Alertan de que los microplásticos afectan a la calidad del esperma y la fertilidad

Los ‘pellets’, derramados por un barco frente a la costa norte de Portugal, contienen poliéster y, aunque, en un primer momento no pasan el torrente sanguíneo, sí van a alterar la microbiota.

20 ene 2024 / 09:34 h - Actualizado: 20 ene 2024 / 09:38 h.
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Los microplásticos tienen efectos dañinos en la fertilidad, disminuyen la testosterona, afectan al recuento y calidad de los espermatozoides y todo ello genera embriones menos evolutivos que se mueren y pueden dar lugar a abortos espontáneos.

Así lo constata en una entrevista con EFE la ginecóloga especializada en Medicina Reproductiva de Alta Complejidad, Juana Crespo, al hilo de la mareas de ‘pellets’ plásticos en Galicia, hecho que, en su opinión, servirá para dar visibilidad a los problemas de reproducción y del recuento espermático que en los últimos 20 años ha descendido de manera «brutal».

Esta experta precisa que «los disruptores endocrinos como ftalatos, bisfenol A y poliéster están presentes en los microplásticos y son sustancias químicas capaces de alterar el equilibrio hormonal y el funcionamiento reproductivo».

Respecto a los ‘pellets’, Crespo recuerda que «están sueltos por todo el Atlántico, y cuando los peces se los comen porque son unas bolitas pequeñas y brillantes, cambia su microbiota y sus huevos llevan ya microplásticos, y esa cadena de deterioro sigue de manera continua hasta nosotros».

Los ‘pellets’, derramados por un barco frente a la costa norte de Portugal, contienen poliéster y, aunque, en un primer momento no pasan el torrente sanguíneo, sí van a alterar la microbiota.

Auguran recuento espermático cero en el año 2045

Según esta experta y exjefa de la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Universitario Doctor Peset de Valencia, hace cincuenta años, en 1973, lo normal era tener de media 101 millones de espermatozoides por mililitro de semen; en 2011 la cifra cayó a 47 millones y, en la actualidad, roza los 15. La cantidad que se considera óptima para la función reproductiva no debe bajar de 20 millones.

Estas cifras están avaladas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por sendos estudios como el de la profesora Shanna Swan, investigadora de la Escuela Icahn de Medicina de Mount Sinai en Nueva York, que sostiene que estos resultados son especialmente obvios en países desarrollados de América del Norte, Europa y Australia.

Según Crespo, de seguir esta tendencia a la baja, «en 2045, el recuento espermático será cero», opinión que comparte la profesora Swan en su libro «Cuenta atrás».

A juicio de esta doctora especializada en fertilidad de alta complejidad, si no se hace nada desde el punto de vista medioambiental, la mayoría de las parejas podrían necesitar reproducción asistida en veinte años.

Crespo considera que, como sociedad, lo que hay que hacer es eliminar los plásticos por lo que suponen de dañino para la salud, y en este caso en la fertilidad de hombres y mujeres llegando incluso a provocar endometriosis (crecimiento de tejido endometrial fuera del útero).

Explica que esta patología puede estar asociado a la exposición a dioxinas, que son sustancias cancerígenas que contaminan el medio ambiente y permanecen en las aguas y el subsuelo.

Mujeres expuestas a bisfenoles tienen menos fecundidad

Crespo también insiste en que las mujeres expuestas a bisfenol A, una sustancia química industrial que se utiliza para fabricar plásticos y resinas, tienen más problemas de fertilidad, menor tasa de fecundación y peor calidad ovular.

Mientras los ftalatos, un compuesto utilizado por las industrias plastificadoras, están relacionados con un recuento bajo de espermatozoides.

De seguir así, advierte, el aparato reproductor masculino bajará a un nivel que puede quedar a cero.

Reconoce estas experta que los ‘pellets’ no tienen bisfenoles, que son los más estudiados en el impacto ambiental, pero sí poliester, que se vincula a alteraciones hormonales.

Esta ginecóloga, que ha fundado el Equipo Juana Crespo, donde ejerce como directora médica, admite que el deterioro de estas sustancias no se aprecia en el corto plazo (cinco años) pero sí a medio y largo, donde los resultados sobre la esfera reproductiva serán palpables.

Insiste en la necesidad de eliminar las sustancias sintéticas, que consiguen que cada vez haya más enfermedades inmunes «y se vaya hacia una sociedad más estéril» por lo que una solución drástica que aconseja es comenzar a congelar óvulos y espermatozoides a partir de los 20 años, si se quiere asegurar la salud reproductiva en el futuro.

Se trataría, dice, de tener «el mejor material posible» y con el menor contacto con disruptores endocrinos, tóxicos ambientales, alimentarios, tabaco o drogas: «donde mejor están los óvulos es en un ambiente de cuidado como la NASA, en una nevera donde nada afecte a su calidad evolutiva».