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El Descuento

Mensaje erróneo

La última aparición de Ángel Haro, presidente del Betis, con sus reiterados ataques a la prensa, evidencian un discurso contaminado y carente de la mínima autocrítica

15 nov 2016 / 11:48 h - Actualizado: 15 nov 2016 / 11:48 h.
  • Mensaje erróneo

El presidente del Real Betis Balompié, Ángel Haro, tuvo ayer la oportunidad de empezar de cero e ilusionar al beticismo huyendo de un discurso que antaño ya le dio dolores de cabeza. No fue así. El máximo mandatario verdiblanco decidió tirar por la calle de enmedio, arremeter de nuevo contra los medios de comunicación y no hacer ni una sola mención al error de planificación que ha llevado a la destitución del entrenador, Gustavo Poyet, tras sólo 11 jornadas. Cero autocrítica, otra vez. Primero los árbitros, después la prensa. ¿Y ahora? ¿Siempre es culpa de los demás? ¿Se ofende porque alguien diga que el club no tiene estructuras? Pues perdone, señor presidente, pero no las tiene. Algo tan cierto como que la prensa no dice ni escribe «tonterías», ni existen campañas mediáticas ni orquestadas desde ningún sitio. No haga caso a todo lo que le cuentan. Los palmeros del entorno que tanto le aplauden por dar a diestro y siniestro a los medios son los mismos que le moverán la silla cuando haga falta. Como se la han movido antes a otros que ocuparon ese cargo.

Les da igual que usted se haya gastado el dinero de su bolsillo. Sus empresas tendrán más de 1.500 empleados, no lo dudo, pero en el Betis algunos de los que tiene no siempre ayudan. Los susurros al oído de quien tiene que asesorarle en la relación con los medios –aunque él no se relacione–, no están siendo de utilidad. Las cuentas de Twitter que le insultan o agreden verbalmente deben ser el menor de sus problemas. Al final, el tuit de un aficionado molesto es la opinión de uno solo. Como las pintadas que aparecieron en la ciudad deportiva. Nada, no son nada. Historias por las que el máximo representante de una entidad tan grande como el Real Betis Balompié tiene que pasar a cuatro patas. El presidente no habla en su discurso de «trompetas ni pelucas», ni se enzarza con qué ha dicho o dejado de decir un periodista. Eso es de otra época tan ridícula como antigua. Un presidente da la cara y explica, con datos, qué pasa y por qué se adoptan decisiones. Sin mirar atrás, sin titubear ni temblar, sin pensar en otra cosa que no sea su afición, a la que se debe.

No conozo a ningún periodista que se levante una mañana o se haya acostado el día anterior pensando en cómo hacerle daño a usted, o a la institución a la que representa. No es aquel hombre que conocimos hace más de un año. El mismo que aterrizó en el Betis huyendo de las contaminaciones de un entorno que no siempre ayuda y que planteaba auditorías para dotar al club de estructuras o que se vació los bolsillos para poder llevar al club donde «merece». Ese que llamó puerta por puerta a todos los accionistas para pedirles su confianza en el proceso más democrático que recuerda el Betis desde tiempos inmemoriales. Ahora escucho y veo a un hombre desbocado, más pendiente de lo que un accionista dice de él en Twitter o de qué ha escrito uno u otro periodista. Ese es el Betis de otra época y al que ya derrotó usted una vez. No deje que eso le destruya ahora. Deje de mirar alrededor y vigile más lo que pasa dentro de casa. A veces, por mucho que uno la limpie, puede seguir sucia.


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