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«Estamos creando el ‘mayordomo’ virtual más completo y garante de la privacidad»

Tras sus brillantes etapas en Indisys e Intel, entre Sevilla y Silicon Valley, Jesús González ahora está emprendiendo con sus socios y con su equipo desde un chalé en el Aljarafe la nueva ola de la inteligencia artificial aplicada al hogar

16 sep 2018 / 07:00 h - Actualizado: 16 sep 2018 / 12:37 h.
  • Jesús González Martí nació en Cádiz y reside en Mairena del Aljarafe. / Manuel Gómez
    Jesús González Martí nació en Cádiz y reside en Mairena del Aljarafe. / Manuel Gómez

«Con 36 años de edad, y con los ahorros que tenía por la venta de Indisys y por la indemnización de Intel, he visto que no era el momento de aceptar un gran trabajo fuera de Sevilla sino de atreverme a fundar una empresa en Sevilla, crear tecnología que compren en cualquier lugar del mundo y contribuir a crear riqueza en Andalucía con el talento que tenemos». Jesús González Martí, cofundador y director tecnológico de Smart IoT Labs, irradia ilusión nada más saludarlo para iniciar la entrevista. Pocos, muy pocos ingenieros informáticos andaluces, han alcanzado semejantes cotas de excelencia en los ámbitos más competitivos de la innovación como él puede acreditar desde 2005. Y quienes transitan junto a un chalé en la Avenida Hermano Cirilo, en el término municipal de Sanlúcar la Mayor, no se imaginan que en su interior se está trabajando en pos de desarrollar el ‘mayordomo’ virtual más avanzado para la gestión de cualquier hogar y para la atención integral a quien lo habite.

¿Dónde están sus raíces?

Nací en Cádiz y me crié en los barrios del centro de Cádiz. Mi padre ha sido fotógrafo de profesión y tenía una tienda pequeña. Mi madre trabajaba en análisis clínicos. Estudié en el Colegio Reyes Católicos y después en el Colegio San Felipe Neri. En la Universidad de Cádiz hice Ingeniería Técnica de Gestión y la Ingeniería Superior de Informática la cursé en Sevilla, donde ya me afinqué desde entonces.

¿En su infancia le gustaba manejar ordenadores?

Era mi pasión. Me encantaba jugar en casa de mis tíos con un Commodore 64. Cuando entró en mi casa un PC 286, lo vi claro: esto es lo mío. Como muchos niños, dedicaba bastantes horas a jugar. Además, dedicaba más tiempo a ser autodidacta para aprender informática.

¿Su primer empleo fue ayudar a su padre en el negocio familiar?

Sí, mientras hacía BUP en el colegio. Desde poner publicidad en los parabrisas de los coches mientras hasta ayudarle en la contabilidad, aplicando mis conocimientos informáticos en hojas de cálculo y programas de escritorio de Windows.

¿Su primera incursión en la inteligencia artificial?

En Sevilla, en cuarto de carrera, logré una beca de IBM para estar con su equipo de investigación en Sevilla en lo que ya se conocía como ‘machine learning’, aprendizaje automático no supervisado, para la síntesis de voz. Aprendí muchísimo sobre el procesamiento del lenguaje natural, sobre lo que era realmente la inteligencia artificial, y no la ciencia ficción que tenemos preconcebida. Y sobre cómo se trabaja en una gran empresa.

¿Su primera experiencia en el extranjero?

En 2004 falleció mi madre. Necesitaba un cambio de aires. Quería aprender de verdad a hablar en inglés. Y logré una beca de estudios para irme a Estados Unidos, en calidad de futbolista, a la Universidad de Missouri, que ofrecía esa opción para competir con un buen equipo de fútbol, y a mí se me daba bien. No era una universidad de excelencia para estudiar Informática, pero estuve medio año y fue una gran experiencia a nivel personal. Y descubrir la América profunda: en el comedor se sentaban los blancos a la izquierda y los negros a la derecha. Regresé en 2005 a Sevilla para acabar la carrera y me entero de que se está creando una empresa sobre procesamiento en lenguaje natural. Como había sido becario en IBM sobre eso, y ya sabía inglés, me ofrecí. Pilar Manchón me entrevistó y me contrataron. Fui de los primeros empleados de Indisys, donde estuve ocho años.

