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El talento tecnológico que se cocina en casa

mucho ingenio y formación en Andalucía, pero un gran déficit en comunicar las ideas y ‘venderse’

05 oct 2016 / 07:00 h - Actualizado: 05 oct 2016 / 10:00 h.
  • Grupo de jóvenes de la última hornada del programa Minerva. A la derecha, emprendedores en El Cubo./ El Correo
    Grupo de jóvenes de la última hornada del programa Minerva. A la derecha, emprendedores en El Cubo./ El Correo
  • El talento tecnológico que se cocina en casa

Es el emprendimiento que más interés suscita por su potencial y su proyección, porque es capaz de generar un valor añadido y crear soluciones innovadoras. Son jóvenes con un perfil técnico especializado que ven en la tecnología el medio perfecto para desarrollar su proyecto. Y sus iniciativas son conocidas como startups.

Andalucía es la segunda comunidad más emprendedora de España, un boom que viene alimentado también por el empeño de las administraciones públicas, que alientan medidas para fomentarlo. Es el caso de la Junta con los programas Minerva y El Cubo, impulsados de la mano de Vodafone y Telefónica, respectivamente. En la comunidad están radicadas el 11 por ciento de las startups nacionales.

En esta tierra, dicen los expertos, hay mucho talento y muy buenas ideas pero también existe un talón de Aquiles relevante. Y es que no sabemos vendernos. «Puede ser por el tipo de educación o el bagaje cultural, pero se necesita poner el acento en mejorar las habilidades comerciales», incide Gracia Catalina Piñero, directora del Programa Minerva.

De hecho, tal es el déficit que este programa, que lanzó el pasado mes de febrero la cuarta convocatoria para ideas tecnológicas innovadoras, decidió ampliar la línea de trabajo que mantenía y que se centraba puramente en el negocio para dar cabida a dos líneas más: comunicación y comercial. Para ello, gestores de cuentas importantes de Vodafone les asesoran sobre cómo hacerse la cartera de clientes, cómo acercarse a ellos, etc.

Otro problema se detecta en los problemas a la hora de exponer públicamente la idea. «Es ponerles un micro delante y entra el pánico, con una cámara se ponen a tartamudear» y eso que la idea que presentan es muy interesante. «No solo importa el contenido, sino también el continente. No puedes hablar con un inversor mirando al suelo o con la mano metida en el bolsillo», incide.

En este punto recuerda que cuando cursó quinto curso de Telecomunicaciones en Bélgica, los exámenes eran orales. «Escribías la respuesta y luego la defendías». Es una forma de preparar al alumno para perder sí o sí el miedo escénico.

Aboga además por coordinar toda la avalancha de iniciativas de apoyo al emprendimiento que están dispersas. De este modo, echa en falta que algún organismo regule estos esfuerzos porque puede ocurrir que haya muchas opciones para atender la fase más temprana de un proyecto de empresa, pero escaseen los que apoyan una etapa de consolidación.

Asimismo, el networking flaquea. A su juicio, debería extenderse una filosofía muy implantada en Estados Unidos, «los retos de innovación abierta». ¿En qué consiste? Se trata de que una entidad tiene una necesidad y hace de ella un desafío que lanza en abierto y a la que aportan soluciones todo tipo de empresas, desde las grandes a las pequeñas. «Sería una estupenda medida para hacer desde las grandes empresas», explica la directora de Minerva, que provocaría una generación importante de soluciones innovadoras.

El sector del emprendimiento tecnológico vive un momento dulce. Existe una abundante oferta de capital dispuesto a invertir en startups, la tecnología que se explora abre nuevos nichos de mercado y se crean sectores antes no explorados, y las administraciones públicas son conscientes de su valor y el apoyo a las mismas es decidido, reseña.

Sigue faltando más presencia de mujeres en esta actividad, apenas alcanza el 17 por ciento en Minerva, porque el perfil lo copan hombres, en torno a los 35 años, con experiencia laboral –no es su primera empresa o han trabajado previamente por cuenta ajena– y cuentan con formación universitaria o profesional. Otro dato: en torno al 80 por ciento son ingenieros.

Por otro lado, el espacio de crowdworking El Cubo en la Cartuja es uno de los centros para ayudar a incubar a las startups y forma parte de un programa más amplio de colaboración público-privada entre la Junta y Telefónica, Andalucía Open Future. Es un espacio abierto, sin barreras físicas en los que trabajar y compartir ideas, encontrar sinergias entre ellas y recibir respuesta de empresas de referencia. 68 iniciativas han pasado por los tres espacios, El Cubo de Sevilla, La Farola de Málaga y El Cable de Almería. En la actualidad hay 20 proyectos centrados en internet de las cosas, ciudades inteligentes, turismo y hostelería, e-health y la industria 4.0.


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