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La verea

Una Rosa Celestial sin espinas

Ezequiel García ezegarcia85 /
13 may 2019 / 10:31 h - Actualizado: 13 may 2019 / 10:33 h.
  • Una Rosa Celestial sin espinas

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Decir Mayo -permítame la RAE que lo escriba en mayúscula-, es decir María. La misma a la que Silvio y Sacramento le dedicó la famosa ‘La Pura Concepción (Swing María)’, enfrentándose a la misma Roma para proclamar a Sevilla ‘Tierra de María Santísima’, antes que el propio San Juan Pablo II; o aquel ‘Rezaré’, con todas y cada una de sus advocaciones.

Servidor tuvo la suerte de declamar el Pregón a María Auxiliadora de Carmona en el año 2003, con tan sólo 17 años, imberbe y delante de mi ciudad, mis compañeros de clase, de los que fueron mis profesores y de los Salesianos, a los que debo mi forma de vida.

Dejo a un lado mis sueños y reflexiones sobre nuestra sociedad y nuestras gentes para detenerme un momento en algo que sí mueve el corazón de muchos lectores. No es 24 aún. Ya lo sé. Pero cuando el Mayo obrero asoma por las hojas amarillentas del calendario de turno, mi corazón se torna en dos colores, abandonando el rojo de lucha, el rojo pasión para sustituirlo por el celeste de cielo y el rosa de fragancia pura. Han sido muchos años de visita continuada a esa pequeña capilla del Tiro de Pichón, y a capillas del resto de España y Europa. En Turín logré ver la grandiosidad de lo que representa.

Hablo de la Madre de los Salesianos, de la Madre de todos aquellos que me han acompañado y me siguen acompañando. Es un olor especial el que deja la Auxiliadora al ambiente primaveral. Siempre, desde hace más de 150 años, acompaña a sus hijos bajo su manto, no abandonándoles nunca en las horas de la lucha, tal y como dice el 'Rendidos a tus plantas'. Bajo su amparo vi la luz primera de este mundo; bajo la sonrisa de su mirada, día a día, yo fui creciendo en su amor; desde pequeño, no dudé en confiar en Ella. Ante ella di el ‘Sí, quiero’. Ante ella volví, su día, rodeado de mis jóvenes alumnos en un ambiente festivo en la Trinidad, tras decirle adiós a mi abuelo Diego, primero de mi familia en comenzar la tradición salesiana.

No encuentro piropo alguno capaz de enaltecer la virtud de su grandeza y de su Auxilio. No hallo adjetivo que pueda describir su soberana belleza, ni hay en el mundo poeta que sepa cantar el perdón de sus ojos. Nada encuentro, ni en los Profetas, ni en los romanceros castellanos, ni en la lírica más mística.

Recuerdo el día en el que mi querido abuelo Francisco se marchó para siempre... Era abril. Lo primero que hice fue marcharme, sólo, a esa coqueta capilla en Carmona con Ella. Su consejo fue sabio: la efímera sonrisa que esboza me dio a entender que tengo que estar alegre, porque Dios se lleva a las buenas personas que ya no aguantan en la tierra y así descansar eternamente y disfrutar de la otra vida. Su rostro sonriente es un halo de esperanza que me anima a seguir día a día con una fortaleza sin igual.

Permíteme que hoy sea más espiritual que crítico. Pero el mes lo merece. Si quieres, coloca en el lugar de Auxiliadora a tu Virgen, la figura materna celestial que te una con los tuyos allí arriba. Y disfruta del mes de Mayo, mes de María.

Que tienes Madre amorosa,

que cuando miro Tu cara,

fresca fuente de agua clara,

rosal florido de rosas,

sonrisa con luz de cielo,

mirada con luz de alba.

Suave cual terciopelo

es la luz de Tu mirada,

que como puros diamantes

los corazones desgarras,

de emociones y recuerdos

y los llenas de esperanza.

Por eso Reina y Señora,

madre y Abogada nuestra,

sigue siendo Auxiliadora,

para que nunca las penas

llenen nuestros corazones.

Y que seas la azucena,

que con la blanca sonrisa

de Tu mirada serena,

seas como la suave brisa

que destierre nuestras penas.


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