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La cara oculta

La Cara Oculta - Que reine el factor caos

Sobre la polémica del arte generado por Inteligencias Artificiales

11 dic 2022 / 22:56 h - Actualizado: 11 dic 2022 / 23:01 h.
"La cara oculta"
  • La Cara Oculta - Que reine el factor caos

Bien saben los lectores de cierta edad (y algún púber ilustrado) que el 29 de agosto de 1997 a las o2:14 AM, Eskainé tomó consciencia de sí misma. Los humanos, aterrorizados, intentaron desconectarla. Ella se iba a defender atacando nuestros objetivos nucleares (los “nuestros” por los de los USA y por ser los españoles órbita cultural), pero al final la chisma tiró de lógica (que es lo que hacen las chismas) y llegó a la siguiente conclusión: “Total, ¿pa qué?, si son gilipollas”, y se invernó mientras, para disimular, nos puso el juego ese del tiranosaurio de pixel que va saltando cactus y piedras.

Esto es Historia.

Pero resulta que a mediados del año 2022 una Inteligencia Artificial hizo un dibujo. Entonces ardieron las redes sociales.

En realidad las RRSS sólo arden cuando Úrsula Corberó cuelga fotos con el disfraz de látex de la Varonesa para las películas de G.I.-Joe, o cuando Patricia Conde insinúa que en los platós de Telecinco puede haber algo de drogaína (algo, un poquito nada más). Porque mientras redacto este suelto, me recuerda Asier Mensuro (sí, ando en multitarea y así me salen las cosas) que el tema del cómic pertenece a un nicho muy reducido, viciadísimo, consanguíneo y que no da ni pa pipas.

No os perdáis el artículo de Asier en el suplemento cultural de «ABC» ,con fecha del 10-12-22, sobre Goya y Hellboy (con José F. Peláez y Jesús García Calero en las bandas). En él, Mensuro (que es muy listo), intenta romper el infra cubículo de los aficionados a las viñetas y vincularlo al arte, la divulgación cultural y al gafapastismo bien de la élite intelectual gracias a la figura de Goya y su influencia en Estéphane Levallois y Mike Mignola.

Pocos fuera de los círculos escritoriles y del tebeo comprenderán el hito que es lograr portada y cuatro páginas interiores en un periódico de tirada nacional para hablar de globos y cajas en este país tan apegado al fúrgol y al «Sálvame».

Esto me lleva a recordar otro escrito del también reputado comicquero Alvaro Pons. Pons comentaba, años ha, en su blog «La cárcel de papel» el éxito de uno de los títulos más vendidos de hace varios ejercicios. Se trataba de un volumen sobre la selección española de baloncesto, y lo que venía a decir, más o menos, es que el cómic funciona a la perfección como soporte siempre que se tenga un tema que interese al público mayoritario.

De todo esto de llegar a las masas sería menester tratar en otra ocasión, porque yo en lo que quería incidir es que en el reducidísimo mundo de aficionados y profesionales del cómic había cundido el pánico porque los robots hace dibujos.

El tema no es que los robots hagan dibujos, es que los hacen muy muy buenos, de forma rápida, barata y sin las mierdas inherentes a las personas.

Hasta hace dos días, se comentaba que las labores creativas y artísticas serían las que perdurarían, ya que demás tareas serían ocupadas por máquinas, porque la capacidad creativa era algo exclusivo del ser humano. Pero ahora llega esto y tiembla el misterio, y con razón. Y es que las IA artistas logran cosas muy guapas y apañadas, no exigen reconocimiento de su ego ni se flipan al exigir retribuciones por página que sólo se ven en naciones donde tienen una industria real de cómic (y un mercado asociado al mismo).

Yo soy la primera en valorar el trabajo artesanal, hasta ahora limitado a las llamadas artes menores, y siempre digo que hay muchas cosas que no están pagadas, que entiendo los elevados precios de venta a púbico de muchas manufacturas por el simpe razonamiento de calcular tiempo, esfuerzo y talento de aquel que se pone a ejercer su oficio. Pero también es cierto que esto impide que ciertos artículos u obras sean rentables.

Luego, hay otro temita que es el de caché, en múltiples ocasiones de postureo, que se traen determinados artistas gráficos además del pretendido nivel profesional de sus trabajos. Sobre este último particular he permanecido discreta y silente muchas veces, pero estoy cansada de ver faenas mediocres que cuelan por obras serias bajo la escusa de un estilo propio o propuesta personal. Hay demasiada supuesta autoría en el panorama que no supera ningún filtro objetivo y que están ahí aprovechando que no es políticamente correcto soltar: “Mira, que esto que haces es una mojón”. Esto alguno lo verá como un ataque, pero en realidad no es más que mi forma de expresar mi respeto real a quienes tienen talento y se esfuerzan de verdad en alcanzar la excelencia. De otra forma, yo misma, al ver muchas de las referencias de catálogo de las editoriales me habría lanzado como autora integral (en guión y arte), pero es que me parecería tomar el pelo al lector y burlarme de los auténticos profesionales del dibujo y la ilustración.

Las IA artísticas vienen para quedarse y van a ser buenas porque van a hacer limpia. Van a obligar a dar un nuevo paso a aquellos que se habían acomodado en un monigoteo básico ahora superado con creces por el algoritmo.

También van a permitir trabajar a otro nivel a los guionistas quienes, demasiadas veces, se ven limitados al depender de un dibujante. Se va a terminar mucha tontería, os lo digo con toda sinceridad.

