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La cara oculta

La Edad del Hambre del cómic español

Me permito reflexionar esta semana sobre cosas de tebeos

06 may 2022 / 16:10 h - Actualizado: 06 may 2022 / 16:12 h.
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  • La Edad del Hambre del cómic español

Aprovecho que los autores serios están de saraos para hablar de la trastienda del cómic, y me refiero al cómic español, del que muchos medios generalistas (que no tienen ni repajolera idea ni interés alguno por tenerla) y muchos medios especializados (más influidos por un falso entusiasmo y por una visión de friki) han colocado en una nueva y actual Edad de Oro.

De ser yo propensa al debate (cosa que no) podría entrar en uno sobre si en la creativo y artístico vamos sobre lo áureo. Me encuentro con títulos que me confirman que sí, pero también con otros ante los que sólo puedo decir: “Y habrás tenido las gónadas de haber querido cobrar esto”.

Pero sobre estos últimos habría que profundizar en la oferta la demanda y el reclamo de ciertas firmas.

En lo económico creo que hay que quitarse la careta y afirmar que estamos en una Edad de Hambre. Esto lo afirmo yo que por lo visto debo de ser una de las guionistas (me refiero a guionista a secas) mejor pagada de la viñeta en este país. Esto lo deduzco porque cuando salgo de mi zona de confort en prensa y me adentro en el mundo editorial, las propuestas monetarias que me llegan son irrisorias.

Hace dos semanas contacté con una editorial pequeñita, seria y maja. Fueron muy claros con lo que había, tenían y podían pagar. Fueron (y son) tan legales que me pasaron un contrato donde figuraba un primer pago del diez por ciento del PVP de los ejemplares de la primera tirada vendida en su totalidad.

Y ojo, me hablaron de mil o mil quinientos ejemplares, lo que hoy por hoy se puede considerar una tirada mediana, más si lo comparamos con las que se realizan de novelas o antologías que se reducen a quinientos y que además no te adelantan nada y que te liquidan según sus propios datos .

¿Es este porcentaje justo? Esta es la pregunta que se está debatiendo estos días en distintos foros y mentideros. Yo no puedo acabar de decantarme sobre si sí o si no, lo que tengo absolutamente claro es que es inasumible.

Yo entiendo que hay unos costos de producción, de distribución de edición propiamente dicha, e incluso alguno de promoción (aunque ni cuando he publicado con un gigante como Planeta Cómic he visto nada relacionado con la promoción), pero no puede ser que el germen, el origen del producto sea la parte que más invierta y menos gane.

Y, sobre todo, es que no es rentable, simplemente no se puede hacer cómic con esos precios de mercado. Es que es el mercado, amigos, así de sencillo. Las editoriales hacen esas tiradas tan reducidas por el simple hecho de que es lo que van a vender si tienen mucha suerte, porque en este país no se lee cómic español y no se compra cómic español.

Somos un país que lee poco y además un país que es incapaz de valorar el talento nacional. También somos un poco gilipollas, porque cuando el talento se va fuera y desde fuera nos lo venden, entonces sí, entonces es lo más mejor del mundo; salen diez mil diciendo: “Yo ya te seguía cuando publicabas tus chistes en fanzines españoles”. Na, mentira, de ser así no habría tenido que irse fuera.

Bien, hasta aquí he hablado de la mierda que hay, esta situación la conoce todo el mundo que haya firmado un contrato editorial.

Ahora podría seguir quejándome sobre el papel del guionista en detrimento ante el del dibujante; de los catálogos editoriales colmados de pililas adornados por alguna autora extranjera para guardar las apariencias; incluso podría hablaros de que este no es un negocio serio porque los editores no son serios y van de divinos para con los autores y de llorones respecto a todo lo demás.

Joder, es que podría hablar de sellos que directamente no admiten obras nacionales; dar nombres de editores que me iban a hacer el favor de publicarme y “aserme mu famosa”; y de editoriales súper inaccesibles que luego querían pagar menos por un tomo que lo que se gastaban en sellos.

Pero es que he leído a varios nenes muy listos (y que seguro que saben mucho más que yo y aquí no hay ironía) que han escrito sobre la problemática. Con todo el respeto que me merecen, creo que no acaban de ver que no hay que inventar nada, que la solución ya está inventada.

El cómic español necesita algo que lleva funcionando en este país desde hace mucho: Lo mismo que el cine patrio. Hablo se subvenciones, de nacionalización, de intervencionismo de Estado, de ayudas públicas, de cuotas, de que aquí no se saca nada de las major USA a menos que tengas un porcentaje de catálogo de autores españoles (esto se llama protección cultural y lo hacen los países del primer mundo por eso no hay guionistas españoles donde se corta el bacalao), de que las bibliotecas públicas deben comprar títulos de gente de aquí, de que el ministerio de Cultura tiene que estar en las ferias de derechos y exportar los productos fuera y dejarse de gastarse el dinero en cartelería que anuncie el San Isidro (que ya hay calendarios para eso).