¿Quiénes fueron los clientes más importantes de sus interfaces de diálogo inteligente?

En España fueron BBVA, Telefónica y El Corte Inglés. Fuera de España, logramos en países como Chile, Reino Unido y Nueva Zelanda. Cuando habíamos ganado el concurso más grande hasta la fecha para asistente virtual, promovido por Telefónica para todo el Cono Sur, fue cuando Intel desde Estados Unidos compró Indisys. Y tuvimos que renunciar, cuando era un contrato que garantizaba beneficios para la empresa durante dos años y medio, porque Intel nos dijo: “Eso son migajas, queremos que os centréis en desarrollar más vuestra tecnología”. Que era muy superior a la de Siri, adquirida por Apple. Y se había logrado desde Sevilla, no desde Silicon Valley.

¿Cómo fue la evolución de trabajar en una pyme tecnológica a formar parte de un gigante empresarial?

De entrada, fue un gran salto en mi remuneración. Porque en mi trayectoria en Indisys me convertí en socio de la empresa, encabezada por Pilar Manchón y Gabriel Amores, y cuando Intel nos compró la propiedad de la empresa tuve derecho a mejores condiciones. Y el nuevo salario tambien era muy superior. Además, aprendí muchísimo a las órdenes de directivos como Bruce Horn, que había participado con Steve Jobs en diseñar el primer Mac. Suyo fue el primer ‘finder’ navegador del Mac. Tuve jefes como Jim Firby, que había destacado en Microsoft y en la NASA; y como Steven Holmes, que es vicepresidente de Intel y había triunfado en Amazon y en Nike. Personas con un talento excepcional de los que he aprendido muchísimo. Me fueron dando responsabilidades y yo viajaba cada trimestre unos diez días a Estados Unidos, parte del tiempo en California y otra parte en su sede en Boston. Además, desde Sevilla también estaba en relación con otro equipo en China.

¿Qué dispositivo tecnológico en el mercado tiene más creación suya?

Unas gafas para corredores y ciclistas, con asistente virtual que hace las veces de entrenador. Salieron al mercado en octubre de 2016, bajo la marca Oakley. A día de hoy nadie ha sacado algo parecido. Técnicamente han sido un éxito, les dediqué tres años de trabajo, pero cuestan más de 400 euros y ese precio está por encima de lo que se plantea pagar la mayoría de la gente que es aficionada a correr o al ciclismo. Intel había hecho caso a informes de consultoras que vaticinaron un auge muy rápido del consumo de los ‘wearables’, los dispositivos vestibles, pero eso va mucho más lento. A todos los que trabajábamos desde Sevilla nos habían adscrito a la división de ‘wearables’, que aunaba a mil personas, sobre todo en EEUU y China. E Intel decidió en 2018 cerrar entera esa división y dedicar la inversión a otros temas donde ganaba dinero, como los centros de datos.

¿Qué les ofreció?

A las 20 personas que estábamos en Sevilla, donde en mayo han cerrado la oficina, nos ofrecieron cambiar de departamento. Estaban contentos con el rendimiento de todos. Podíamos trasladarnos a Alemania, donde ha invertido mucho en coches autónomos, junto a BMW, Audi y Mercedes; o a Dublín, donde tiene un equipo de investigación para Internet de las Cosas; o a Estados Unidos. Muchos optamos por dejar la empresa, que nos ha indemnizado muy bien.

Ha citado los logros. ¿Cuáles son los problemas de trabajar en una empresa con más de 100.000 trabajadores?

