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Al filo de la realidad en Sevilla

Hay casos en Sevilla y su provincia que, allá donde dicen que lo paranormal se manifiesta, tienen un tinte casi irreal, inexplicable.

18 jun 2017 / 12:35 h - Actualizado: 18 jun 2017 / 16:56 h.
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Hay casos en Sevilla y su provincia que, allá donde dicen que lo paranormal se manifiesta, tienen un tinte casi irreal, inexplicable. Sólo cuando tenemos la ocasión de investigador o de tomar los testimonios a los testigos nos damos cuenta que la realidad, en muchas ocasiones, supera a la ficción.

Terror en el Megastore

Paseamos por el centro de Sevilla y en él se encuentra uno de los hospitales más famosos de la capital andaluza en cuanto a fenómenos extraños se refiere durante la noche. Esta vez los afectados son los vigilantes de seguridad del antiguo centro hospitalario. Muchos son los testigos que aseguran haber visto en el interior del lugar una monja vagando por los largos pasillos de este portentoso edificio. Y es que son muchas las noches en las que ocurren fenómenos extraños o de difícil explicación. El lugar fue escenario en el año 2.005 del rodaje de una película que trajo bastante cola. Numerosos fueron los vigilantes de seguridad y personas relacionadas con la productora que presenciaron visiones y sonidos espeluznantes.

A menudo los casos paranormales nos llegan sin más, de la forma más fortuita, más causal, más amistosa. Es el caso de nuestra siguiente parada, nuestra parada en un nuevo caso de “edificio encantado”. Sucedió en una ruta del misterio de Sevilla cuando un amigo, Alberto, se acercó y, mientras hablábamos de misterio, nos dijo: “tengo un caso que no sé si conocéis pero que es brutal y qué me pasó directamente a mí”. Aquella confesión nos llamó la atención y dejamos que nuestro amigo se expresara con libertad...

Así Alberto comenzó una historia apasionante de un misterioso fenómeno que le vivió en primera persona: “Estaba de servicio en la tienda de “Virgin Megastore”, en C/Sierpes 81, donde ahora está la tienda de “Desigual”. Si no recuerdo mal la tienda se inauguró en Noviembre del 93. Lo que me sucedió fue sorprendente... En Diciembre de ese mismo año, una de las noches a la hora del cierre, un compañero rompió una de las hojas de cristal de la puerta principal de Sierpes. Por este motivo se tuvo que montar el servicio de noche hasta la reposición de la puerta. Yo me ofrecí hacer los servicios de noche. Si no recuerdo mal fueron como quince noches con días intercalados de descanso. El caso es que no me ocurrió nada anormal salvo que todas las noches el ascensor se paseaba entre las tres plantas... Lo más fuerte fue cuando me quedaban dos noches y me encontraba cerca de la entrada en la madrugada, vigilando, calculo que serían las 02,30 horas, una de las dos puertas de emergencias, seguramente sería la de la primera planta pues la de segunda tenía un chivato y sonaba si se abría..., bien, aquella puerta se abre y seguidamente pega un portazo de mil demonios”, aún con el vívido recuerdo Alberto proseguía: “lo curioso es que escuché como la barra de la puerta la empujaban y para más miedo: eso sólo se podía hacer desde dentro de la tienda... Alguien invisible la estaba accionando. Fue el tiempo de coger la defensa (porra) y la linterna y subir a verificar el hueco de escalera de emergencias y todas las puertas y ventanas sin observar ninguna anomalía en ellas. Ya no podía explicarse como una corriente de aire y, además, fue cuando me di cuenta del detalle de haber oído la barra antipánico accionarse... Lo único que pude hacer fue ponerme en la puerta de la tienda y fumarme un cigarro para tranquilizarme, sabía que aquello había sido muy extraño. Al rato apareció Antonio, el sereno de la calle Sierpes, Sagasta, Puente y Pellón en aquella época, era todo un personaje con sus 70 años largos. Aquel día lo acompañaba su sobrino y me dijo que él se quedaba en la puerta y mientras su sobrino y yo miramos en toda la tienda sin encontrar nada ni nadie. Todo cerrado como yo ya había verificado antes...”

