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El Correo a fondo

Doñana, entre dos aguas

La cuenca del Guadalquivir y la del Tinto-Odiel-Piedras. Agua subterránea y agua superficial. Un paraíso natural que algunos desean proteger y otros consumir. El cambio climático, más feroz que nunca. ¿Estamos preparados para lo que se nos viene encima?

22 ene 2020 / 05:45 h - Actualizado: 22 ene 2020 / 05:09 h.
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  • Doñana, entre dos aguas

Imagínate. Semanas de vuelo, huyendo del calor aplastante de África. Una visión del Estrecho que no cualquier dron puede producir. Las alas, hechas papilla. El plumaje, demasiado blanco. Vamos, totalmente deshidratado. Pero, parece que ya viene... El olor inconfundible del pino piñonero y el acebuche. La marisma salobre. El sabor a...Un momento. ¿Y este olor a gas? ¿Por qué esta todo quemado? ¿Dónde está el agua?

Miles de flamencos vuelan a Doñana en busca de refugio cada año. En realidad, más de 450.000 aves anidan en el Parque. Cada vez con más frecuencia, se encuentran con un problema: no hay agua. ¿Y por qué no hay agua en Doñana?

Múltiples factores influyen en este tema. Entre ellos, las escasas lluvias en los últimos años, el aporte de agua que se suministran en la aldea de El Rocío y el núcleo costero de Matalascañas, y las extracciones constantes para la agricultura intensiva. Esto no es nada nuevo, ya que se lleva practicando desde 1969, año en el que se crea el Parque Nacional por decreto. Otro asunto es el del cambio climático, el cual ya se está haciendo notar y está acelerando todo el proceso.

El clima de Doñana es el mediterráneo sub-húmedo, el cual se caracteriza por temperaturas suaves y las cuatro Doñanas, una por cada estación. Y es que, el paraje, como por arte de magia, cambia de aspecto a lo largo del año. Desde una marisma supuestamente inundada en primavera y especialmente en otoño, hasta tres meses de aridez en el verano. Tiene tal presencia, que incluso en la época estival parece que esté llena. Es el llamado ‘espejismo de la marisma’.

Cuando hablamos de cambio climático, entramos en una especie de laberinto. Hay que saber distinguir, por ejemplo, el natural del inducido por el hombre y el global, del regional. Según el último informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) de Manos Unidas, “la temperatura superficial global media en 2100 se situará entre 3,7ºC y 4,8ºC”. En la actualidad, la temperatura de la Tierra es de 1ºC y, a veces, ya se nos hace insoportable. Es por eso por lo que dicho comité científico alerta de mantenerla en un máximo de 1,5ºC, puesto que es imposible volver a temperaturas preindustriales.

Desde la revolución de finales del siglo XVIII, la industria de la carne, la petrolífera, la textil, la agrícola y la ganadera, entre otras, han provocado más emisiones de CO2 en la atmósfera que en toda la historia del planeta. Ello es, por ejemplo, el causante de que los polos se estén derritiendo, las intolerancias y alergias se estén disparando, que los mosquitos empiecen a transportar el virus del dengue a países donde nunca lo habían padecido y de que ya hablemos de refugiados climáticos.
En cuanto al cambio natural, no hay duda de que la Tierra, por sí sola, tiende a regenerarse. Si bien lo hace llevándose todo por delante. Cada vez que ha tenido lugar una extinción, la vida en el planeta ha desaparecido y a los cientos o millones de años se ha vuelto a originar. Así, el clima va cambiando con constancia, aunque muy lentamente. En los últimos mil años, se han gestado el Periodo Cálido Medieval (7001300 D.C.) y la Pequeña Edad del Hielo (1450-1850 D.C). Para Arturo Sousa, mientras que en toda Europa el clima era cálido y frío, en Andalucía fue seco y húmedo, respectivamente. De hecho, asegura que, en Andalucía Occidental, el litoral oriental onubense sufrió un importante proceso de aridización desde el final de la Pequeña Edad del Hielo. A partir de ahí, nos encontramos en el sonado Calentamiento Global.