Que a veces la mano derecha no sabe qué hace la izquierda. Y te topas con cambios de rumbo o con duplicidades. Cuando Intel compró Indisys íbamos a entrar en el equipo que iba a crear su propio teléfono móvil, y nosotros haríamos el asistente de ese nuevo teléfono con tecnología propia de Intel. Pero hubo cambio de presidente en Intel, y decidieron no hacer el teléfono móvil para no pelearse con otros clientes. Por eso nos pasaron al área de ‘wearables’, que se plantean como una tentativa.

No le habrán faltado propuestas para ficharle.

La mejor fue de una gran multinacional asiática para irme a Madrid como director de un amplísimo equipo de cien personas con el que desarrollar en español su asistente virtual. Y un sueldo altísimo que jamás me habían ofrecido. Estuve a punto de aceptarla, pero la desestimé cuando ya me estaba planteando buscar piso en Madrid. Porque estoy en una etapa de la vida en la que dudaba si era el momento de emprender un proyecto propio o aceptar otro trabajo de una multinacional. Y porque entendí que iba a ganar mucho dinero pero no iba a ver crecer a mis hijos ni iba a estar con mi mujer. Iba a repercutir negativamente en mi familia. Y además me convencí de que ya había acumulado conocimientos para emprender.

¿Qué es lo primero: la idea o el equipo?

El equipo. Su talento y capacidad para ejecutar cualquier idea. Aún hay personas que piensan: tengo una gran idea para mejorar el mundo y he de mantenerla en secreto. Eso no vale nada. Entendí que mi fortaleza para crear una startup está en la vertiente tecnológica, pero no en la de negocio. Y descubro que José Murillo, durante muchos años responsable de grandes cuentas de Microsoft en Andalucía, y con una gran cartera de contactos, a quien conocí en mi etapa en Indisys, había salido de la empresa y quería crear una startup de inteligencia artificial aplicada al hogar. Rápidamente nos pusimos de acuerdo, y se ha sumado un tercer socio muy valioso: Valentín Rangel, fundador y propietario de Solutia, empresa de tecnología para educación. La fundó con 3.000 euros y ya factura 30 millones. Somos tres perfiles muy complementarios, hemos constituido Smart IoT Labs, y ya tenemos siete personas trabajando con nosotros.

¿Cuál es su objetivo?

Sin prejuicios, y con ambición, adelantarnos desde Smart IoT Labs a la siguiente generación de asistentes virtuales, y crear un producto físico con esa tecnología para venderlo primero en Estados Unidos y después en otros países. Los que están empezando a llegar a los hogares, como el Alexa de Amazon, en cuyo desarrollo ha trabajado Pilar Manchón, han avanzado mucho en el reconocimiento de voz. Te entiende incluso con la tele puesta si le dices “Alexa, ponme música” o si le preguntas “Alexa, dime qué día es hoy”. Es una tecnología similar a lo que hicimos desde Indisys. El salto es que no estés continuamente diciéndole al asistente lo que quieres, sino que la casa sea inteligente y haga por ti cosas que llevaría a cabo un mayordomo. Que la casa te ayude cada vez más conforme mejor te conoce.

Un ejemplo.

Con los actuales, si sales de casa puedes preguntarles: “¿Me he dejado encendida alguna luz?” Te responde: “Sí, la luz del salón está encendida” y le das la orden de apagarla. Queremos que el nuestro detecte que te has ido de casa, que se te ha olvidado apagar una luz, y la apague directamente, y te mande una notificación al móvil para informarte. Que aprenda del usuario (ya sea una persona que viva sola, ya sea una familia de abuelo, niña, padre,...), y conforme los conoce más, va resolviendo más sin que necesite continuamente ser interpelado como “Alexa,...”, “Alexa, ...”. ¿No será mejor que tu mayordomo virtual sepa que has salido del trabajo para ir a casa, y optimice cuándo y cómo encender la calefacción o la refrigeración para que a tu llegada esté el hogar a la temperatura que te gusta mediante el menor gasto posible de energía?

¿Van a poder anticiparse a las grandes empresas tecnológicas, que tienen muchas más personas desarrollando innovaciones?

