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Mujeres inspiradoras que bailan en defensa de la diferencia

Laila White y Lola López participan en el Certamen Coreográfico de Escena Mobile, un festival que apuesta por la diversidad aunando arte y discapacidad

29 abr 2018 / 22:02 h - Actualizado: 29 abr 2018 / 22:02 h.
"Teatro","Danza"
  • Laila White posa junto a su exposición fotográfica ‘Miradas’. / El Correo
    Laila White posa junto a su exposición fotográfica ‘Miradas’. / El Correo

Laila sonríe mientras pasea acompañada de algunos amigos por la sala Antiquarium, de cuyas cristaleras cuelgan estos días algunos de sus autorretratos. La artista, que nació en un campo de refugiados al norte de África, fue separada de su hermana gemela a los ocho años. Su exposición Miradas refleja el dolor por su temprana y prolongada ausencia. «Descubrí la fotografía como el mejor lenguaje para expresar lo que sentía y no podía transmitir con palabras», explica emocionada.

Ahora vive en Girona, donde recibe formación artística continuada. Laila contrajo poliomielitis a los siete meses de edad, pero siempre supo que su sueño era dedicarse a la danza. «Hace cinco años empecé a bailar profesionalmente, pero hace muchos que bailaba en mi cuarto a oscuras», confiesa. El baile le transmitía paz y tranquilidad, «es un sentimiento que no se puede explicar». Cuando hace tres años conoció la iniciativa Escena Mobile, no dudó en formar parte de ella presentando una pieza. Su fuerte sensibilidad fue un buen aliado para quedar en el segundo puesto del Certamen Coreográfico el pasado año, junto a una compañía inglesa. Este año ha defendido la pieza dirigida por Antonio Quiles Don’t Call Me by Your Name, sobre los sobrenombres con los que se ha bautizado la artista.

«Cuando no encuentro movimiento, uso la imagen artística para expresarme», explica Laila. La bailarina, que no tuvo la oportunidad de estudiar la carrera de danza, reivindica la capacidad de esfuerzo y la constancia como valores por los que apreciar a las personas, «tenemos que luchar por lo que amamos, no importa tu condición, sino las ganas que tengas de expresar lo que llevas dentro».

Laila apuesta por la expresión visual y corporal como un espejo en el que reflejar su verdad y su mundo interior. «Para mí la danza es pura libertad, el movimiento de un cuerpo en el escenario es verdad y libertad».

Lola López se mudó de Barcelona a Sevilla hace tan solo cinco meses. El flamenco la sedujo hace un año durante el Festival de Jerez, al que acudió a recibir un taller de flamenco inclusivo. Allí conoció a su actual compañero de escenario, el bailaor y coreógrafo José Galán, con quien ahora presenta como compañía invitada una pieza al Certamen Coreográfico.

Lola cambió las aulas del colegio en las que daba clase en Barcelona por las tablas de la compañía de Galán, quien la invitó a trabajar con él en septiembre del pasado año. Hasta entonces, la bailarina había recibido durante cinco años formación de danza contemporánea. «Cuando me lo propuso no me lo pensé, me gustaba la ciudad, su ambiente y quería seguir aprendiendo el flamenco», asegura la catalana.

«Me hubiera gustado estudiar arte dramático, pero debido a la poca movilidad que tengo me fue imposible». Lola supo desde pequeña que su pasión era la danza, pero la poliomielitis frenó su sueño. No fue hasta «los cuarenta y muchos» cuando un desconocido por la calle le informó sobre una agrupación de danza inclusiva dirigida por Jordi Cortés. Entonces descubrió eso que había «estado esperando durante cuarenta años».

Cuando bajó del escenario tras su primera actuación en octubre de 2017 en el festival Ríos sin Fronteras, en el centro TNT Atalaya, pensó «he sido capaz de hacer eso». Con mucha modestia, Lola asegura que se enfrentaba a un gran reto para ella, del que al principio no se creía capaz. Ahora ha presentado la pieza Sueños reales de cuerpos posibles en el certamen de Escena Mobile y tiene previsto girar con ella alrededor de España durante los próximos meses.

«Para mí la danza es liberación, es ese sueño que durante tanto tiempo quise conseguir», confiesa la artista, que asegura sentirse muy ágil al bailar sobre su silla. «Siento que mi cuerpo cobra vida real y que no existe limitación de movilidad», continúa. Lola habla de la danza como una herramienta que le permite elevar su cuerpo y su espíritu. Y, en concreto, sobre el flamenco, destaca que «es un baile muy racial y sentido, algo que sale de dentro».


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