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Amigos del camino

Un monolito de tres metros y medio despide en Sevilla a los peregrinos que van a Compostela. Es el miliario de Triana, epílogo a los cientos de marcas y señales que, inadvertidas para la mayoría de la gente, indican el Camino de Santiago por las calles de Sevilla. Foto: Antonio Acedo.

el 15 sep 2009 / 19:44 h.

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Un monolito de tres metros y medio despide en Sevilla a los peregrinos que van a Compostela. Es el miliario de Triana, epílogo a los cientos de marcas y señales que, inadvertidas para la mayoría de la gente, indican el Camino de Santiago por las calles de Sevilla.

También es el punto donde la urbe se despide del caminante y, a la vez, el balcón desde el que la antiquísima ruta mozárabe de la Vía de la Plata se asoma a los restantes mil kilómetros que aún quedan para llegar al destino. El destino, dicen los miembros de la Asociación Sevillana de Amigos del Camino de Santiago, es uno mismo. Con todo lo que eso tiene de aventurado, de gozoso, de estremecedor en su caso, de purgante, de cansino o de divertido. Allá cada cual con su yo interior.

Ante ese curioso tótem cristiano posan para la cámara cuatro de los alrededor de cien miembros de la entidad, encabezados por Juan Ramos, su presidente. Junto a él, José María Maldonado, Salvador Herrador y Antonio Miranda explican que toda Sevilla está llena de balizas que trazan el itinerario desde la Catedral: por un lado, las lápidas e inscripciones en el pavimento (en el Patrocinio, por ejemplo, o a la entrada del Puente de Triana, junto al puesto de calentitos); por otro, azulejos con la vieira en García de Vinuesa, Jimios, Gamazo, Reyes Católicos, Altozano y Castilla.

Y sobre todo, la marca más sutil, más auténtica y emocionalmente más valiosa: los miles de flechas amarillas pintadas por doquier en las farolas, las señales de tráfico, los buzones, por mano de los propios peregrinos. No se ven hasta que uno repara en su existencia, momento a partir del cual se hacen sencillamente imponentes. De un vistazo aparecen cuatro o seis de ellas. Están especialmente ideadas para no ser vistas con prisas.

Cuenta el secretario Miranda que ésa es la señal oficial del Camino de Santiago. Su origen se remonta a los años setenta, cuando un cura gallego de la parroquia de Cebeiro pidió ayuda a la Diputación para que le diese algo con que señalizar la senda a Compostela. Lo que le dieron fueron los botes que habían sobrado de la pintura amarilla de los desvíos provisionales y las señales de obras. Desde entonces se ha estandarizado su uso, ha sido reconocida por el Consejo de Europa y está por todas partes, en todos los caminos de la peregrinación a Santiago.

El tramo sevillano de esa Vía de la Plata consta de cuatro etapas: Sevilla-Guillena (22,2 kms.), Guillena-Castilblanco de los Arroyos (19 kms.), Castilblanco de los Arroyos-Almadén de la Plata (29 kms.) y, la más hermosa de todas según ellos, Almadén de la Plata-El Real de la Jara (16,6 kms. llenos de bosques y arroyuelos). Para este sábado, la Asociación organiza la etapa Monesterio-Fuente de Cantos. Aún puede apuntarse.

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