322 especies de vertebrados han desaparecido desde el año 1500. Dos por año. La sexta extinción está a la vuelta de la esquina y somos los causantes de su aceleración. En palabras de la Junta, el cambio climático amenaza con consolidar un proceso de desertificación en Doñana. El previsible aumento generalizado de las temperaturas en los próximos años puede dar lugar a una reducción de los aportes de agua que llegan actualmente al Espacio Natural. Esto ocasionaría una reducción de la humedad del suelo que perjudicaría a las formaciones vegetales de los ecosistemas acuáticos, los cuales quedarían en grave peligro. Asimismo, de mantenerse el volumen actual de extracción de aguas subterráneas, y teniendo en cuenta el aumento del nivel del mar, se produciría una salinización de los acuíferos costeros.

El flamenco solía ser un ave invernante. Ahora, dos de las seis especies son residentes fijos. Y lo cierto es que aumentan en número cada año. Hay quien dice que se debe al cambio climático. La alimentación de estos pájaros se basa en la Artemia Salina, un crustáceo que, al ingerirlo, explica el color rosado de sus cuerpos. Además, es propio de aguas salobres, aquellas que tienen más sales disueltas que el agua dulce, pero menos que el agua de mar. Es una realidad que el censo de flamencos está aumentando en toda España. No obstante, hay quien asegura que hay una relación directa con el cambio climático.

Ante la amenaza de la simplificación de los ecosistemas, Doñana goza de varios zacallones. La función de un zacallón es la de abastecer de agua al ganado o a la fauna silvestre en los periodos secos. Debido a su carácter permanente, estas charcas artificiales son los únicos medios donde se mantienen las especies con mayores requerimientos de inundación. Es el caso de las plantas acuáticas de Potamogeton, algunas de ellas restringidas exclusivamente a zacallones.

Así, se les ha otorgado el papel de mantener la diversidad del sistema mientras no se solucionen los graves problemas que conllevan los descensos del acuífero. En estos enclaves subsisten la colmilleja (Cobitis palúdica) y la boga del Guadiana (Chondrostoma wilkommii), entre otros. También conviven diferentes comunidades de peces y especies exóticas, como el cangrejo americano. Este crustáceo no soporta el periodo de desecación estival, pero puede mantener pequeños núcleos poblacionales cuando coloniza zacallones.

“Desde este punto de vista, los zacallones ejercen un efecto negativo sobre el sistema de lagunas, permitiendo la permanencia de especies invasoras, y constituyendo pequeños focos de dispersión desde donde pueden colonizar otras lagunas en épocas de inundación”, detalla María J. Cruz en su informe Effects of an introduced crayfish, Procamburus clarkii, on the distribution of south western Ibereian amphibians in their breeding hábitats de 2006.

Dicho esto, aunque estos enclaves ayuden a la supervivencia de la biodiversidad, lo verdaderamente importante es conseguir el mantenimiento del acuífero para que los humedales sigan existiendo.

Tal y como hemos comentado, las emisiones de CO2 de efecto invernadero en la atmósfera provocan una intensificación de las temperaturas. Si la temperatura crece, los polos del Ártico comienzan a derretirse y, con ello, sube el nivel del mar. Y no solo se queda ahí: “La fusión del hielo y el aumento de la temperatura de los océanos son en sí mismo un problema, pero ambos en conjunto, desencadenan otros procesos también problemáticos. Por un lado, reflejan menos radiación hacia el espacio exterior, pues la nieve y el hielo actúan como un espejo (albedo). Por lo tanto, mayor radiación queda acumulada en el balance del planeta. Por otro lado, provocan el aumento del nivel del mar” se lee en el informe de EQUO de 2015 sobre cambio climático escrito por el geógrafo Jonathan García.

