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La Gazapera

Un paso más para el flamenco

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
11 oct 2019 / 10:51 h - Actualizado: 12 oct 2019 / 11:43 h.
  • Un tablao flamenco. / Álvaro Cabrera
    Un tablao flamenco. / Álvaro Cabrera

Que los tablaos sevillanos se unan para ofrecer mejor flamenco a los consumidores y acabar con ofertas chabacanas, está muy bien y lo hemos elogiado. Ahora lo que hace falta es que estos y otros tablaos inviertan parte de sus beneficios en ofrecer más todavía a quienes vienen a disfrutar del flamenco en nuestra ciudad, una de las cunas del arte jondo, como sabemos, aunque al Ayuntamiento le importe un pimiento y solo le interese que vengan muchos guiris a la Bienal para llenar hoteles y restaurantes. Dándoles, a veces, gato por liebre. A lo mejor, desde estos tablaos podrían financiar algún proyecto interesante para que quienes viene de fuera y quieren saber cosas sobre la Sevilla flamenca que los propios sevillanos han ido olvidando, lo sepan de una manera documentada y fiable.

Hace ya unos años organicé la primera visita guiada a la Sevilla flamenca del XIX y fue todo un éxito. Fueron dos días de teórica, con proyección de documentos: carteles, fotografías, cancioneros, partituras y planos, y tres de visitas guiadas a los barrios flamencos de la ciudad: la Alameda, Triana, el Barrio de la Feria, San Juan de la Palma, la Macarena, etc. Unas quince personas pudieron ver, con toda clase de explicaciones, dónde estaban las academias boleras de Miguel y Manuel de la Barrera, los cafés de El Burrero y Silverio, la academia del Maestro Otero o la de Realito. Dónde nacieron Silverio, Manuela Perea o La Campanera o dónde tuvieron sus fraguas los Caganchos y los Pelaos de Triana. Fue una experiencia extraordinaria de la que todos aprendimos mucho.

Hemos denunciado muchas veces el hecho de que Sevilla no tenga un gran centro de documentación del flamenco, siendo una ciudad con tanta historia. ¿Dónde se documentan los investigadores que vienen de fuera para escribir algún libro o reportaje? No solo los de fuera, sino los de la tierra. ¿Tanto le costaría al Ayuntamiento hacer ese centro de documentación? También lo podrían hacer en la Diputación Provincial, en vez de gastarse el dinero en festivales malos o dándoles conferencias a los afines al partido. ¿Qué tal un acuerdo entre el Ayuntamiento y la Diputación, para dividir costes? Ellos podrían embarcar en el proyecto a algunas empresas privadas.

Si no se echan para adelante, que metan el hombro los tablaos. Tampoco les costaría tanto, no estamos hablando de millones de euros. No es una cuestión de dinero, sino de querer hacerlo. Y en Sevilla no lo han querido hacer nunca, esa es la verdad. Y han dado lugar a que importantes archivos de coleccionistas se hayan ido fuera de Sevilla, algunos a Japón. Cuando reaccionen, si es que lo hacen, no quedará nada para crear el centro de documentación o un museo donde se puedan ver todos los recuerdos de una Sevilla flamenca a la que han dejado morir.

A veces, cuando vengo a Sevilla para pasear o almorzar me doy un paseo por la Alameda de Hércules y lloro de emoción en plena calle pensando en los que fue esta ciudad en el último tercio del siglo XIX. Todos los grandes genios del cante, el toque y el baile vivían en esa época en la Alameda, el Barrio de la Feria, San Juan de la Palma o San Román. Estaban las mejores academias y los más famosos cafés cantantes. La ciudad era un hervidero de arte y aficionados, y el que venía de fuera se lo pasaba tan bien que a veces se quedaba aquí y no regresaba a su tierra. Ya sé que es imposible que Sevilla vuelva a ser lo que fue, en asuntos del flamenco, pero al menos lo podríamos intentar.


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