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Casas Palacio

Las Dueñas, mucho más que una Duquesa

Su fachada encalada no da la idea de un fastuoso inmueble contemplado y mimado por más de 500 años de historia

19 feb 2018 / 18:04 h - Actualizado: 20 feb 2018 / 09:05 h.
  • Vista de la fachada principal de Las Dueñas / Manuel Gómez
    Vista de la fachada principal de Las Dueñas / Manuel Gómez
  • Acceso a la capilla. / M. G.
    Acceso a la capilla. / M. G.
  • Uno de los patios ajardinados que se encuentran en el interior de esta casa palacio. / Manuel Gómez
    Uno de los patios ajardinados que se encuentran en el interior de esta casa palacio. / Manuel Gómez
  • Una de las salas interiores, llenas de mobiliario antiguo y obras de arte. / Manuel Gómez
    Una de las salas interiores, llenas de mobiliario antiguo y obras de arte. / Manuel Gómez
  • Detalle de la fachada interior principal de Las Dueñas. / M. G
    Detalle de la fachada interior principal de Las Dueñas. / M. G
  • Escalinata principal de la casa palacio de Las Dueñas. / Reportaje gráfico: Manuel Gómez
    Escalinata principal de la casa palacio de Las Dueñas. / Reportaje gráfico: Manuel Gómez

Puede haber pasado decenas de veces por su puerta y, sin embargo, más allá de una modesta pared encalada y la visión parcial de un jardín con naranjos, el Palacio de Las Dueñas se mantiene como un titán desconocido. Una casa noble más. Se podrá decir que una de las muchas que circundan el centro histórico de Sevilla. Y, sin embargo, quienes penetran en la residencia actual del Duque de Alba descubren una de las construcciones privadas más imponentes de cuantas hay en la ciudad. Quizás, o sin quizás, no hay otro lugar como este. «¡Pero si parece como un pequeño Alcázar!», se le oía decir a una visitante la semana pasada cuando transitaba de un jardín a otro, y a otro, y a otro...

Más de cinco siglos de historia contemplan una edificación comenzada a construir en el siglo XV y que alcanzó su mayor popularidad en el siglo XX cuando la Duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, convirtió Las Dueñas en su residencia principal. «Todo aquí la recuerda», dice el gerente de la residencia, Ricardo Gascó. «Siendo una casa vivida, toda la esencia sevillana y andaluza se concentra entre sus paredes. Esto no es un museo al uso, tampoco una pinacoteca, es una vivienda en la que el visitante encontrará multitud de grandes obras de arte», dice.

Desde que abrió sus puertas al público en marzo de 2016 miles de personas cruzan su verja diariamente (casi 150.000 visitantes al año). Y hay dos públicos claramente diferenciados; los que vienen atraídos por la Duquesa de Alba y quieren ver la huella que dejó en la casa. Y, generalmente, los turistas que, más ajenos a las personalidades, se acercan en una clave estrictamente cultural. «Conviven esos dos tipos de visitantes aunque poco a poco esperamos que los segundos sean más que los primeros», dice Gascó, orgulloso del éxito y los buenos comentarios que genera la visita en la red. ¿No hay críticas? «Sí, pero ante esas no podemos hacer nada, y suelen incidir en que por qué cobramos entrada. Esta es una casa privada, toda la taquilla se destina al cuidado del palacio –infraestructuras, restauración– y al mantenimiento de los más de 20 puestos de trabajo estable que generan Las Dueñas», defiende.

