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Butacas vacías

Hacemos un breve recorrido por los conciertos cancelados en este cuarto mes de cierre de teatros y auditorios en la ciudad

03 jun 2020 / 12:48 h - Actualizado: 03 jun 2020 / 12:06 h.
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No hubo más remedio que sacrificar algunas de las propuestas más jugosas de la temporada concertística y musical, la situación lo requería y lo sigue haciendo hasta que no alcancemos un dominio cierto y plausible de este virus que ha trastornado todas y cada una de nuestras rutinas. Quizás una vuelta a lo de antes no sea en la mayoría de los casos lo más conveniente. Deberíamos haber aprendido algo de este confinamiento y sus consecuencias, a vivir según otros modelos que hagan nuestra existencia más amable y llevadera, y desde luego más sostenible para un planeta que grita socorro continuamente y que quizás se esté defendiendo con estas indeseables pandemias a las que solo nuestra actitud podrá poner fin. Pero también es cierto que entre lo que sí deberíamos recuperar está el contacto directo del público y los artistas, el inmenso placer que proporciona compartir una buena experiencia cultural en colectividad, y para eso es imprescindible que los espacios vayan recuperando su actividad. Algunas plazas como Madrid hacen verdadero alarde de atrevimiento y sin importar haber protagonizado las cifras más lamentables de la enfermedad, anuncian la apertura de su ópera antes que cualquier otra capital en el mundo. Lo harán a principios de julio precisamente con el título que aquí hemos sacrificado hace apenas unos días, La traviata, en versión Willy Decker aún más minimalizada para ahorrar efectivos técnicos y artísticos que pudieran congestionar temerariamente el espacio escénico. En Sevilla, como en otras capitales, somos más cautos y responsables y aun no tenemos fecha de apertura de escenarios ni de presentación de nueva programación, aunque no cabe duda de que tendremos que esperar a septiembre para regresar a nuestros teatros y auditorios. Para todos será tarea difícil y compleja, pero más para los que exigen mayor ayuda privada y cuentan con menos recursos para reemprender el vuelo.

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Propuestas irrenunciables

Algunos espacios ya anuncian nuevas fórmulas de reciclaje mientras esperamos el regreso a lo convencional. Así, Juventudes Musicales, que a lo largo de sus sesenta y cinco años de historia en Sevilla tanto ha hecho por dinamizar la vida cultural, muy especialmente en estos últimos y difíciles años tras la desaparición de su histórico fundador, Julio García Casas, en los que ha tenido que reinventarse y auspiciar diversos y originales proyectos, anunció hace unos días que retoma su actividad precisamente en junio. Será de forma virtual, con los artistas tocando en su sede, el pabellón que tienen en el Parque María Luisa, pero grabados en directo para ser emitidos en su web y en su canal Youtube. Para ello hacen un llamamiento general para aumentar el número de socios, con el fin de atraer también un mayor interés público y ayudas más que merecidas. Toda la información está en su web, así como la programación que para este mes muy pronto pondrán a disposición de la afición. Mientras tanto evocan la anómala situación que a todos los efectos y en todos los campos estamos viviendo, con una fotografía de su singular espacio completamente vacío.

El futuro de La Casa de los Pianistas es ahora mismo una verdadera incógnita, pero no cabe duda de que una iniciativa tan estimulante y enriquecedora como ésta, novedosa y original, que cumple como contenedor para propuestas tan variadas e interesantes a la vez que acerca mucho más y mejor al oyente con el intérprete, merece todas las ayudas y atenciones que tanto desde la iniciativa pública como la privada se le puedan dispensar. En el camino se quedaron los ciclos que pretendían celebrar el doscientos cincuenta aniversario del nacimiento de Beethoven. En junio Bernaldo de Quirós tendría que haber desgranado la famosa Sonata nº 14 Claro de luna, uno de los trabajos más experimentales del compositor y con uno de los andantes de mayor calidad evocativa conocidos. Lo habría hecho acompañado de las sonatas nº 16, precursora de lo que después denominaríamos estilo schubertiano, la nº 24, un trabajo íntimo y delicado que se cuenta entre los favoritos del autor y que rompió un largo período sin componer para el género, y la 31, el penúltimo de este magnífico ciclo, prodigioso en ideas y contrapunto, articulado de forma tan compleja como fluida y aparentemente espontánea. Por su parte Fernando Pascual y Pedro Gavilán tendrían que haber completado el ciclo de sonatas para violín y piano del que tan buen sabor de boca nos dejaron en su primera cita justo antes del confinamiento. La nº 6 la compuso cuando empezó a tener conciencia de su sordera, con inflexiones mozartianas y aires puntualmente operísticos; la nº 9 A Kreutzer, la más célebre del ciclo, fogosa e impulsiva, recupera el movimiento final que Beethoven había diseñado en principio para la nº 6, que sustituyó por un allegretto con variazioni más acorde a su espíritu ligero y desenfadado. La primavera es el sobrenombre con que se conoce la nº 5, que a pesar de su aire alegre y gozoso no renuncia a ese diálogo tormentoso con el Destino que caracteriza a su contemporánea Sinfonía Heroica. Y finalmente la nº 10 retoma las formas antiguas con un espíritu netamente romántico. El tributo de La Casa de los Pianistas a Beethoven alcanzaría a julio con la integral de los tríos con piano a cargo del Trío Iturbi, también con el excelente violinista Fernando Pascual como integrante. Reto para cualquier formación del género, resume el diálogo fluido y el trabajo en equipo, abandonando cualquier tentación de destacar individualmente. El Trío Archiduque, punta del iceberg del ciclo y auténtica joya de la corona, rezuma espíritu revolucionario y visionario. Aunque son oficialmente seis, más uno concebido en principio para clarinete en lugar de violín, se pueden añadir además una serie de variaciones para la misma agrupación, así como un par de tríos de juventud de interés más bien reducido y coyuntural.

