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Los medios y los días

Volvieron las golondrinas

21 feb 2019 / 08:01 h - Actualizado: 21 feb 2019 / 08:05 h.
  • Volvieron las golondrinas

Falta más de un mes para que entremos en invierno y ya están aquí las golondrinas. Es verdad que una golondrina no hace verano pero es que no se trata de una, son bastantes. Me entristece todo esto porque me anuncia una posible gran crisis ambiental en mi planeta, empezando por Andalucía y en especial por Sevilla. El calentamiento de la Tierra es evidente y aunque a los sevillanos les guste el calor estamos asistiendo a un acontecimiento deprimente que no parece que preocupe mucho a los ciudadanos y menos en Sevilla donde paso calor todo el año por culpa de calefacciones desmedidas cuando no hacen falta. ¿A qué vienen tantas chimeneas y tanto gasto de leña? O las casas son de papel o nos gusta jugar demasiado a las películas de ricos.

Sevilla es muy aficionada a arrancar árboles, a sustituir tierra por baldosas y a no tener la climatización a la temperatura que recomiendan las instituciones sanitarias sino bastante por encima y casi nadie se queja de este hecho, al revés. Las oficinas, por ejemplo, son asfixiantes, ese personal que trabaja debe ser zombi o algo similar porque no se conforma con 22 o 23 grados y que no se dé por aludido el que crea que esta afirmación no va con él y sea un sufridor como lo soy yo, aplastado por la hipotermia de la mayoría.

Hace años viví cerca de El Garrobo –a unos 40 kilómetros de Sevilla- en un retiro que tenía entonces por allí. Cuando una noche de otoño-invierno me fui al pueblo a estar sentado, solo en su plaza, y luego me di una vuelta para disfrutar de mi soledad y del relente, vi a una cigüeña en el campanario, durmiendo. Pregunté en un bar y me dijeron que cada vez se iban menos en otoño y en invierno. Sentí lástima de nuevo por nuestra especie, por el mundo que van a vivir mis hijas y mi nieta, un mundo caliente, tecnificado hasta las trancas y frenético en lo cotidiano, como ya estamos viendo.

Ya sé que en la Historia los cambios climáticos han sido frecuentes sin intervención humana pero éste es diferente, hay casi unanimidad en la comunidad científica de que la mano del hombre posee una influencia decisiva, no hay duda de eso. Las oscuras golondrinas han vuelto para colgar sus nidos de los balcones pero aún no estaba previsto y no siento ninguna alegría de verlas, al revés, estoy disfrutando de este fresquito porque pronto llegarán a Sevilla esas dos estaciones y media tediosas para mí –primavera, verano y ya parte del otoño- en las que me suelo acordar de la Duquesa de Alba que en cuanto llegaba el calor se dejaba ver en Sevilla pero se largaba a sus otros palacios por el norte.

También en el norte hace calor, a Galicia la veo ahora menos verde que antes, hace poco estuve por allí y el taxista que me llevaba desde el aeropuerto a Pontevedra me hablaba del calor que pasan y de la poca lluvia que hay. En los Picos de Europa un anciano me dijo una vez que la nieve se derrite ahora muy pronto, es descorazonador toda esta barbaridad pero más lo va a ser para los que vienen tras de mí. Sin embargo, da la impresión de que pasamos de todo y tanto Estados Unidos como China –los dos países más contaminantes- han dejado claro que a ellos les da igual y que van a seguir en sus trece. ¿Caminamos sin remedio hacia nuestro destino?


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