La elevación del nivel del mar provoca, a su vez, mayor salinidad en las aguas de Doñana. Este hecho lo corrobora Ecologistas en Acción, quienes declaran que el Espacio Natural y Nacional perderá 10.000 de las 40.000 hectáreas de marismas debido al cambio climático y que, “además de los problemas sobre Doñana como la inundación de humedales por el ascenso del nivel del mar, intrusión salina, simplificación de ecosistemas y pérdida de biodiversidad, el cambio climático afectará al sector de la pesca por la acidificación del ecosistema, que perjudica de manera considerable a la reproducción de las especies presentes en el estuario del río Guadalquivir’ . Otro dato más es el que aporta el informe Doñana y Cambio Climático: Propuestas para la mitigación de los efectos de enero de 2006 por WWF/ADENA. En este se expone cómo el Golfo de Cádiz estima una subida en torno a 0,5 m, afectando alrededor de 10 km de costa de Doñana y unos 100 km2 de marisma.

Doñana, entre dos aguas

El simulador de la NASA o la web ‘Surging Seas’ permiten la opción de recrear las proyecciones estimadas en cualquier punto topográfico del mundo. Como se puede apreciar en la foto superior, el futuro pinta muy mal en Doñana, ya que, con tan solo una subida de 1,5m – 2ms, gran parte de esta se inundaría.

Por si fuera poco, a nivel global se espera una subida de un metro para finales de siglo. Si bien hay quien supera los cálculos del IPCC, como es el caso de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y la revista científica PNAS, publicación oficial de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Ambos sitúan una subida de dos metros en los mejores casos. Según National Geographic, “el nivel de los océanos seguirá aumentando y es imposible predecir a qué velocidad con exactitud. Si la capa de hielo de Groenlandia se derritiera por completo, el nivel del mar subiría 7 metros y ciudades como Londres, Venecia o Los Ángeles quedarían sumergidas”.

Pero todo laberinto tiene una salida. Y el cambio climático también la tiene. Digamos que la salida se compone de una puerta y esta de unas bisagras que le permiten abrirse o cerrarse de una manera más o menos dura. Todo depende de lo engrasadas que estén o no. Es decir, la puerta va a existir, y es el aceite lo que le aportará facilidad o no. Somos el aceite que este planeta necesita. La puerta ya está casi cerrada, es indestructible, el planeta está contaminado como nunca antes se había visto, pero tenemos la opción, por ahora, de que se pueda disfrutar de lo que hay al otro lado del laberinto en mayor o menor medida. El proceso de mitigación y adaptación ya está aquí, no hay vuelta atrás, no podemos arrancar la puerta, pero sí engrasarla para hacerla más accesible.

Los años 2009-2011 aportaron a nivel climático tanta agua que se produjo una inundación en todas las lagunas de Doñana. Sin embargo, tal y como recoge la bióloga Carmen Díaz-Paniagua en El Sistema de Lagunas Temporales de Doñana, una red de hábitats acuáticos singulares, la laguna permanente de Santa Olalla estaba muy seca comparada con 2004, año devastador en cuanto a precipitaciones (sufrió el mínimo histórico). Y si una laguna permanente se seca, todo el parque permanece en sequía, puesto que Doñana es, casi en su totalidad, un conjunto de lagunas temporales. “A partir del siguiente ciclo hidrológico (2011-2012) se observa la incapacidad actual del sistema para mantenerse en periodos relativamente secos. En 2012 observamos que no se produjo la inundación de la mayoría de las lagunas temporales del sistema”, asegura Díaz-Paniagua. En la actualidad, sigue ocurriendo.

Doñana, entre dos aguas

Y es que esta investigadora de la Estación Biológica de Doñana atribuye la falta de agua, sobre todo, a otros agentes. Afirma que la desaparición de El Charco del Toro en 2004 y la Laguna del Brezo en 1976 tienen mucho que ver con Matalascañas (fundada en 1970). Estos humedales se encontraban a menos de un kilómetro de la urbanización costera, la cual no llega a los mil habitantes, pero que supera fácilmente los 100.000 en verano. Por si fuera poco, la apertura de un campo de golf, ahora abandonado, coincide con el descenso drástico del agua existente en las dos lagunas próximas (se abrió en el 2000, año en el que los niveles piezométricos detectaron una bajada del acuífero traducible a una sequía descomunal). Pero, ¿qué se hace ante la legalidad? Para WWF, la clave está en la educación ambiental y el ahorro. “Lo que no es normal es que se utilicen aspersores a toda pastilla en épocas en las que Doñana está totalmente seca”, manifiesta Juanjo Carmona, coordinador de WWF para Doñana. Además, alerta del mito de convertir agua salada en agua dulce, puesto que se utiliza con frecuencia como argumento. La realidad es que por cada litro de agua dulce que la depuradora genere vienen de vuelta 1 .5l de residuos.