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Lo que queda de la ROSS

A falta de conocer cuáles hubieran sido las propuestas de escenarios tan dinámicos y comprometidos como el Espacio Turina o los diferentes auditorios que han proliferado en la ciudad en los últimos años, y al margen de ese concierto de clausura de temporada de la Sinfónica Conjunta centrado en su sección de viento, el mayor sacrificio lo hemos conocido de la mano de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla que deja en el camino algunas de sus propuestas más singulares, y estrenos sevillanos que demandan sin duda un nuevo emplazamiento. Éste es el segundo fin de temporada abortado consecutivamente tras la huelga que protagonizó la insigne formación el año pasado por estas fechas, y que dejó en la estacada a Maxim Emelyanychev con obras de Schumann y Beethoven, además de un Concierto de violín de Mendelssohn a cargo de Julia Igomina, o al propio Axelrod que tenía preparada una versión íntegra del Sueño de una noche de verano del joven compositor de Hamburgo. La página web de la ROSS anuncia la cancelación de sus dos últimos conciertos de cámara en el Espacio Turina y del concierto de abono nº 11, pero nada dice de los tres restantes, si bien es lógico pensar que tampoco se celebrarán. Así dejaremos en el camino una cita íntegramente dedicada a la música de cámara de Nino Rota, famoso por sus bandas sonoras, especialmente las que compuso para Fellini, Visconti, El padrino de Coppola y Romeo y Julieta de Zeffirelli, pero que atesora también un interesante catálogo concertístico en el que destacan piezas para clarinete, como su Sonata con piano y su Trío con violonchelo y piano, ensoñadoras y melancólicas, que aunque no renuncian a un lenguaje ortodoxo y eminentemente tonal, no pueden disimular su influencia de autores contemporáneos y vanguardistas con los que el autor tuvo contacto directo. También se habían programado piezas para flauta y arpa, que quedarán en reserva como las estimulantes páginas concebidas para la última cita de la temporada, como el Divertimento K138 de Mozart, una pieza tan encantadora como inventiva, concebida para cuarteto de cuerdas pero tan afín a la música de cámara como la orquestal. De las seis sonatas a cuatro de Rossini, se habría interpretado el domingo 21 la nº 4, una obra de primera juventud, seductora, impetuosa y llena de virtuosismo. Mendelssohn también habría protagonizado la cita con su innovador Sexteto Op. 110, compuesto para piano y cuerdas con solo quince años y con un espíritu fresco y decididamente weberiano.

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En el apartado estrictamente sinfónico, la ROSS tenía preparado un Concierto para violonchelo de Dvorák a cargo del muy experimentado turinés Enrico Dindo; una pieza que se encuentra entre lo más popular del autor y que combina la melancolía de su periplo en Estados Unidos con la energía de sus raíces nacionalistas. En esa misma cita John Axelrod habría dirigido del mismo autor la Obertura Otelo, que junto a En la naturaleza y Carnaval forma un tríptico a la vida y el amor, en este caso destruido por los celos como apunta su intenso dramatismo proclive a la violencia, y su Sinfonía nº 8, de espíritu alegre y sosegado, que recrea la admiración poética del hombre por la naturaleza. En el programa de los días 18 y 19 se habrían dado cita dos poemas sinfónicos de Liszt, Los preludios, el más conocido, de grandes contrastes y mucho protagonismo de metales y percusión, que ilustra la vida como preludio de la muerte, y Los ideales, mucho más largo pero apenas transitado, concebido como sinfonía en tres movimientos reducidos a uno, según los poemas filosóficos de Schiller, de ardiente expresividad. El comprometido pianista italiano Andrea Lucchesini, estrecho colaborador de Luciano Berio y aclamado intérprete de Chopin, había interpretado de éste sus dos conciertos para piano, el primero más irrelevante pero anticipador de su genio, y el segundo más inspirado y de acentos más dramáticos. El penúltimo concierto de temporada estaría protagonizado por el guitarrista nacido catalán pero sevillano de adopción José María Gallardo del Rey, con quien Axelrod parece tener una gran afinidad. Con él estrenó en 2016 su Concierto de Sevilla y en 2018 Sefarad de Samuel Zyman, además de interpretar otras piezas suyas y ajenas. Esta vez tocaba estrenar El samurái de Sevilla según la novela de John J. Healey, un doble concierto para guitarra y koto japonés, del que Fuyuki Enokido es su más ferviente y reconocida embajadora. Axelrod debía además dirigir una selección de Imágenes de Debussy, aunque a juzgar por los apenas cuarenta minutos que duran en total sus cinco piezas integrantes, más bien creemos que tocaba interpretarla íntegra, aunque permitan interpretarse por separado, evoquen visiones distintas y provoquen sensaciones diferentes. Gigas, Iberia, dividida a su vez en tres secciones, y Rondas de primavera fueron concebidas para piano y acabaron convirtiéndose en las últimas composiciones orquestales de Debussy. En el último concierto de esta accidentada temporada, la soprano norteamericana Marisol Montalvo habría estrenado La bella Susona del joven compositor sevillano Alberto Carretero, en un concierto bajo la dirección del titular Axelrod compartido con la Sinfonía nº 6 Patética de Chaikovski, cuyo programa fundamentalmente subjetivo acabaría interpretándose como un grito desesperado o réquiem premonitorio del fatal desenlace de una vida y un entorno tan incomprensivo e intolerante que le condujo irremediablemente al suicidio.


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