Además Alberto indagó en los fenómenos que ocurrían en aquel lugar, “te comento que cuando se estaba montando la tienda “Virgin” un representante de una discográfica se montó en el ascensor para subir a las oficinas de planta azotea, donde le esperaban en un despacho. Subió y bajo del tirón, y lo único que dijo es que no volvía a venir nunca más y no lo hizo..., la cara era un poema. Estos no se lo he comentado a nadie sólo a mis allegados, me refiero a mi experiencia, te pido que no des mi nombre”. Evidentemente “Alberto” sólo es un nombre figurado.

Nuestro protagonista preguntó al técnico de ascensores OTIS quién le dijo que era “imposible que ese modelo de ascensor se moviera solo ya que no tenía memoria y no se podía mover para ponerse en espera entre plantas” y añadió “que lo único que podía hacer es bajar dos centímetros como mucho por perdida de presión al no usarse durante la noche”.

La tienda ahora es de la firma “Desigual”, en la actualidad, y los que allí trabajan parece no haber vivido nada extraño, aparentemente. Con anterioridad fue de la firma “HM”, más atrás en el tiempo el referido “Virgin” y después con “Sport Zone”.

Casualmente, o no, el edificio está a escasos metros de uno de los santuarios del misterio de Sevilla: las antiguas cárceles de la ciudad, de recuerdos para Miguel de Cervantes y Saavedra y para los empleados del Banco Hispano Americano o Cajasol (hoy de La Caixa) y que han vivido experiencias difícilmente olvidable.

Fenómenos paranormales en ‘Villa Esperanza’, el palacete encantado de Alcalá de Guadaira

La primera vez que me hablaron de ‘Villa Esperanza’ apenas podía creer lo que mi buen amigo Jesús González me decía: “Allí pasan cosas extrañas, es muy conocido en Alcalá de Guadaira y hay un lugar secreto que te va a parecer increíble”.

Creí que todo era producto de la emoción de aquel que busca el misterio y encuentra un lugar inexplorado. Así tras desplazarnos a la localidad alcalareña, y subir por aquella inacabable cuesta, llegamos al lugar donde una torre lo domina todo y donde en su encalada pared puede leerse ‘Villa Esperanza’.

No es un edificio cualquiera, se trata de una señorial casa en la Cuesta del Águila, de su majestuosidad poco queda, mira al río pero ha perdido la brillantez que antaño la hizo famosa. Ya no quedan marcos, puertas o ventanas en su fachada, ni viejas rejas forjadas, ni los pasamanos que daban acceso a su torre. Ha sido desvalijada pero sigue teniendo el espíritu señorial de la arquitectura regionalista de antaño.

Hoy es un edificio abandonado, literalmente, y propiedad del Ayuntamiento que tiene pensado ocuparlo con un centro de formación para la recuperación social de la zona. Por desgracia ese proyecto con la crisis y el vandalismo ha hecho que haya quedado en el olvido de casi todos y sea hoy pasto de desafortunadas pintadas, expolio e incluso de protegerse del frío haciendo hogueras en su interior.

La construcción del edificio data de principios del siglo pasado a la ‘moda’ de las familias acomodadas de Sevilla que huían de los rigores del calor trasladándose a ésta localidad, para lo cual tenían una segunda vivienda. En la casa destacaba un azulejo de la Virgen de la Esperanza Macarena y su torre, en el exterior un pequeño -pero coqueto- jardín que hacia las delicias de los que disfrutaban el palacete. Con el tiempo la casa quedó en el olvido. Las familias buscaban la costa y la casa alcalareña fue cerrada, abandonada. Se utilizó como guardería municipal para acabar siendo pasto del tiempo. Frente a ella la Casa Ibarra, abandonada también, estando proyectado para ésta un espacio para la cultura y las bellas artes.

