sábado, 22 septiembre 2018
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Nadie sabe nada

16 abr 2018 / 23:45 h - Actualizado: 16 abr 2018 / 23:45 h.
  • Nadie sabe nada

Que Manuel Chaves diga que no sabe nada de lo que ocurrió para que 800 millones de euros fueran a parar a lugares equivocados puede parecer casi normal dadas las circunstancias. Después de lo que se ha escuchado tras destaparse el caso de corrupción más enorme conocido de la democracia española, después de escuchar a los que se sientan en el banquillo negar estar enterados de algo, después de la vergüenza que supone que nadie quiera asumir su responsabilidad, que Manuel Chaves diga no saber nada está dentro de lo normal. En España nos hemos acostumbrado a estas cosas. Algo, por otra parte, peligrosísimo puesto que la desidia ante los casos de corrupción que pueden quedar impunes es una invitación a que sigan produciéndose casos.

En este juicio todos intentan alejarse de lo que ocurrió y de su responsabilidad. Nadie sabe nada. Ni siquiera parece que nadie sepa que en el juicio de los ERE (así se conoce) no solo se juzga a los que se sientan en el banquillo sino que, por el contrario, lo que se repasa es lo que ha supuesto que el PSOE haya gobernado en Andalucía durante tantos años. Se juzga una forma de hacer política, se juzga una forma de entender el poder convertido en una red tejida con el dinero de todos que atrapa a todos y que convierte lo que queda fuera en indeseable, una red en la que queda atrapado todo lo que sucede en Andalucía porque o pasa allí dentro o no pasa.

Manuel Chaves vino a decir ayer que él sabía lo que sucedía de forma general, pero que el detalle era cosa de otros. Alguien puede creerle aunque siendo presidente de la Junta durante 19 años parece impensable que eso sea posible. En cualquier caso, será la justicia la que ponga las cosas en su sitio. Lo que no puede consentirse es que Chaves no tenga el arrojo de pedir disculpas por lo que sucedió. Sea quien sea el culpable y sea lo que sea que sucediese, él era presidente de la Junta durante un tiempo en el que ocurrieron cosas muy graves. Y no estaría mal que alguien pidiese perdón dejando la soberbia a un lado. No es mucho pedir y, aunque no arregle el daño producido, no sobran nunca estos gestos.


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