Doñana es agua, y si el agua no sabemos mantenerla, se pierde. Extraerle agua es extraerle vida. Y un flamenco no vive sin H2O. Tampoco nosotros. Ni un alimoche, ni el lince ibérico, ni el águila imperial, ni los anfibios. Y mucho menos los caballitos del diablo, especie que ha sufrido un drástico descenso y que, a nivel peninsular, solo pueden (o podían) verse en Andalucía y el municipio ciudadrealeño de Alcázar de San Juan.

El Parque Nacional y Natural de Doñana se sitúa entre las ciudades de Huelva-Sevilla-Cádiz y su terreno es permeable. Un acuífero de 2.409 km, formado a su vez por otros tantos acuíferos, construye sus bajos. Es el ahora famoso acuífero 27 o, técnicamente, 05.51 “Almonte Marismas”. La importancia de este reside en la gran función medioambiental que desempeña. Da hogar a toda clase de vertebrados e invertebrados y es el lugar de las aves acuáticas de toda Europa por excelencia. Abastece a cada una de las familias de El Rocío y Matalascañas, con sus respectivos visitantes. Riega gran parte de las tierras de su alrededor y, aun así, le pedimos más.

A Doñana el agua le llega de forma natural y superficial. Con lluvias, de forma directa, y con los aportes de las cuencas del Guadalquivir y Tinto-Odiel-Piedras. Así, reflexionará el lector, ambos niveles, el freático y el superficial deberían estar cargados de agua. Pues no, porque la sustraen mediante pozos, legales e ilegales, incluyendo algunas concesiones por parte de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG). Díaz-Paniagua asegura que los descensos de más de 20m que hoy padece el acuífero se deben a los campos de cultivos de la Zona Norte.

La Corona Norte es el nombre que se le ha dado a las zonas de regadíos ubicadas al norte de la corona forestal de Doñana. Incluye los cinco municipios más cercanos a Doñana (Moguer, Lucena, Bonares, Rociana y Almonte) que se dedican al cultivo de frutos rojos y se valen del agua subterránea del acuífero 27.

Un informe realizado por expertos para la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir en 2017 determina lo siguiente a partir del estudio hidrográfico de Doñana: Zona Norte. Sector con un estado piezométrico peor que el que puede esperarse de la pluviometría del año hidrológico (2016). Con grandes extracciones para el regadío, en ocasiones elevadas en relación con los recursos disponibles, lo que provoca un desequilibrio.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994, Espacio Natural en 1989 y perteneciente a la Red Natura 2000, ni siquiera deberíamos preocuparnos por su protección. Pues bien, ha tenido que venir Bruselas y denunciar a España ante el Tribunal de Justicia de la UE para que la Guardia Civil empiece a clausurar pozos: “España no está tomando las medidas adecuadas para evitar el deterioro de los hábitats protegidos en estos humedales”, resume. Ya lo venía advirtiendo el Seprona, WWF , Club Doñana y Amigos de Doñana, pero los políticos españoles, a veces, juegan con la ley a cuenta de todos.

Doñana, entre dos aguas

En el contexto de un Plan de Ordenación del Territorio del ámbito de Doñana (POTAD) el gobierno ve necesario un plan más específico. Así, se elabora el “Plan Especial de Ordenación de las zonas de regadíos ubicadas al norte de la corona forestal de Doñana” con el supuesto objetivo de desarrollo sostenible de este entorno.

