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El paroxismo de los mundos

Cuando en 1938 Orson Wells emitió por radio la versión de La Guerra de los mundos de su tocayo H.G. Wells miles de personas fueron presas del pánico en Nueva York; ahora es como si estuviéramos escuchando una narración de alturas terroríficas parecidas pero...

el 15 sep 2009 / 22:12 h.

Cuando en 1938 Orson Wells emitió por radio la versión de La Guerra de los mundos de su tocayo H.G. Wells miles de personas fueron presas del pánico en Nueva York; ahora es como si estuviéramos escuchando una narración de alturas terroríficas parecidas pero por capítulos. Parece como si hubiera una Guerra de los medios -una guerra clientelista- por atraer telespectadores, oyentes o lectores a costa de los datos más espeluznantes. Las armas son las estadísticas, a menudo no tan neutrales, y los resultados un paroxismo social. Como si se tratara de bombas, los estallidos se producen por simpatía y las explosiones gordas se mezclan con las chicas creando un efecto multiplicador y una desazón colectiva.

Un efecto palmario lo encontramos en la percepción del Metro. Si la crisis, tanto la real como la psicológica, no nos martilleara a todas horas, el retraso en la apertura del tren metropolitano sería una noticia más entre otras muchas; en medio de los datos del paro y de cierres de empresas, la intranquilidad de algunos munícipes añade un punto más a la excitación: las obras con el dinero del Gobierno comenzarán en abril; es necesario que esté abierto para entonces; cada día que pasa sin la fecha fija de su inauguración se suma así a la columna de pérdidas sin que caigamos en la cuenta de que nunca lo hemos tenido.

Alguien, sosegadamente, tendría que transmitir un necesario sosiego. La crisis es real, gigantesca, aparentemente interminable; pero no se va a salir de ella con desorden general. Yo no sé qué pasó en Nueva York pero, en medio de aquel pánico, tuvo que haber policías de tráfico que pararan los coches y comenzaran a convencer a la gente de que debía tranquilizarse. Aquí también necesitamos un guardia que ordene el paroxismo de este tráfico mental caótico y alocado.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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