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Toros

Villita se impuso con autoridad en la final

El novillero toledano cortó la única oreja del festejo mostrando capacidad de resolución, sentido de la estética y una gran proyección profesional

27 jul 2018 / 10:18 h - Actualizado: 27 jul 2018 / 10:25 h.
  • Villita paseando su oreja. / Toromedia
    Villita paseando su oreja. / Toromedia

Deshecho el paseíllo, El Primi cruzó el ruedo. Se colocó de rodillas en la raya, mucho más cerca de lo que ahora se estila, para tratar de recibir al primer novillo de Jandilla a ‘portagayola’. El novillo salió sin brío y el aspirante de Cañada Rosal esperó demasiado para tirar la larga. Cuando quiso reaccionar ya lo tenía en la mismísima cara. Le echó mano y le propinó una fortísima voltereta. Se lo llevaron visiblemente maltrecho a la enfermería. Ya no volvería a salir.

El festejo se convirtió de esa manera en un improvisado mano a mano entre Villita y Pablo Páez. El duelo, además, suponía un enfrentamiento entre la escuela sevillana y el madrileño centro Yiyo de la Comunidad de Madrid que ha sustituido a la defenestrada escuela municipal clausurada por Carmena y su tropa.

La verdad es que Villita, que es de nacencia toledana y aún no ha cumplido los dieciocho años, se impuso con autoridad en esta final inesperada. El chaval tiene cabeza, capacidad de resolución, reflejos... y además torea bonito. Ojo, tampoco contó con el mejor lote del envío de Jandilla, que sí puso en manos de Páez un ejemplar de revolución con el que no terminó de soltar los nervios. Pero conviene ir por partes...

Con los turnos recompuestos por el percance de El Primi, a Villita le correspondió estoquear los erales que saltaron en segundo, cuarto y sexto lugar. Y a partir de ahí podemos narrar la calidad de los ayudados con los que comenzó su faena de muleta a ese segundo, al que toreó naturalmente asentado cosiendo serie a serie con gusto e inspiración. Villita se hartó, literalmente, de torear al natural y se mostró hondo y rotundo por el lado derecho. Cayó la oreja, la única que se iba a cortar en todo el festejo.

El cuarto novillo fue otra canción. Había salido como sobrero después de que el titular cayera fulminado al estrellarse contra un burladero. Villita volvió a mostrar fondo y sabor en el inicio de una faena que tuvo una gran virtud: acertar a sujetar y aprovechar una embestida mansa y rajada a favor de su inercia. Algo parecido le ocurrió con el sexto, otro bicho con ganas de tomar la puerta al que llegó a pasar con sentido del ritmo, la distancia y el temple enseñando que su envoltura estética camina a la par de su fondo técnico. El eral, eso sí, se terminó rajando pero tuvo que tragarse nuevos muletazos en su querencia por parte del aspirante toledano, que fue arrollado sin consecuencias.

Villita había tenido como único contrincante al novillero rondeño Pablo Páez que tiene muy presente -no sabemos si para bien- la rendida admiración que siente por Julián López ‘El Juli’. Ese espejo le lleva a forzar en exceso la figura en la pretensión de llevar más largos a sus enemigos. Pero el toreo es relajo y naturalidad, que brillaron por su ausencia en las tres intervenciones del alumno de la Escuela de Sevilla. Páez no toreó mal pero seguramente sí toreo sin sentido de la estética.

En su primer novillo, el que estoqueó por El Primi, muleteó con demasiadas prisas, algo atenazado por los nervios, sin llegar a cogerle el aire por completo por la izquierda. Hubo fogonazos pero también demasiada discontinuidad. ¿Qué pasó con el tercero? Lo llevó francamente bien con el capote, mostrando un relajo que no supo trasladar a la muleta, que volvió a manejar acelerado, forzado y abusando de tirones en el remate de los muletazos. La misma canción se iba a repetir con el excelente quinto, al que lanceó con buen aire y muleteó envarado y doblado como una alcayata. Cuando se olvidó de esos estereotipos y relajó la figura fluyó el toreo de otra manera y hasta se gustó por naturales. Posiblemente, deba buscarse a sí mismo.

Ficha del festejo

Ganado: se lidiaron seis erales de Jandilla, incluyendo el sobrero que hizo cuarto. El encierro mantuvo un aceptable tono global aunque pecaron de exceso de mansedumbre los lidiados en cuarto y sexto lugar. Segundo y tercero resultaron más que potables pero el quinto fue, con diferencia, el de mayor clase y toreabilidad del envío.

Finalistas: Primitivo López ‘El Primi’, de verde agua y oro con remates negros, pasó a la enfermería en la lidia del primero.

Pablo Páez, de corinto y oro: silencio tras aviso, silencio y ovación

Juan José Villa ‘Villita’, de marfil y oro: oreja, silencio tras aviso y ovación

Incidencias: La plaza registró dos tercios de entrada en noche agradable. El banderillero Ramón Moya saludó tras parear al cuarto. El Primi fue atendido en la enfermería de “Politraumatismo con contusión lumbar y torácica” de pronóstico reservado. Se le trasladó a un centro hospitalario para una exploración más deteni


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