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La aventura del misterio

Juguetes encantados, juguetes malditos

En muchas ocasiones el misterio está donde menos lo esperamos o menos suponemos que puede estar. Por ello lo que les quiero narrar me llamó poderosamente la atención -como diría mi buen amigo Lorenzo Fernández Bueno- y motivó una investigación particularmente intensa e interesante.

11 oct 2020 / 04:45 h - Actualizado: 10 oct 2020 / 16:47 h.
"La aventura del misterio"
  • Juguetes encantados, juguetes malditos

Manuel Velázquez es uno de esos apasionados del misterio que, en sus ratos libres, gustar de salir a pasear con la familia y adentrarse en lugares sobre los que se dice que están encantados -presuntamente- o que están abandonados y a él les llama la atención para entrar y ver si hay algo destacable -dentro de lo paranormal- en su interior.

En una de esas visitas, mientras circulaba con su vehículo por una vieja carretera, vio un caseron grande con apariencia de estar abandonado, ello le animó a entrar con su mujer y su hija. Estuvo haciendo fotografías y grabando sonidos a modo de tratar de captar psicofonías. Cuando ya se iban a ir su hija le llamó: “Me indicó una “cosa” que se veía sobresalir de una ventana y nos acercamos a ver. Al entrar vimos una casa de muñecas preciosa que estaba muy degradada pero que en mi cabeza, como restaurador, sabía que podía quedar genial. Así que la cogimos y nos la llevamos para hacerle una restauración y ya veríamos si la vendía o nos la quedábamos”.

“Al llevar a casa me la llevé al estudio y la dejé allí. Es lo que hago con las cosas que restauro, precisa de una limpieza inicial y tras evaluar pues se debe lijar con cuidado y comenzar a resanar el mismo y luego, si lo precisa proceder a pintar con imprimación y demás. Allí se quedó” recordaba. Pero pronto vendrían las sorpresas: “Mi mujer me solía llamar diciéndome que me había dejado las luces del estudio encendidas cuando yo siempre las suelo apagar, había días que me aseguraba de haberlas apagado y, aun así, aparecían encendidas. Bueno, le di la importancia justa pero a la semana o diez días mi hija me llama y me dice “Papa... ¿Para qué has dejado la casita en mi cuarto?¿Para que juegue?” y ni yo ni si madre habíamos movido la casa y la niña menos aún por qué es más grande que ella e incómoda de llevar. Eso nos pasó cuatro veces”.

Nuevos sustos

“Era curioso por qué mi perro pasaba junto a la casa y metía el rabo; el gato ni se acercaba, daba un rodeo, era muy curioso. Aunque lo peor fue una noche que comenzamos a escuchar risitas y pisadas, pensamos que era la niña, fui a ver y ella estaba dormida pero mi estudio estaba encendido y la casa como movida. Me quedé asombrado. Apagué la luz y cerré le puerta pero media hora después volvió a abrirse y encenderse la luz y los sonidos audibles perfectamente, mi mujer estaba aterrada” nos relata vivamente impresionado.

No tardó mucho tiempo en tener un nuevo susto. Apenas un par de días después decoró varias habitaciones con diminutos muebles a escala, al anochecer se escucharon nuevos ruidos “fui al estudio y me encontré los mueblecitos reventados, ni mi perro, ni el gato, ni nadie de la casa hizo eso. Me puse muy nervioso”.

El momento que decide tomar una decisión drástica fue cuando su hija rompe a llorar una noche: “Despertamos por el llanto de la niña, al ir a su habitación nos dijo que unos enanos le habían pellizcado las piernas y le había dolido, le miramos las piernas y tenía marcas. Le pregunte que donde estaban y ella me dijo que vivían en la casa... Mi mujer me dijo que “ya era suficiente” que me deshiciera de ella y, en verdad, desde que nos llevamos esa casa pasaban cosas muy raras que no le deseo a nadie. Así que opté por llevármela al jardín y meterle fuego, vivo en una parcela así que no hubo problemas” sentencia.

Desde ese día no se volvieron a repetir esos fenómenos y es que, a veces, nos encontramos con hechos tan extraños que se relacionan con objetos aparentemente abandonados que, realmente, pueden estar malditos. Nunca debemos tomar nada que esté en un lugar abandonado, nada está abandonado, todo pertenece a un propietario que puede ser de esta vida o de la otra.

El terror de ‘su muñeca encantada’

La “reciente” desaparición de la muñeca Annabelle del Museo Warren en Estados Unidos ha despertado el interés de muchas personas por este tipo de juguetes y objetos malditos o, cuando menos, sobre los que pesa algún tipo de maleficio.

