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El viento en el agua

Lucía Solaz Frsquet, con esta novela, comienza el camino de la madurez literaria

07 oct 2017 / 08:29 h - Actualizado: 05 oct 2017 / 12:54 h.
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  • Portada de ‘El viento en el agua’. / El Correo
    Portada de ‘El viento en el agua’. / El Correo

Enmarcada en una época de posguerra devastadora, esta cuarta novela de Lucía Solaz Frasquet, tras Manuscrito en el tiempo, El retorno de los bardos y Entre sombras, supone un cambio hacia la madurez como escritora de esta valenciana. Se sitúa, gracias a mimbres filosóficos de enjundia, en el interior de una sociedad secreta llamada La Fundación, que sirve para que unos personajes en apariencia anodinos sean introducidos en el cristianismo ortodoxo como último reducto de fe, así como en la psicología positiva y en el psicoanálisis de Jung (no así el de Freud, cuya línea de pensamiento resulta a sus ojos más simplista). Se pretende reconciliar en ideas al matrimonio de Emma y Spencer, aún a sabiendas de que Robert Douglas quiere estar entre ambos. Spencer, al que en un principio vemos repasar un documento de trabajo puede tenerse como tipo especialmente racional en sus presupuestos, al menos eso es lo que puede llegar a pensar la protagonista abducida también por Jane.

De todos los personajes que aparecen, es de una ternura insobornable el sacerdote Henry, tan parecido al padre Brown de Chesterton.

Por otro lado, la novela, que utiliza un narrador en tercera persona que el rigor del género pide que sea omnisciente, consigue atraernos a la figura de narrador complejo, por momentos, de Henry James, sin mayores malabarismos en el lenguaje; a veces obtiene su prestancia en un género fantástico que, sin llegar a resultar macabro, consigue transportarnos a una atmósfera de tensión contenida entre opuestos.

Temas como el suicidio, la necesidad de cambio de roles entre el tradicional masculino/femenino o ideas que, a veces, vienen expresadas repetidamente en palabras grandes (amor, alma) configuran un corpus de pensamiento que se identifica con el goticismo como género, pero intentando trascenderlo a través de la filosofía descrita.

Una filosofía radical que para muchos no será consuelo, pero que para otros tantos puede llegar a ser el inicio de la universalización de su propio sistema de valores.

Afincada durante un tiempo en Londres, su autora encuentra en imágenes potentes y conversaciones muy bien dialogadas todo un filón sobre el que desenvolver ideas como la identidad del ser humano, su capacidad para obtener lo que necesita, siempre desde una suerte de misterio, que mantiene al lector en un estado de duermevela, del que parece que están hechos los sueños.

Calificación: Muy interesante.

Tipo de lectura: Densa e intensa.

Tipo de lector: Poco acomodado en su butaca.

Argumento: En clave misteriosa.

Personajes: Hay de todo.

¿Dónde leerlo?: Cerca de cualquier páramo escocés lo suficientemente poco concurrido.


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