Estamos convencidos de que han tenido también esta visión. Pero su negocio está enfocado ahora en desplegar por todo el mundo la venta de esos altavoces, que todavía en países como España se venden poco. Tienen que seguir esa pauta de negocio. Y no van a tener la misma flexibilidad que nosotros.

¿Cómo se desarrolla esa inteligencia artificial para que funcione en múltiples idiomas?

La clave de lo que estamos desarrollando es independiente del idioma. Será un dispositivo físico que vas a ver en el hogar, donde lo quieras ubicar, y que sea un complemento de los asistentes de voz que ya existen, hacer más inteligentes a esos altavoces. A día de hoy, lo único que hacen es recibir instrucciones. Lo queremos integrar con Alexa, con Siri, con Google Assistant, etcétera.

¿También serán capaces de llevar la contabilidad familiar, aconsejar sobre la cesta de la compra, ayudar para la educación de los hijos,...?

Cuando lo compre, llevará algunas habilidades incorporadas, y después podrá descargarse para instalarle las que quiera de modo específico. Por ejemplo, para el cuidado de personas mayores. O para controlar qué hacen los hijos con el ordenador o con el teléfono móvil: cuánto tiempo están metidos en un videojuego, qué webs están viendo,...

Explique un caso de teleasistencia.

Este proyecto se me ocurrió porque una de mis abuelas en Cádiz se quitaba para dormir, porque le molestaba, el dispositivo del ‘botón rojo’ del Servicio Andaluz de Salud, pero cuando a las ocho de la mañana se levantó de la cama, se resbaló, cayó, no tenía a mano el botón para avisar, y estuvo dolorida en el suelo hasta las tres de la tarde, cuando llegó mi tía. Por eso hemos de crear un sistema inteligente en el hogar que interactúe con el botón rojo y con la pulsera de teleasistencia cuando detecte que, por ejemplo, que ese anciano no se ha movido durante equis minutos, o no ha hecho algo esencial en su vida diaria. Y lance un aviso informando para alertar, por si le ha ocurrido algo.

¿Cómo cualquier persona puede marcarle las pautas a un asistente virtual para sacarle el máximo rendimiento sin perder el control de su privacidad?

El gran reto es que la gente entienda que para que estos asistentes sean más inteligentes y te resuelvan más tus necesidades, tienen que conocerte mejor, sin que pierdas el control sobre los datos de tu vida privada que van a conocer. Nosotros no queremos ese conocimiento para vender información sobre tu privacidad, sino para darte un mayor valor añadido con un asistente cada vez más desarrollado. Queremos que el asistente de Smart IoT Labs sea como el mayordomo real: sabe a qué hora te levantas, qué desayunas, cuándo ves televisión, qué programas te gustan,... Pero no se lo cuenta a Amazon y Google para venderles esa información y que ellos te vendan lo que les interesa. Porque hoy es difícil pensar que si pones en tu casa un asistente de Amazon o Google que escucha tus órdenes, Amazon no va a sacar partido de eso para venderte según qué cosa, y Google no va a utilizar lo que tú le preguntas para que en el buscador te cambie tus preferencias. O lo que ha hecho Facebook vendiendo a Cambridge Analytics datos de millones de personas para campañas electorales.

¿Qué garantías ofrecerán ustedes a los clientes?

Lo estamos diseñando para que los datos solo se almacenen en el aparato que tienes en casa, sin que se suban a internet. Que sea como una ‘caja fuerte’ de tu vida privada, o como la ‘caja negra’ de un avión. Y si el usuario no quiere, ningún dato sale de tu casa ni se transfiere a la red. Esa opción no la dan los asistentes que hay actualmente en el mercado. Es mucho más seguro que lo que hoy sucede con tantos adolescentes que se hacen fotos y las cuelgan en redes sociales sin proteger su privacidad ni el uso de su imagen.

Para usarlo bien, ¿será necesario tener amplios conocimientos en ciberseguridad para defenderse de los ciberladrones, o se aprenderá tan fácil como manejar un electrodoméstico?