Sí aquí no se vende (porque en este país no se lee), habrá que buscarlo fuera.

El problema es que el cine español da muchos puestos de trabajo, involucra a mucha gente, y es además industria subsidiaria de las empresas de catering y de las de alfombras malas de las que se ponen sobre la acera.

Otra gran diferencia es que el cómic español, bien vendido, podría mirar de tú a tú a cualquier producto extranjero por el simple hecho de que en papel, letras y tinta, no hay carencias estructurales que hagan jugar a la obra en segunda división.

No se puede seguir echando la culpa a las editoriales ni a las distribuidoras del hambre del artista, ya que son un mal necesario, un reclamo en el que todos, TODOS, entramos, por eso no funciona aquí el micromecenazgo. Por eso hay autores geniales que montan un crow y no lo sacan y se tienen que poner a dibujar cualquier franquicia. Y es que me apuesto un vestido de Zara contra uno de Adolfo Domínguez y no lo pierdo, que mañana un primer espada de los que trabajan para la Marvel se monta un “Lánzanos” y se lo come con patatas, porque no va a salir del círculo de los aficionados de siempre y de los doscientos likes en RRSS (muchos menos que una teta) asociados a los comentarios de “Pintaza”, “Ganazas”, “Con tu permiso comparto”. Si el gran sello editorial no lo promociona y la distribuidora no lo pone en todos los hipermercados, no se vende.

En fin. “¿Cómo se hace lo del cine, rubia?”, diréis algunos. Pues, nenas y nenes, yo sólo veo una solución: la asociación, el crear un colectivo con fuerza suficiente para defender los derechos del sector. Y un colectivo fuerte de verdad no puede estar basado ni limitarse a profesionales del ramo al que representa. Con esto quiero decir que cualquier sindicato necesita de una estructuración que vaya más allá de sus representados: se necesitan abogados, portavoces, gestores, incluso captadores, y todo esto vuelve a ser el mercado, amigos, se necesita pasta.

Cualquier colectivo de autores que no funcione con un presupuesto, que no cuente con fondos para poder articular sus objetivos e intereses, no pasa de ser un club de amigos que de vez en cuando protestan, firman una carta o se dedican a excluir a quién no es de su cuerda.

Y, por favor, con esto no critico a ninguna de las asociaciones que hay ahora mismo en activo, ruego que no se entienda así, y exijo que se contextualicen mis palabras. Es más, yo apoyo las asociaciones de autores y creo que deben ser los propios autores lo que organicen ese sindicato global (en mi paja mental incluso se me ocurre el término de “cooperativa”), o de lo contrario volveríamos a hablar de los porcentajes sobre ventas irrisorias en no mucho tiempo, pero tiene que ser con otra estrategia de actuación. A la vista están los pobres resultados de las que se han acometido hasta la fecha.

Ju, se me pira, porque imagino una cooperativa capaz de tener su propia imprenta, su propia distribuidora, su propio canal de ventas online y un par de tiendas físicas, su equipo para que vaya a las ferias de derechos de autor, sus comerciales de implantación editorial, y a alguien que se dedique exclusivamente a dar el coñazo al ministerio de Cultura diciendo:” Eh, semos los de las viñetas, Eh, semos los de las viñetas, Eh, semos los de las viñetas, Eh, semos los de las viñetas...”, hasta que suelte pasta del ICO o la propia resultante de poner la frase de “Con la colaboración del Gobierno de España”.

Y para eso hay que tratar con alguien que no se dedique a los monigotes y a las onomatopeyas.

¿“Oks, oks, vale, vale, So, como se capilariza ese sueño húmedo tuyo hasta llegar al autor”?

Aing, nenes y nenas, vayamos por partes. Pero para eso tenemos el bonito modelo de la SGAE como ejemplo del que partir. Además, que yo no tengo ni idea de nada, y por eso no tengo vergüenza en preguntar a quién sí sabe.

Mi propuesta se resume en: el modelo es insostenible, inviable y está obsoleto. Utilicemos el modelo, porque está obsoleto para los creadores pero no para el resto de actores en la bonita aventura de hacer cómic.

Que he estado yo en algunas sedes y se veía aquello lustroso y bien fregado.

La Edad del Hambre del cómic español

Nada más, ya la semana que viene vuelvo a lo mío de reseña divulgativa y menciones y dejo mis ensoñaciones de un ejército de los locos.

Besos de carmín.


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