Junto con Pilatos, la gran casa nobiliaria del barrio de San Luis propone una inmersión en artes decorativas, en botánica, en arquitectura gótico-mudéjar y renacentista... «La colección es impresionante, de las paredes cuelgan obras de Ribera y Luca Giordano, hay escultura de Benlluire, tapices de Pannemaker y en la capilla, junto a un solideo del Papa Benedicto XVI puede contemplarse un retablo renacentista de Neri de Bicci», detalla. Ante él se casó la Duquesa de Alba con Alfonso Díez en 2011. Durante este año también podemos ver el Retrato de don Juan Antonio de Miranda, de Murillo, sumándose así a los fastos del año del pintor sevillano. «Estamos abiertos a múltiples iniciativas, actualmente negociamos con la Bienal de Flamenco ser escenario de algún espectáculo», reconoce Gascó. Mientras pasamos de una estancia a otra decenas de personas se mueven por la casa. «La Duquesa era del Sevilla», «¡Qué va a ser del Sevilla, era del Betis!», dicen discutiendo dos mujeres que fotografían impulsivamente todo lo que ven a su paso. Las Dueñas tiene su propia historia, pero cada visitante trae la suya propia de casa. Fotografías, regalos, figuras, incluso un espacio dedicado a su memoria, la sala del tablao, donde practicaba el baile flamenco con su gran amigo Enrique El Cojo, recuerdan a la más popular habitante del palacio. En este rincón se exponen los regalos que, a su nombre, todavía siguen llegando a menudo hasta aquí.

«En pocos años lograremos ser el tercer monumento de Sevilla en número de visitas», dice Gascó. Es una ambición de máximos pero está dispuesto a luchar por ello. «La Catedral de Sevilla es impresionante pero... con todos los respetos, en casi todas las ciudades del mundo hay una catedral. En cambio, Las Dueñas solo están aquí. Es un lugar único con 500 años de historia», defiende.

Porque este palacio, pese a todo, es mucho más que la historia y vivencias de una Duquesa. El poeta Antonio Machado nació aquí el 26 de julio de 1875 y pasó ocho años de su infancia recorriendo estas estancias. Y si las paredes hablasen darían testimonio de otros ilustres visitantes que han pernoctado en la casa, como el rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, la emperatriz francesa Eugenia de Montijo, el príncipe de Gales Enrique VIII, los duques de Windsor y de York, Jorge VI, Lord Holland, Marconi, Italo Calvino, Cole Porter, Arthur Rubinstein, el príncipe Rainiero de Mónaco y Grace Kelly, la primera dama de Estados Unidos Jackeline Kennedy...

Estorninos, palomas y algunas cotorras pautan musicalmente el transitar entre unos patios y otros. En el Jardín de los Limoneros la vegetación es frondosa y, a la caída de la tarde, el ambiente se tiñe de melancólico romanticismo. «Y sí, la Duquesa paseaba por estos jardines. Las Dueñas ha sido siempre una casa muy vivida, nada de lo que vemos es un decorado», resume su portavoz. «Una señora estuvo viniendo cuatro días seguidos y se sentaba en el mismo banco del mismo jardín. Nos interesamos por ella y simplemente nos confesó que estaba enamorada del lugar». A la sombra de un ficus milenario y de un almez centenario, los pensamientos y los recuerdos fluyen. Esa es la poesía que destila la casa. Paisajes, arquitectura y cultura son los estandartes de Las Dueñas... aunque todavía haya público que pregunte, en vano, si puede ver el cuarto de baño (!) de la Duquesa de Alba. «Sería fácil vender entradas así pero no buscamos alimentar el culto a una persona, este lugar quiere representar la esencia de Sevilla; es un perfume que solo se puede encontrar en Andalucía, y en ninguna otra parte del mundo», dice concluyendo la visita. Esta, si se planea con antelación, también puede ser sinestésica. El palacio huele a rosas y a azahar cuando estalla la primavera. Y adquiere un color y una atmósfera radicalmente diferente si optamos por visitarlo en la anochecida.

5.000 metros cuadrados visitables

La Casa Palacio de Las Dueñas está abierta todos los días del año excepto el 25 de diciembre y los días 1 y 6 de enero. Su horario, de abril a septiembre, es de 10.00 a 20.00 horas; y de octubre a marzo, de 10.00 a 18.00 horas. El último acceso es 45 minutos antes del cierre. La entrada general cuesta ocho euros, la de grupos, siete; y la reducida, seis (discapacitados, niños y mayores de 65). Puede visitarse con audioguía (dos euros) y también hay visitas guiadas. Las Dueñas está dentro del proyeco Sevilla Walking Tours que unifica a cuatro casas palacio sevillana pudiendo obtener descuentos en el tour completo.


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