El gran reto, más allá de prevenir los ciberataques, es que el usuario entienda que si quiere que las máquinas sean más inteligentes y le ofrezcan servicios añadidos, tiene que abrirse a que le conozca, y estar seguro de que solo le va a conocer su mayordomo virtual y no el mundo entero. Y, si por otro lado, quiere que una empresa disponga de datos sobre su vida, como por ejemplo que una compañía eléctrica sepa qué electrodomésticos están apagados o encendidos, a cambio de un descuento en la factura de la luz, que sea porque ha tenido la opción de autorizarlo o denegarlo.

¿El ‘mayordomo’ que diseña será capaz de recibir criterios morales para que entienda la moralidad de su propietario? Porque no todas las personas tienen los mismos criterios sobre la vida sexual, sobre cómo educar a los hijos, sobre si a veces mentir está justificado o no,...

Cuando piensas en un mayordomo humano, entiendes que quiera saber cuándo vas para casa y cuándo no. Y puedes decidir o no que tu familia sepa en cada momento dónde estás. Muy pocas personas se pueden permitir económicamente pagar a una persona. Nosotros queremos que lo tengas virtual y a un precio asequible. Los dilemas éticos en la inteligencia artificial se van a resolver en función del criterio que las personas le marquen a las máquinas.

Ponga un ejemplo.

En los coches autónomos es donde se va a evidenciar más pronto y más claramente. Porque en pocos años vamos a tenerlos circulando. Cuando uno de esos coches tecnológicamente tan avanzados detecta que se le ha cruzado un niño en la carretera, su ordenador tiene tiempo para plantearse el dilema: o atropella al niño o da un volantazo para evitarlo, lo que puede provocar que el ocupante del coche salga malherido. Y su capacidad de cálculo es tan fulgurante que tiene ante sí, por ejemplo: “Probabilidad de atropellar al niño y que muera: 20 %. Probabilidad de que al dar el volantazo el conductor muera: 40%”. Hará lo que le marquemos de acuerdo a nuestro código ético.

¿Qué objetivos se han marcado para los próximos meses?

Aspiramos a presentar el prototipo en enero de 2019 en el Consumer Electronic Show (CES) de Las Vegas, es la mayor feria mundial de consumo electrónico. Si lo logramos, después aprovecharíamos la presencia allí para hacer una campaña internacional de ‘crowfunding’ (micromecenazgo) a través de la plataforma Kickstarter, y conectar con el primer segmento de población más interesado: personas a las que les encanta comprarse estos dispositivos innovadores y sacarles partido para cualquier cosa que se les ocurre aplicar en casa.

¿No van a acudir directamente a inversores?

Eso llegará, sin duda. Cuando el producto esté más sólido. Por mis contactos y experiencias en Estados Unidos, sé que vamos a lograr el respaldo de ‘venture capital’ y de ‘business angels’. De momento, la empresa la hemos levantado a pulso entre los tres socios fundadores, poniendo nuestro patrimonio para levantarla y para pagar los sueldos. Si todo sale bien, acabaremos el año 2019 siendo 40 personas, cuatro veces más que ahora. Se nos quedará pequeño el chalé.

¿Por qué se han ubicado en un chalé y no en oficinas dentro de un parque tecnológico o de un centro de empresas?

Estamos desarrollando un producto para el hogar, y una casa es idónea para ubicar muchos sensores y probar qué sucede, qué datos se obtienen sobre cómo nos movemos, cuáles son nuestros hábitos. Además, el metro cuadrado nos sale más barato que en Cartuja. Con diez personas no era viable irse a una incubadora. Como la mayoría vivimos en el Aljarafe, optamos por buscar un sitio en la comarca y así evitar los atascos de Sevilla. Y nosotros tenemos la mentalidad del trabajo por objetivos, y no por número de horas. Nuestro equipo tiene objetivos que cumplir, y la opción de darse un chapuzón en la piscina, o jugar al billar, o con una máquina recreativa. No creo que haya muchas empresas en Sevilla donde los trabajadores dispongan de piscina. Son así mucho más productivos, está dando sus frutos. Las empresas españolas ya empiezan a entenderlo y a cambiar.