Como un crío al que riñen y tiene que aceptar la situación a regañadientes, se han clausurado a primeros de agosto casi 77 pozos de la parte de Lucena. Algunos lo califican de insuficiente y mal implementado. Según Juanjo Carmona, se calculan más de un millar de pozos y 3.000 hectáreas de cultivos fuera de la legalidad, además de numerosas balsas. Esto ha sentado muy mal a los agricultores, los cuales ya se habían estado manifestando y haciendo guardias durante semanas con el objetivo de que no se produjera ni un solo cierre. Ante dicha situación, preparan una manifestación “en la que de verdad se les escuche”, y eso que muchos de ellos ya acumulan denuncias.

Con lemas como “agricultores y no delincuentes”, los regantes exigen a la CHG soluciones rápidas. “Confederación, la administración, nunca ha querido regularizar nuestros pozos. Mi criterio es que los ecologistas no quieren que haya agricultura en el entorno de Doñana” declara Cristóbal Picón, presidente de la Plataforma en Defensa de los Regadíos del Condado. Además, ve compatible la preservación del Parque Natural con que las familias de los regantes puedan vivir de ello.

Doñana, entre dos aguas

Entre tanto, los regantes de Lucena esperan 1,6 hectómetros cúbicos procedentes de la demarcación del Tinto-Odiel-Piedras a la del Guadalquivir. También permanecen receptivos a más agua superficial. En octubre de 2018, PP-PSOE-Ciudadanos aprobaron por ley un trasvase de 19’99 hm3 a la Corona Norte. A día de hoy, solo 4’99 hm3 han sido recibidos. Los agricultores, que lo ven escaso, irán dejando de utilizar los pozos a medida que vaya llegando el aporte hídrico, o eso dicen. Mientras tanto, aprovechan el agua que les suministra la comunidad de regantes del Condado de Huelva. A fin de cuentas, Moguer ya se abastece de aporte superficial y los pozos parecen abandonados, además de sellados.

Pero, ¿por qué no llega el trasvase a los otros municipios? Porque no se han aprobado los presupuestos para ello. La cuenca del Tinto-Odiel-Piedras es la encargada de ofrecer su agua y el Túnel de San Silvestre es el medio. La cuestión aquí es la infraestructura. Se necesita hacer un desdoble de este. Tal y como explica Pedro Tejada, presidente de la Comunidad de Regantes del Chanza y el Piedras, “el túnel tiene 50 años de antigüedad y no puede seguir soportando este ritmo de uso”.

Doñana, entre dos aguas

Pepe Cantó, Doctor en Geología y ex responsable técnico de la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, propone la Presa de Alcolea y el canal de Trigueros como otra solución. La defiende como la Presa Ecológica y sus obras llevan paralizadas desde 2007. Además, realizó un estudio de cómo el drenaje ácido de las minas sería limpiado y se evitaría que miles de toneladas de metales contaminaran el océano.

Picón afirma que en la provincia de Huelva hay agua de sobra, que es muy rica y que si por la ciudad fuera tendrían para regar sus plantaciones 5 o 6 años sin que siquiera lloviera. Eso explica que, a la misma vez que piden recursos, más fincas de cultivos del ‘oro rojo’ surjan. Mientras, J. Carmona advierte del peligro que esto supone y predice una ‘burbuja del regadío’. Asegura que “al igual que las inmobiliarias, se va a ir mucha gente a la ruina. No se puede seguir aumentando el regadío en la cuenca del Guadalquivir, el agua tiene que llegar al estuario para también favorecer la pesca, algo totalmente necesario”.

Doñana, entre dos aguas

Como si de una guerra de intereses se tratase, agricultores y entidades medio ambientales se tiran la piedra unos a otros. Que si los ‘hippies’ quieren eliminar la agricultura y no lo pueden permitir, que si 500 agricultores y 30.000 puestos de trabajo están en juego y que si se perdería un beneficio de mil millones de euros para Huelva. Al otro lado, el bando de los que priman el planeta y la supervivencia del hombre con visión de futuro, parten de que el trasvase es el fracaso del sistema y alarman de la falta de recursos del acuífero, cosa que lleva a que “no estemos preparados para una sequía como la de 1995”.

