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Desarrollan un ecosistema digital para reducir los costes del cultivo

Investigadores, Asaja y los GDR Campiña-Los Alcores y Gran Vega de Sevilla impulsan un sistema de ayuda para dotar a las cooperativas de este servicio

13 may 2018 / 18:06 h - Actualizado: 13 may 2018 / 22:00 h.
  • Investigadores utilizan sensores inalámbricos para determinar las necesidades hídricas y nutritivas de la cosecha. / El Correo
    Investigadores utilizan sensores inalámbricos para determinar las necesidades hídricas y nutritivas de la cosecha. / El Correo
  • Una de las tecnologías empleadas es el drone.
    Una de las tecnologías empleadas es el drone.

El futuro marco normativo de la Política Agraria Común –la archiconocida PAC– pone sobre la mesa un nuevo reto para el campo: la digitalización de todas las fases del cultivo. En este punto, investigadores de la Universidad de Sevilla y de la Universidad de Córdoba, la patronal Asaja y los Grupos de Desarrollo Rural (GDR) Campiña-Los Alcores y Gran Vega de Sevilla –con la colaboración de Corporación Tecnológica de Andalucía (CTA)– se han sentado a la mesa para plantear un proyecto que ayude a digitalizar la labor del agricultor desde las cooperativas y a su vez abaratar costes y mejorar la sostenibilidad del cultivo. La iniciativa la han bautizado como Smart AG Services.

El proyecto le da una vuelta de tuerca a la tan popular agricultura de precisión. Más allá de desarrollar herramientas o aplicaciones tecnológicas que ayuden a ahorrar al agricultor, busca crear un sistema para dotar a las cooperativas, con el objetivo de que éstas las ofrezcan como un servicio a sus asociados. De esta forma, «se rompe la barrera de la inversión» con la que se encuentra el productor, explica Manuel Pérez-Ruiz, profesor en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica de la Hispalense y miembro del grupo operativo. El consorcio ha recibido 266.000 euros de la Asociación Europea de la Innovación, a través de la Consejería de Agricultura, para llevar a cabo esta investigación a lo largo de los dos próximos años.

El objetivo es impulsar un sistema de ayuda a la decisión –cuyo software están ultimando– que comunicará al agricultor, a través de sus dispositivos tecnológicos, la planificación idónea de riego y fertilización, así como posibles riesgos o anomalías en el cultivo. Para ello se valdrán de la última tecnología como sensores inalámbricos, imágenes multiespectrales, drones, big data o algoritmos de inteligencia artificial. Herramientas que permitirán recabar datos sobre el estado hídrico y nutricional del cultivo para generar recomendaciones sobre la gestión del riego y el uso de fertilizantes que se enviarán cada pocos días al agricultor.

De las primeras pruebas realizadas en la universidad se desprende que el productor puede ahorrar en torno a un 15 por ciento en agua y fertilizantes. Además, reducirá la contaminación y disminuirá hasta en un 20 por ciento los costes.

Los primeros ensayos de este sistema se aplicarán a tres tipos de cultivos. Dos de ellos de riego, concretamente de maíz y cítricos; y un tercero, de secano (en una parcela de trigo ubicada en Carmona). En el caso de las parcelas de regadío, que están ubicadas en Écija y Lora del Río, «se van a sensorizar para conocer al detalle la humedad y la temperatura, con tal de hacer un manejo más óptimo de los cultivos», explica Pérez-Ruiz.

En opinión del investigador, no sólo permitirá un ahorro en agua e insumos, sino que le dará un valor añadido al cultivo. «En la naranja, por ejemplo, el Reino Unido le da mucha importancia a que la huella hídrica sea la menor posible», matiza Pérez-Ruiz.

En este momento, los investigadores están poniendo a punto el software y el hardware. Según sus previsiones, en junio podrán llevarlo a las explotaciones donde, junto a las cooperativas, validarán los primeros resultados.

Origen

El germen de este consorcio está en otro proyecto, el de Cooperación para la Implantación de Técnicas de Agricultura de Precisión (CAPE). El fin de esta iniciativa era dar a conocer las bondades de la agricultura de precisión a los productores. «El sector desconocía las ventajas y el objetivo era divulgar que a través de estas herramientas se reducía la fatiga de los agricultores, ofrecía mayores rendimientos al campo y disminuía los costes», explica Pérez-Ruiz, también vinculado a este proyecto. Los ensayos se realizaron sobre trigo y consiguieron aminorar el gasto de semillas, conbustibles, fertilizantes o herbicidas –hasta en un 20 por ciento del consumo habitual– gracias a la aplicación de las nuevas tecnologías.

A raíz de los buenos resultados obtenidos, cooperativas y redes empresariales se empezaron a interesar por el trabajo de estos investigadores. Se sembraban así los inicios de Smart AG Services.


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