Es un placer disfrutar como público de un espectáculo tan completo y fascinante como el propuesto por Pedro Halffter en la recta final de su trabajo como director artístico del coliseo sevillano. De la misma forma que es un placer como crítico poder abrazar con orgullo y satisfacción el imponente trabajo realizado por el músico madrileño, a quien admiramos por estos más de diez años de propuestas a veces atrevidas y provocadoras, otras adaptadas a las necesidades coyunturales casi siempre conservadoras, e igualmente constatar el talento como director escénico de Rafael Rodríguez Villalobos, a quien conocemos desde mucho antes que decidiera embarcarse en esta locura que tanto reconocimiento le está reportando. Juntos han hecho posible una velada de ópera sensacional e irrepetible, que dejará huella en la memoria del teatro y de quienes se acerquen a él en cualquiera de las tres funciones programadas. Maridar a Hitler y Mussolini en una única cita operística es por sí solo digno de aplauso, y no comprendemos cómo en su estreno en Madrid hace dos años no se optó por esta inteligente solución que sí podemos disfrutar en Sevilla. Allí El emperador vino precedido de la pieza de Ullman según el poema de Rainer Maria Rilke Canto de amor y muerte del corneta Christoph Rilke, recitado por Blanca Portillo. Aquí por la ópera de cámara El dictador de Ernst Krenek, otro de los compositores que sufrió el ostracismo nazi y cuya música también recibió la etiqueta de degenerada. Hitler y Mussolini en la misma palestra, juzgados por la Historia y sometidos al ridículo y al análisis de esa memoria histórica siempre necesaria para que las barbaridades del ser humano no se repitan, empresa harto difícil dada nuestra naturaleza depredadora.

Recuerdo el escaso entusiasmo que nos suscitó la escenografía y dirección artística de Villalobos en su Serva padrona firmada junto a la Barroca de Sevilla que pudimos ver hace unos años en el Lope de Vega. Nada que ver con la frescura y la gracia destiladas en este Dictador colorista y desenfadado, en el que no falta la provocación (ese protagonista caracterizado como Trump podría dar mucho que hablar al otro lado del Atlántico si trasciende). Ridículo y mujeriego, tanto Mussolini como el rubiales que ocupa el despacho oval en la actualidad, su anécdota vodevilesca es llevada a escena con ritmo y vivacidad, desde esa balsa y el náufrago que recuerdan la tragedia de inmigrantes y refugiados, hasta esas televisiones que emiten dibujos animados para goce del estrambótico demonio, todo muy al estilo pop que hemos visto en el director canadiense Robert Carsen (Candide) y que entronca perfectamente con la música entre sarcástica e irónica de Krenek, muy bien planteada y paladeada por la batuta de Halffter, muy atento a no ensombrecer la potente labor del cuarteto vocal protagonista, destacando el esfuerzo y la figura de Nicola Beller Carbonne, y el considerable trabajo de expresión corporal desplegado por los cuatro, otro logro del joven director escénico.

Tras un estremecedor interludio musical del propio Halffter, In Memoriam Anne Frank, que sirvió para contextualizar la atmósfera en la que Ullman y Kien crearon El emperador de la Atlántida en la ciudad de Terezin, ese falso edén que los nazis idearon para recluir a quienes no se atrevían a aniquilar de momento, subieron a escena los extraordinarios decorados y vestuario ideados por Ricardo Sánchez Cuerda y Jesús Ruiz, esta vez sin la presencia de su árbitro, Gustavio Tambascio, fallecido a principios de este año, y ante cuya figura se descubrió un muy atento y humilde Villalobos portando su retrato en los aplausos finales. Pero el buen teatro, el ritmo, la elegancia y la portentosa puesta en escena que pudimos disfrutar anoche se debe al acertado trabajo del joven sevillano, sometiendo a todos sus personajes a un extraordinario trabajo expresivo, continuas acrobacias y sugerentes movimientos, bailarinas y espadachines incluidos, que embellecieron cada rincón del riquísimo escenario. Halffter presenta aquí su particular versión de una ópera que se concibió en un campo de concentración para apenas trece instrumentos y con aires cabareteros, y que su estreno en 1975 confirió ya un aire más posromántico y modernista, suntuoso y lírico, ahora potenciado con mayor orquesta, más pasajes instrumentales y más énfasis en la melancolía y la pesadumbre, por el sensacional trabajo de un melómano incansable como es Pedro Halffter, que imprimió a su batuta de una fuerza expresiva y evocadora extraordinarias, a lo que por supuesto la orquesta se plegó con su habitual profesionalidad. Gartner fue el dictador ideal, de voz autoritaria bien proyectada y una presencia turbadora, especialmente emotivo en sus melódicos manifiestos central y final. Lagares brilló por encima de cualquier otro trabajo suyo previo en este mismo escenario, con un trabajo infatigable y una voz perfectamente colocada. Labourdette fue en la primera obra grotesca y en la segunda conmovedora, especialmente en ese bellísimo cuarteto final que por sí solo justifica la consideración de este título como un hito operístico del siglo XX, por encima de las circunstancias coyunturales de su gestación. El bajo serbio Sava Vemic prestó su imponente físico y atronadora voz a una muerte de imborrable recuerdo, ratificando el acierto de casting de este doble programa en el que también destacaron las voces y las presencias de Vicente Ombuena y José Luis Sola, el primero como soldado en ambas óperas y Sola como Arlequín en la segunda. Tras el entusiasmo que nos ha generado esta propuesta lírica, sólo cabe esperar que quien sustituya a Halffter no haga decaer su magnífico trabajo y el recuerdo que en muchos de nosotros y nosotras deja su imborrable huella.

EL DICTADOR / EL EMPERADOR DE LA ATLÁNTIDA ****

Der Diktator, de Ernst Krenek. Rafael Rodríguez Villalobos, dirección de escena. Der Kaiser von Atlantis, de Viktor Ullman. Versión de Pedro Halffter Caro. Libreto de Peter Kien. Gustavo Tambascio, dirección de escena. Rafael Rodríguez Villalobos,reposición de la puesta en escena.Pedro Halffter Caro, dirección musical. Ricardo Sánchez Cuerda, escenografía. Jesús Ruiz, vestuario. Felipe Ramos, iluminación. Nuria Castejón, coreografía. Sebastián Alfie, diseño de video.Con Martin Gartner, Natalia Labourdette, Vicente Ombuena Valls, Nicola Beller Carbone, David Lagares, Sava Vemic, José Luis Sola y las bailarinas Cristina Arias y Marta Otazu. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Producción del Teatro de la Maestranza (El dictador) en coproducción con el Teatro Real de Madrid y el Palau de les Arts de Valencia (El emperador de la Atlántida). Teatro de la Maestranza, viernes 30 de noviembre de 2018