Para el año que se avecina, habrá un 20% menos de recursos, según informa la CHG. “Si los agricultores, encima, quieren que se incremente un 15% la presión sobre los recursos, los números no salen”, advierte el portavoz de WWF.

Durante unas jornadas en el mes de junio, el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, dijo que los trasvases del futuro no eran la solución porque no habrá agua para que se puedan llevar a cabo.

“Huelva tendría soluciones para el tema del agua si tuviera políticos que consiguieran que se invirtiera lo que es razonable”, argumenta Cantó.

Así se encuentra Doñana, medio vacía y entre dos aguas que deberán entenderse por su futura supervivencia. Ante esto y los otros tantos males que la acechan, solo cabe tener esperanzas en el raciocinio humano, que ya es pedir. Y esperemos que nunca nos falten. Ni el agua. Ni Doñana.

Doñana, entre dos aguas


Doñana quiere sobrevivir

Doñana ya sabe de problemas. Se caracteriza por su fortaleza y diversidad, pero todo tiene un límite. Y se está más que excediendo. Desde su fundación, ha experimentado el fuego, la extracción, los vertidos tóxicos e incluso la aridez de sus lagunas más de la cuenta. Doñana ha sentido cómo el ser humano se ha creído, una vez más, dios del universo. Cómo la carbonería de Moguer se vio con el derecho de arrasar con diez mil hectáreas en 2017 que, a día de hoy, siguen en mal estado. Pero qué bonito es ver las copas altas verdes con los troncos quemados. Doñana, constantemente, nos da lecciones de supervivencia. Y lo hace con huellas del Desastre de Aznalcóllar, ese acontecimiento del que ya las entidades ecologistas venían advirtiendo. La empresa sueca Boliden-Apirsa fue la causante de que en 1998 se rompiera una balsa repleta de vertidos tóxicos y se produjera una situación irreparable. Con la mina apunto de reabrise, aún siguen los suelos contaminados. Por si no fuera poco, el factor metereológico tampoco ayuda. Desde el 2011, apenas llueve en Doñana. Para colmo, las reservas que debería haber en el acuífero 27 se las han bebido casi al completo. Matalascañas, El Rocío y los agricultores secan a Doñana, incluso de manera ilegal. Un millar de pozos, la Romería y los cien mil turistas de la zona costera son realidades. Y se atreven a hacerlo con decenas de kilómetros de tuberías cargadas de gas bajo el terreno, sin tan siquiera tener en cuenta que Doñana es zona de terremotos y maremotos. En palabras del geólogo Pepe Cantó, el Golfo de Cádiz y sus costas presentan, desde siempre, un alto riesgo de sismicidad y una consecuente formación de tsunamis. Es un hecho, además, que haya riesgos sísmicos relacionados en la actividad de almacenamiento de gas. Al menos, el Parlamento Europeo ha pedido que se paralicen las extracciones ilegales. El caso es que en Europa no hay dos Doñanas. Empecemos a devolverle todo lo que nos ha regalado.

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Doñana, mes a mes

Septiembre: Es tiempo de cortejo y apareamiento. La naturaleza se inunda de sonidos emitidos por los machos para demostrar su fuerza y se produce la llamada ‘berrea del ciervo’. Pueden verse con más facilidad el jabalí, el lince ibérico y el gamo y las aves comienzan su migración a zonas de África.

Octubre: Comienza, normalmente, la temporada de lluvias. El paisaje se ve alterado por todas las bellotas que caen de los alcornoques y todos los animales que se escondían del calor salen en su búsqueda. Además, los ánsares colonizan Doñana.

Noviembre: La marisma de El Rocío, algo inundada, da paso a las mejores postales. Yeguas, flamencos, espátulas, cigüeñas y ciervos beben de ella. Es tiempo de recolección del arroz, hecho que atrae a cientos de aves, y es más fácil presenciar el búho campestre cazando a últimas horas del día.

Diciembre: Marismas completamente inundadas. Mezcla casi mágica del verde de las praderas y el azul del cielo reflejado en las masas de agua.

