer se ha lanzado a la calle para pedir igualdad de trato en una sociedad, la nuestra, con agudas manifestaciones de machismo en los más diversos campos, pedir seguridad ante el aumento de la violencia de género, demandar igualdad de salarios –igual trabajo, igual salario–, pensiones justas que permitan vivir, respeto a situaciones de dependencia y conciliación, seguridad en la calle, una nueva Ley de Arrendamientos que acabe con la gentrificación basada en el turismo que está dejando sin casa a madres mayores y volviendo los barrios parques temáticos. Las madres no deberían sentirse intranquilas porque sus hijas están de noche por la calle expuestas a peligros que todos conocemos. Las mujeres y las madres se han echado, de nuevo, a la calle estos días en relación con el juicio de Pamplona. Madres, mujeres, indignadas. Pero finalicemos con un mensaje de amor a nuestras madres, a las madres en general. Gracias por sostener con esfuerzo y cariño a todo un sistema social.


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