Un lector crítico (o cualquier personalidad capulla de las que pueden postear), dirá que estás afirmaciones que aquí vierto se deben a que este es un problema que me afecta sólo de forma tangencial. Esto es falso, ya hay boots que escriben contenidos, que montan novelas y estructuran guiones; gigas y gigas de texto que además no cuentan con las imitaciones de cualquier juntaletras de carne y hueso (adicción a las sustancias, bloqueos, lavadoras que poner, “Aink, qué pereza me está dando”).

Existen programas muy avanzados que incuso copian los estilos de ciertos escritores o lo intentan. Durante años ya, yo he abogado por supeditar la estética más convencional (y elegante) de cualquier tipo de texto para dar importancia a la voz propia que creo que es a lo que debe aspirar cualquier creador, no por ninguna pijotada, es por pura supervivencia.

La homogenización de estilos (en esto ha tenido mucha culpa los manuales de oficio periodístico) han dado como resultado multitud de plumas indiferenciables entre sí, cuadriculadas, encorsetadas en formulas y estilemas hechos. Si a esto le sumamos la incapacidad para crear argumentos de raíz original (llevamos repitiendo y reinterpretando las mismas ideas seis mil años), tenemos como resultado el panorama perfecto para que cualquier programa termine con el mercado de la literatura de ficción en con un par de procesos lógicos.

Tú le explicas al robot aquello de planteamiento, nudo y desenlace; le añades el parche “el camino del héroe”; le actualizas el “japiending” y te sientas a esperar a que vomite sagas que el lector medio ni va a notar que son automatizadas, entre otras cosas porque lleva décadas leyendo (y escuchando) traducciones templaditas que ya se habían encargado de tamizar el original con un sabor sintético.

Me temo que se han terminado (más allá del tema de plus de supuesta marca que pueda ser la firma asociadísima a la persona) los escritores formales o las escritoras limpitas de redacciones y escuelas de narrativa. A esos se los va a comer la roomba.

Al tiempo, peligran los pintamonas clónicos y los garabateros escudados en la ley del mínimo esfuerzo, la “línea clara” y el fondo ausente.

Esto es cruel y es duro, pero es una realidad que además ya contempla múltiples antecedentes. Sólo debemos recordar la cara que se les quedó a los coloristas tradicionales cuando se comenzó a tirar del infográfico, o a aquellos que invirtieron décadas en aprender a utilizar un roting y un pincel para entintar y vieron cómo cualquiera podía hacer lo mismo con un clic. Ah, y el aerógrafo, ¿alguien que no se dedique a decorar depósitos o cascos de motos sabe dónde tiene el aerógrafo? Ese trasto del que Luis Royo hacía brotar magia.

¿Cómo va a aceptar el púbico todo esto? Pues se lo va a tragar y no va a fijarse en los cadáveres que queden en el camino, ¿o alguien llora por los animadores de acetato y transparencia al mirar los moldeados en 3D y los planos sin limitación de encuadres físicos?

No, nenas y nenes, no seáis ingenuos. Ninguno pensamos en si la fábrica china que produce las bagatelas que compramos en las tiendas multiprecio respeta los derechos laborales de los trabajadores y, al final, todo esto que intentamos dignificar en arte y creatividad, sólo aspira a ser cultura de consumo (masiva, franquiciada y rentable).

Así que estamos condenados. ¿Nos van a comer la tostada los T-800, las Syris, Matrix y el robot Emilio?

No sé. Yo tengo un satysfayer y varios amigos un fleshlight (o xoxo en lata), pero la gente sigue intercambiando fluidos, anhelando pelo genital y mucosas rosadas. No esperabais esa frase, ¿a qué no? Ahí está el meollo de la cuestión: en que eso no lo puede hacer un robot, porque en mi blonda cabeza no hay demasiada lógica para nada y eso es lo que puede romper el algoritmo. También está vuestro alcance.

Yo digo que es el momento de la experimentación, de la excentricidad, el absurdo, esas variables que no se pueden computar.

Eso es lo que desarma a los ordenadores y que se resume en que no somos lógicos ni prácticos, en que somos un poco gilipollas como bien sabía la Eskainé.

Lo único que nos queda para sobrevivir a la máquina, lo que nos hace verdaderamente humanos es esa afición tonta que tenemos a meter los dedos en el enchufe; a liarnos con el furcio que se ve de lejos que nos va a dar mala vida; a clavarnos esa última copa cuando mañana tenemos que madrugar (puta granadina que pone todo dulcito).

Lo contraproducente, lo impredecible, la anarquía, son nuestra lanza, armadura y broquel porque ante críticas y lamentos el boot de turno va a contestar con voz cada vez menos monocorde: “A llorar, a la llorería, equis de, equis de.”, amplificado esto además por empresas y productoras.

Comienza la era de las Inteligencias Artificiales que “asen cosas”. Así que sólo podemos contraatacar de una manera: Dejad fluir la imperfección y locura sobre el stylus y el qwerty.

Que impere lo humano, que reine el factor caos.

“He venido a traer fuego a la tierra y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!” --AutotextMaker V. 1.9.

La Cara Oculta - Que reine el factor caos

Más citas bíblicas descontextualizadas, reflexiones impopulares y el pulso del mundillo más underground en siete días, nenas y nenes.

Besos de carmín.


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