Enero: Llega el frío y las primeras golondrinas de vuelta de África. Es el tiempo ideal para ver movimiento en el Parque, a los mamíferos les gusta este tiempo (aunque no al lince, cosa de felinos).

Febrero: Época de cambios y oportuna para ver toda clase de aves invernantes. Empiezan a llegar el alimoche, el milano negro, el águila culebrera y el águila calzada. Es tiempo de que el águila imperial ponga sus huevos.

Marzo: Todos los ecosistemas se juntan para crear una explosión de colores. Las temperaturas suben y las flores empiezan a tomar vida. Mientras, los flamencos pintan las marismas y danzan en su cortejo.

Abril: Muchas de las aves parten hacia África mientras otros animales se ocupan en el crecimiento de sus propias crías.

Mayo: De los mejores meses para visitarla por su gran belleza, aunque mejor si no se coincide en la celebración de la Romería de El Rocío. El proceso de evaporación de marismas ya se va traduciendo en áreas secas.

Junio: La aridez se empieza a notar en todo el paraje. La ganga ibérica aprovecha su tiempo tardío de cortejo. Es el mes de la Saca de las Yeguas, día 26. Así, los almonteños pasean con sus yeguas atravesando las marismas resecas hacia la feria del ganado de Almonte.

Julio: En las marismas son habituales los espejismos, que hacen que parezca inundada en la distancia. Los linces se dejan ver y las temperaturas llegan hasta los 40ºC.

Agosto: Bosques anaranjados, praderas amarillas y ni un alma a la vista. Posiblemente, el peor mes para ver animales.

Doñana, entre dos aguas

¿Qué tiene el agua?

■ Resulta curioso que el 70% de la Tierra y el 70% de nuestro cuerpo sea agua. Puede que también esté relacionado con que se recomiende comer alimentos con un 70% de agua para tener una vida más larga.

■ Es uno de los poquísimos materiales que puede moldearse y permanecer en estado líquido, sólido y gas.

■ Tan solo un 1% de toda el agua existente se considera agua potable, el 96% es agua salada y el 3% restante se encuentra en los polos en forma de hielo (al menos por ahora).

■ Aunque parezca que llueve a menudo y que tenemos total facilidad para usarla cuanto queramos, el agua es limitada y, cada vez, aún más. El planeta se está calentando, la desertización va surgiendo en zonas que antes llenaban ríos y la imposibilidad de poder regar la tierra de los cultivos se está convirtiendo en el principal problema de hambre a nivel mundial.

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Simplificación de ecosistemas

La simplificación de ecosistemas es una consecuencia directa del cambio climático y las extracciones continuas de agua. En Doñana, la biodiversidad es cada vez menos biodiversa.

Se ha descubierto que el cambio climático altera el ciclo de migraciones de las aves, al menos en el humedal más importante de Europa. Debido a las altas temperaturas, la cerceta común ha ido reduciendo su presencia y el ganso ha pospuesto un mes su llegada. Ahora, la cerceta pardilla está en peligro de extinción y otras aves, como el porrón pardo, se pueden considerar localmente extintas.

Seo BirdLife advierte que “toda esta riqueza ornitológica, 300 especies diferentes de aves, está amenazada por el regadío intensivo que extrae sus aguas subterráneas, junto a un rosario de problemas derivados de su gestión, entre los que se encuentran el descontrol poblacional del jabalí y el manejo inadecuado de la ganadería”.

Doñana, entre dos aguas

Una investigación llevada a cabo por esta organización no gubernamental y la Universidad de Dirham vaticinan el traslado de las 430 aves del continente europeo hacia el Ártico, a 550kms.

Entre las aves que dejarán de verse se encuentran el urogallo, la perdiz nival, la alondra ricoti, la perdiz nival, el avefría, el arao común, el búho campestre, el mochuelo boreal, el pico dorsiblanco, el pechiazul, la buscarla pintoja, la curruca balear, el papamoscas cerrojillo y la graja. Entre las 23 especies muy afectadas se encuentran el águila imperial, la avutarda, la cigüeña negra, el alimoche, el milano real y negro o el alcaraván. En la alrga lista de 75 aves afectadas se encuentran el estornino negro o la perdiz roja (Ecologistas en Acción, 2008).

