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Don Antonio Machado no se rinde

Varios especialistas en la obra del poeta sevillano se reúnen en el Espacio Santa Clara para analizar su fortaleza y su vigencia en el IV Aula Juan de Mairena

23 nov 2016 / 22:39 h - Actualizado: 24 nov 2016 / 07:00 h.
"Literatura","Antonio Machado"
  • Antonio Machado, junto con su hermano Manuel, en la famosa imagen del fotógrafo Alfonso. /El Correo
    Antonio Machado, junto con su hermano Manuel, en la famosa imagen del fotógrafo Alfonso. /El Correo
  • Don Antonio Machado no se rinde
  • Don Antonio Machado no se rinde
  • Participantes de la primera sesión del IV Aula Juan de Mairena. / El Correo
    Participantes de la primera sesión del IV Aula Juan de Mairena. / El Correo

Decir que Antonio Machado sigue vivo en Sevilla tal vez sea pecar de optimismo, dados los bajos índices de lectura de la población y la condición cada vez más marginal de la poesía en el maremágnum de las redes sociales y los medios de comunicación. Sin embargo, cada vez que se invoca el nombre del poeta en la ciudad que lo vio nacer, son muchos los que acuden para saber más de él, rendirle tributo o simplemente evocar su figura y su obra. Y eso es lo que ha ocurrido durante los dos últimos días en el Espacio Santa Clara, donde se ha celebrado el IV Aula Juan de Mairena bajo el rubro Palabra, memoria y pensamiento en Antonio Machado y por iniciativa de la Red de Ciudades Machadianas.

Una de los invitados de la primera jornada, la poeta cordobesa Concha García, quiso explicar el modo en que Machado «ha influido en mi obra y en mi vida» desde muy temprano. «Cuando recuerdo algún poema suyo, sobre todo de Soledades, o de Campos de Castilla, me trae aromas de campo, percibo escenas de infancia y también sensación de pérdida. Me retrotrae a otros tiempos, porque aquellos versos de recuerdo infantil son tan míos como de quien los escribió: Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de lluvia tras los cristales...»

40 años después de haberlo leído por primera vez, «sin que ningún profesor me lo aconsejara, solo porque lo sentí próximo», García recuerda cómo «el poema entraba en mí, me decía aquello que no sabía que sabía. Desde entonces, su obra ha sido una constante seducción para mí. El poema refleja el tiempo vital del poeta en su propia vibración: la preocupación de Machado es aprehender el tiempo, y es anterior a su descubrimiento de Bergson. Machado es el poeta del tiempo circular», añade la autora.

Su colega granadino, José Carlos Rosales, se centró en la noción de paisaje en la obra del sevillano. «Con machado el paisaje se convierte en espejo: sentimental, geográfico, también moral. Pero somos algo más que lo que refleja el espejo», comentó. «Hay que detenerse y pensar, como hacía Machado, aunque sea ante paisajes transitorios y veloces, como los que veía Machado desde el tren: Yo, para todo viaje/ siempre sobre la madera/ de mi vagón de tercera,/ voy ligero de equipaje./ Si es de noche, porque no/ acostumbro a dormir yo,/ y de día, por mirar/ los arbolitos pasar,/ yo nunca duermo en el tren,/ y, sin embargo, voy bien».

«El paisaje de Machado es también social, colectivo. Aspira a tener una vigencia universal, como los universales del sentimiento a los que se refirió en más de una ocasión: Seguía su cuento/ la fuente serena;/ borraba la historia,/ contaba la pena», recitó el escritor.

También del paisaje disertó la profesora Fanny Rubio, resaltando sobre todo «lo que Machado es capaz de hacer en su mente creadora, generando símbolos nuevos», y el modo en que «el concepto de recuerdo se va sustituyendo en su obra por el de sueño: Cuando recordar no pueda,/ ¿dónde mi recuerdo irá?/ Una cosa es el recuerdo/ y la otra recordar», dijo.

Carmen Camacho señaló para empezar que, aunque el Machado poeta es colosal, «yo con el Mairena muero, con su prosa periodística, su coqueteo filosófico... Y hubiera muerto de gusto de haber tenido de maestro a un personaje así. De Mairena, en mis años de instituto aprendí que, siendo de pueblo y provincia, podía pensar con dignidad y rebatir sin complejos frente lo capitalino», dijo.

A continuación defendió el carácter literario de su obra, destacando tres elementos de ella: «Su transgénero literario, su carácter fronterizo, difícilmente clasificable, y su influencia en mí de obras como esta en mi creación literaria. Esta hibridación lo hace absolutamente moderno, frente a quienes ven en la obra algo anticuado, por el personaje que recrea», dijo. «En segundo lugar, su planteamiento ante la sociedad y la cultura. Decía que mucho de lo que machado pone en boca de mairena podría ser catalogado en la actualidad de radical –apuntaba el estrecho margen que hay ahora entre lo radical, y lo políticamente correcto, si no se es una cosa se es la otra–. Y su oficio de la duda, frente a tanto convencido como se lee hoy en prensa, y que desde la duda su postura fuera comprometida. Esa actitud enseña y revela mucho a quien tratamos de escribir en prensa desdeñando posturas encastilladas ni estabuladas».

Por último, para Camacho destaca «lo aforístico, que también me interesa obviamente por mi indagación y escritura en este terreno», y concluyó declarando «mi fascinación a la máquina de trovar».

Finalmente, el crítico Ignacio Echevarría, quiso establecer un paralelismo entre Machado y Rafael Sánchez Ferlosio, de cuya ensayística completa se halla al cargo. Según Echevarría, el poeta «evoluciona hacia la prosa a partir de los años 30, sobre todo a través de su alter ego Juan de Mairena, como un intento de acercar a la gente común el florido y campanudo lenguaje español».

Un programa que «quedaría colapsado por la guerra civil y la muerte de Machado en 1936», pero que será retomado «por la generación de Ferlosio, la del medio siglo, la de los niños de la guerra, en busca de una expresión no alambicada», dijo.

Una búsqueda que llevará al autor de Alfanhuí y de El Jarama «a construir una prosa poderosísima» que toma elementos del barroco administrativo de los siglos XVI y XVII y «siguiendo a Mairena, profundiza en que la verdad no es la verdad».

Sobre la cuestión de la verdad incidió también el sevillano Enrique Baltanás, biógrafo de Machado, partiendo de un drama titulado El tercer mundo. «No hablo del tercer mundo en el sentido actual, ya que esa expresión no existía en tiempos de Machado, sino de su amor imposible con Pilar Valderrama, autora de ese drama, que era no el de la realidad corriente y y cotidiana, para ellos negada, ni el completamente imaginario e irreal de los sueños, sin asidero en tierra, sino aquel territorio donde se vive de verdad lo que no se puede vivir de verdad».


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