Pero se habla de sonidos y apariciones extrañas, con ello queríamos comprobar por nosotros mismos si así era o no. Realmente caminar entre desechos y respirar aquel aire viciado se hacía insostenible, subir al torreón entre basura y pulgas era desolador y, finalmente contemplar Alcalá desde el mirador si parecía reconfortante.

Comenzó la investigación junto a mis compañero David y Jesús González, allí me dijeron: “ven, sígueme y te llevaré a un sitio que no creerás” y me condujeron a una gruta natural excavada dentro de aquella propiedad que se perdía bajo la misma calle hasta dar con un muro que, ¿quién sabe?, a donde da o si, simplemente, está cegado.

Comenzaron las pruebas, grabaciones, barridos fotográficos, pruebas de detección y campos electromagnéticos, temperatura y la famosa ‘Spirit Box’ así como la ‘Ovilus 3′, y llega el momento en el que en el lugar, con poca ausencia de interferencias comenzamos a preguntar: “¿Hay alguien aquí?” y la máquina responde “Si, vete”. Siguiente pregunta es: “¿Qué quieres de nosotros?” y por respuesta: “¡Marchaos!”. Así se comenzó a tener una larga conversación con aquel aparato subjetivo que nos llamó profundamente la atención y, sin ser una prueba de nada paranormal, si es un buen indicio que nuestra investigación iba a discurrir por cauces muy sorprendentes.

En las fotografías obtuvimos orbes (esferas de luz luminosas) sorprendentes pero, con toda posibilidad, atribuibles a polvo y las muchas partículas en suspensión así como más psicofonías sin que ello sea una garantía que lo que hay en su interior sea paranormal -reitero-.

De la aparición o fantasma de la que los testigos nos han hablado, una dama o silueta luminosa, no tuvimos ningún indicio aunque habrá que seguir buscando e investigando. Sin dudas es ‘Villa Esperanza’ uno de los lugares emblemáticos más inquietantes de investigar tratando de buscar, y desentrañar, su misterio.

El bosque del niño perdido

Las leyendas de muchos de nuestros pueblos y localidades cercanas esconden, en muchas ocasiones, el germen de la verdad. Historias que han ido contándose de padres a hijos y que, hoy, están en el acervo cultural no escrito de cada región.

Así una de esas curiosas e impactantes historias la encontramos en una localidad de la Sierra Norte de Sevilla, muy próxima a la vecina provincia de Córdoba, y es una de esas historias que se han ido contando de generación en generación, diciendo así:

Había una matrimonio en el pueblo que buscaron, durante años, tener un hijo, cuando prácticamente tenían pérdida la esperanza llegó la buena nueva. Fernando nació y sus padres lo celebraron por todo lo alto, dando una fiesta a los vecinos del pueblo, no cabían en su gozo y su felicidad.

Al día siguiente la feliz familia quiso salir a pasear por la sierra y respirar el aire puro de aquel bello entorno natural, hubo un momento en el que dejaron el carrito del niño solo tras de ellos e, incomprensiblemente, siguieron caminando dejando el niño detrás, tal vez por la costumbre que tenían de hacerlo cuando Fernando no había nacido.

Tras un buen rato caminando notaron que habían dejado el carro del niño atrás, muy atrás, y comenzaron a correr en su busca; cuando llegaron ya no estaba allí, el bebé había desaparecido. La desesperación se apoderó de ellos, el error, el despiste, imperdonable. Con un ataque de ansiedad comenzaron a buscar por todo el entorno, no había ni rastro. Corrieron al pueblo, preguntaron a los vecinos, informaron a las autoridades, todos estaban en alerta por si alguien había cogido o visto al bebé.

Tras años buscando a un niño tan deseado, casi en un instante, lo habían perdido. Los vecinos no daban crédito a lo que les había ocurrido y, pese a las repetidas búsquedas, jamás se logró localizar.

Muchas noches, en aquel bosque, se escucha llorar a un niño -o lo que parece el llanto de un niño-, los sorprendidos excursionistas que van por la zona se quedan inquietos aunque lo atribuyen a un animal. Lo que saben de la historia trágica lo calman preguntando al aire: “Fernando, ¿eres tú?”.


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