Cuanta más desertificación, menos humedales. Realmente, hay especies que podrían jugar a adaptarse si el cambio fuera más progresivo. Los vegetales, por ejemplo, con raíces más grandes o con menos requerimiento de agua. Los condenados aquí, sobre todo, son los anfibios (ya se ve un drástico descenso de sapos) o determinados insectos.

“Las políticas de adaptación, para disminuir el impacto del cambio climático sobre los humedales andaluces, deben llevarse a cabo tanto desde la oferta (aumentando la cantidad de agua disponible para los ecosistemas acuáticos mediante políticas de ahorro) como desde la demanda (tratando de reorientar la demanda hacia usos de bajo consumo) de agua”, aseguran Álvarez Cobelas et al. en 2007 .

Doñana, entre dos aguas

Sumideros naturales, el remedio que ayuda a la solución

A veces, infravaloramos lo bien fabricado que está nuestro planeta. En otras ocasiones, lo sobrevaloramos y con ello nos damos el derecho a dañarlo cuanto nos conviene. Entre las virtudes que hacen que nuestro entorno nos supere, se encuentran, como hemos visto, los zacallones. A esto se le suma los verdaderos encargados de disminuir el CO2 de la atmósfera: los sumideros naturales de carbono.

La fotosíntesis de las plantas es el principal mecanismo de secuestro de carbono. Estas necesitan del CO2 para su crecimiento. Cuanto más haya en la atmósfera, más crecerán. Por si no fuera poco, intercambian ese gas por oxígeno, el cual nos es necesario para la supervivencia. Pero esto no quiere decir que un sumidero de carbono esté hecho para reducir las emisiones de CO2. En este proceso, el propio sumidero emplea energía (que produce CO2), pero es un mucho menor que la que disminuye en la atmósfera. Los bosques también guardan CO2 en los troncos de sus árboles. Amazonas, Congo e Indonesia guardan los sumideros de carbono más potentes del mundo y los deforestamos continuamente. Esto es una salvajada, puesto que además de quitarnos vida se dispara el CO2 acumulado triplicado.

Doñana, entre dos aguas

“Dejar los combustibles fósiles bajo tierra es la forma más segura de limitar el calentamiento global, pero preservar intactos nuestros bosques para que puedan crecer más es nuestra siguiente mejor solución”, asegura César Terrer, ambientólogo murciano y líder de un estudio de la Universidad de Stanford sobre el potencial de los bosques para ralentizar el cambio climático. Según su informe, los árboles de nuestro planeta solo pueden absorber una fracción de CO2 en la atmósfera y podrán hacerlo hasta 2100. Nuestro futuro depende de que “hagamos una reducción rigurosa de este gas y de la buena conservación de la cubierta vegetal”, según publica la revista científica Nature Climate Change.

Pero no solo los bosques nos hacen la vida más fácil, sino que las grandes masas de agua congelada también lo hacen. Son los llamados sumideros de carbono azul, que guardan todo el metano y CO2 que pueden a través de los océanos y los ecosistemas costeros

El proyecto Blue Natura resume: “A pesar de los beneficios y servicios que ofrecen estos ecosistemas costeros, se encuentran entre los más amenazados de la tierra: se estima que en los últimos años se ha perdido un 67% de los manglares de la tierra, un 35% de las marismas y un 29% de las praderas de fanerógamas marinas”.

Ante ello, debemos protegerlos. Ya han empezado a verse como elementos esenciales para la mitigación del cambio climático por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

El Protocolo de Kyoto sobre Cambio Climático ratificado por España, (que entró en vigor el 16 de febrero de 2005) alude expresamente a la necesidad de proteger y mejorar las masas forestales en consonancia con su función en la lucha contra el calentamiento global (Jurado, 2006).

En Andalucía, en espera de una ley de cambio climático.


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