¿No puede lograrse ese incremento de productividad en una oficina más convencional?

Lo importante no es tener una mesa de billar o un futbolín. Eso es simbólico. Se trata de hacer ver al empleado que es el mayor activo de la empresa, y que ésta se preocupa por el bienestar de sus empleados. No solo con salario, sino también entrando en el reparto de los beneficios que se consigan, y con incentivos para retribuir su esfuerzo como estar trabajando en un lugar donde, cuando tu cabeza necesita despejarse mientras afrontas un proyecto, puedes relajarte un rato tomando el sol en el césped o tirándote a la piscina. Cuando la gente lo percibe, rinde al máximo porque se identifica con los valores de la empresa. Si surge un ‘marrón’, ni hace falta pedirle por favor que lo solucione, ya sale de ellos resolverlo.

¿Cuál es el modelo que las empresas deben abandonar?

El que se ha vivido en muchas consultoras informáticas en Andalucía, donde se cree que el trabajador produce más solo a cambio de dinero en horas extra. Están equivocados, porque es un modelo en el que el empleado no se siente importante, percibe que lo que hace tiene poco impacto en el desarrollo de su carrera, y por eso hay tanta rotación en la plantilla. Muchos se van cuando les surge una oportunidad, incluso con salarios inferiores, si el proyecto les motiva.

Si triunfan con Smart IoT Labs, es probable que por segunda vez viva la experiencia de ser tentado para comprarles la empresa. ¿Qué ha aprendido de la compra de Indisys por parte de Intel?

No estoy trabajando para vender la empresa, sino para crear un producto de éxito que sea muy vendido. Es un futurible con muchos ‘depende’ determinar qué puede ser o no una oferta irrechazable. Cuando Pilar Manchón y yo hablamos de estos temas, siempre decimos: Si hubiéramos sabido en 2013 lo que hoy sabemos, se hubiera vendido Indisys a Intel por el triple de lo que pagaron. Nos deslumbró que una empresa gigante viniera directamente a comprarnos poniendo el dinero por delante. Llegado el caso, esa experiencia, y los contactos internacionales que tenemos ahora, de los que carecíamos cuando empezamos en Indisys, me servirán para no dejarme deslumbrar y analizarla con otra perspectiva.

¿Aumenta en Sevilla el número de personas que confía más en su potencial para arriesgarse a crear empresas y empleos, en lugar de aceptar ofertas para trabajar por cuenta ajena?

Mi caso es una prueba de ello. En lugar de coger una gran oferta para trabajar en Madrid, he decidido no cobrar y dedicar parte de mis ahorros a intentar un éxito parecido al de Indisys. Me gustaría que en la opinión pública no se subestimen los esfuerzos de quienes deciden crear empleo en Sevilla mediante un producto innovador para vender en un mercado global. Ha de entenderse el enorme esfuerzo que hay detrás de eso. La cantidad de horas de formación y de trabajo, las noches sin dormir... Y percibo que quienes desde las instituciones públicas conceden ayudas a los emprendedores no son conscientes de eso, porque no lo han vivido. Y no saben discernir, en el reparto de dinero público, quiénes pueden crear doscientos empleos o quiénes no llegarán lejos.

¿Qué sugiere?

El ‘café para todos’ no optimiza el uso del dinero público. Ha de enfocarse a lo que tiene más posibilidades de prosperar. Y aprender de cómo el capital privado valora la trayectoria, las capacidades y los contactos de las personas que montan una ‘startup’. Porque equivocarse le duele: pierde dinero. Y sabe en qué centrarse para acertar.

Un consejo a los jóvenes.

Pegarse a los buenos para aprender, y ser consciente de lo que no sabes, para dejarte aconsejar y ayudar. Cuando entré en Indisys era mi primer trabajo a largo plazo. No sabía si la tecnología llegaría a ser suficientemente buena para lo que se pretendía. Pero no tenía dudas de que junto a alguien como Pilar Manchón iba a conseguir algo y aprendería mucho.


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