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El particular reencuentro de El Niño de Elche

El Niño de Elche estrenó ayer la temporada del Teatro Lope de Vega, con una propuesta de cante flamenco a caballo entre la performance y el recital.

24 sep 2022 / 16:18 h - Actualizado: 24 sep 2022 / 16:21 h.
"Críticas","Bienal de Flamenco","Teatro Lope de Vega","Juego"
  • Foto de Claudia Ruiz Caro.
    Foto de Claudia Ruiz Caro.

Tras las duras críticas que recibió en la pasada Bienal de Flamenco de Sevilla, El Niño de Elche volvió ayer al festival con una propuesta de cante, a caballo entre la performance y el recital, que fiel al estilo que ha ido definiendo a lo largo de su vida artística, lleva al flamenco al terreno del juego y la provocación.

El germen de la obra es la celebración de sus bodas de plata con el flamenco, para lo que se propone un singular reencuentro con el repertorio flamenco que él fue asumiendo como propio hasta que, en un momento dado de su carrera, dado su espíritu inconformista y crítico decidió romper sus esquemas para dirigirse al lenguaje de la performance. Así, se propone aquí hundir su memoria corporal en sus inicios y dejarse llevar por el cante flamenco que él se propuso conocer y dominar siendo todavía un niño. De ahí que denomine a los palos que conforman el programa como posesiones, y de ahí también que se haya decantado por un recital de corte sobrio, con tan solo la voz y el acompañamiento de las sonantas de Mariano Campallo y Raúl Cantizano, dos magníficos guitarristas que ayer ejercieron a la perfección su función de acompañantes.

Pero, tal vez porque El Niño de Elche tiene asumida, como reconoció abiertamente, su condición de ex-flamenco, lo cierto es que el juego de las posesiones acabó invirtiéndose, y más que dejarse poseer fue él quien poseyó a los cantes para, una vez más, dirigirlos a su actual estilo, donde prima la exploración y la provocación, aunque un tanto contenida en esta ocasión. El resultado es un repertorio de cantes con hermosas letras tradicionales a los que progresivamente va incorporando una serie de sonidos guturales y parones del ritmo, tímidos en las soleares, vivos en las verdiales y la farruca (lo mejor de la noche) y rotundos en las alegrías -cuyo acompañamiento de guitarra es fundamentalmente percutivo- y en la seguiriya, que acaba en unos alaridos que provocan más rechazo que emoción. Aunque lo peor es que, en general, la obra adolece de un tono más bien monótono que no acaba de cumplir ni con el espíritu contestatario de la performance ni con la fuerza ritual del flamenco.

Obra: Memorial

Lugar: Teatro Lope de Vega, 23 de septiembre/Bienal de Flamenco

Voz principal: El Niño de Elche

Guitarras flamencas: Mariano Campallo y Raúl Cantizano

Calificación: **


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