Creer o no creer en este tipo de cuestiones es ya algo que corresponde a cada persona responder en función de esas mismas creencias o experiencias, quizás uno duda siempre de este tipo de fenómenos hasta que este te “toca” directamente, en ese momento la concepción del mismo cambia.

Es lo sucedido a una familia gaditana que tuvo el infortunio de vivir un fenómeno realmente aterrador y que, desde luego, pone los pelos de punta a todo aquel que se lo escuchó a su protagonista.

Nuestra testigo se llama Rosa, ama de casa y madre de dos niñas. Ella vive en una localidad en el interior de la provincia de Cádiz y con motivo del verano decidieron alquilar una casa en la cosa y pasar unos días, como viene siendo habitual, de descanso y asueto en la playa. Como otros años se decantan por Conil, un lugar que le trae particulares buenos recuerdos de su infancia y donde “ha pasado muy buenos momentos”.

Así alquilaron una casa en las afueras de esta localidad a muy buen precio y con piscina, podrían disfrutar de la playa y, cuando no tuvieran ganas “quedarnos en la casa y darnos allí un remojón” como nos narraba Rosa y su marido Óscar.

Cuando llegaron a la casa y se instalaron dieron una habitación a sus dos hijas y otra en la que se quedaron ellos. Al abrir el armario para colocar la ropa de las niñas de cara a la quincena que debían pasar encontraron a una muñeca de rubios cabellos y con un vestido blanco que emocionó a ambas: “Mamá... ¿Nos la podemos quedar? Por fi” dijeron y “yo, acepté, era una muñeca que, junto con las que llevaban, pues estarían entretenidas”.

La maldición de “Rubita”

“La primera noche pasó y la segunda las niñas se quejaban que en su habitación escuchaban un gruñido y les daba miedo. Óscar pensó que podía haber un bicho o algo y miró, pero no encontró nada. A eso de las 4 de la mañana las niñas llegaron gritando a la habitación y contaron algo muy extraño. Nos dijeron: “Mami, mami, Rubita -que así la llamaban- se ha subido en la cama y nos ha dicho que juguemos con ella, maldita sea“. Te puedes imaginar mi cara, su padre y yo nos echamos a reír pensando en la típica excusa que suele ponerse, por peregrina que sea, para colarse en la cama. Les dijimos que se acostaran que Rubita ya se había dormido” narraba Rosa.

Aquella noche pasó pero nuevamente iban a tener problemas: “Al día siguiente no quisimos ir a la playa, estaba agotada de ordenar cosas y había algo de levante, nos quedamos en la piscina. Mientras hacía de comer veía, por la ventana, a las niñas jugar y al padre con ellas. A estas me siento un pinchazo muy fuerte en la pierna, pegué un salto y al darme la vuelta y mirarme la pierna me encontré a Rubita detrás mía sentada. Pensé que las niñas la habían dejado allí y, pasado el susto, la entré en su habitación. Seguí haciendo la comido y nuevamente un pinchazo en la pierna y allí la muñeca. Me puse histérica y llamé a mi marido que, viéndome la cara, no quiso ni rechistar. Me dijo que la dejarían fuera, simplemente. Ni él ni yo creemos en estas cosas pero esta vez es que nos ha pasado”.

“Nos olvidamos de la muñeca, fuimos por la tarde a la playa y por la noche a comer algo al pueblo, entramos y cerramos la casa, las niñas se quedaron dormidas pronto y nosotros vimos la tele un poco. Sobre la 1 de la mañana sentimos un ruido en la cocina, estaba todo cerrado y fue Óscar a ver qué pasaba. Se encontró una silla tirada y la muñeca sentada en el sofá. Entró y me dijo: “¿Tú has entrado la muñeca en la casa?”, le dije que no. Se calló, salió fuera y dejó a la muñeca sentada en la mesa de la piscina. Al rato, a los 20 minutos, un nuevo ruido, fue a ver, la muñeca estaba dentro sentada en el sofá. Fue el momento en el que no aguantó más y cogió a la muñeca, la metió en una bolsa de basura, fue a 300 metros a los contenedores y la tiró. Desde ese momento ya no hemos tenido más problemas pero la impresión, el susto, nos lo quedamos dentro” finalizaba Rosa.

No quisieron hacer ninguna gestión de a quién pertenecía la muñeca ni nada, nadie la reclamó en esos días y prefirieron usar la vía rápida para deshacerse de ella. Es un ejemplo de objeto maldito, un juguete, una muñeca, que en si interior tiene algo más que trapo o plástico, puede que la esencia de lo paranormal.


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